Presidente Zombie

10 de enero del 2013

Está bien, los zombies se originaron en Haití, no en Cuba, pero para efectos de una columna igual vienen del Caribe. Y por lo que acaba de determinar el Tribunal Supremo de Justicia en Venezuela, el futuro de ese país vecino, con las reservas petroleras más grandes del mundo -por encima de Arabia Saudita según […]

Está bien, los zombies se originaron en Haití, no en Cuba, pero para efectos de una columna igual vienen del Caribe. Y por lo que acaba de determinar el Tribunal Supremo de Justicia en Venezuela, el futuro de ese país vecino, con las reservas petroleras más grandes del mundo -por encima de Arabia Saudita según la OPEP-, es que habrá un Chávez conectado a una máquina, mantenido con vida químicamente en La Habana para efectos de continuidad del régimen, o quizás muerto, sin que el resto del mundo -pero sobre todo los venezolanos- se enteren.

Es evidente que desde hace tiempo quienes mandan en Venezuela son los hermanos Castro, pero los acontecimientos de estos días han terminado de confirmarlo. Mientras tengan a Chávez en La Habana y puedan controlar la información que el mundo recibe de cuál es el verdadero estado del Comandante Zombie, en efecto gobiernan Venezuela. Ni Maduro, ni Cabello pudieron hacerse al control del régimen y la hegemonía que el oficialismo ejerce sobre el TSJ hace que el ‘status quo’ esté garantizado, más allá de las pataletas de la oposición ante la OEA.

Quizás el desenlace de todo esto, es que Cuba y Venezuela terminen unidas, como un solo país, algo que se ha venido cocinando a fuego lento durante los 14 años de régimen chavista. Al fin y al cabo Cuba ha demostrado a lo largo de su historia ser incapaz de tener independencia económica, no solamente la Cuba de Castro, sino todas las anteriores: ha necesitado siempre estar pegada de España, de Estados Unidos, de la Unión Soviética y ahora de Venezuela, para subsistir. Tal vez sea el momento de que cubanos y venezolanos asuman su realidad y se conviertan en una sola Nación, bajo la tutela de un Presidente momificado, que al igual que las momias de los emperadores Incas en Cuzco, se mantenían en el poder después de su muerte.  En el caso de las momias Incas, quienes gobernaban en realidad eran las “coyas”, mujeres de la familia imperial que supuestamente interpretaban los designios del rey fallecido desde el más allá. En este caso, las coyas visten uniforme verde y llevan el apellido Castro. Y no están muy lejos de ser momias ellos mismos.

Si lo anterior suena cómico, es porque lo es. El régimen cubano ha sido capaz de ocultar la realidad sobre la salud de Chávez con tal hermetismo, que no hay duda que podrá ocultar su muerte. Habrá Chávez para rato, tan bien embalsamado que parezca vivo, si es necesario. Es un asunto de vida o muerte para el régimen cubano, y nada debe sorprendernos.

La pregunta para Colombia es ¿qué significa no solamente para el futuro del proceso de paz, sino para nuestra superviviencia como país, el que el control de Cuba sobre Venezuela -por usar un término de moda- salga del closet? La respuesta es más compleja de lo que parece. En primer lugar, ni los gobiernos de Estados Unidos ni de Colombia están dispuestos a hacer nada con respecto al rompimiento de las reglas de juego de la democracia que se está dando en Venezuela. Se pasaron la Constitución por la galleta, como se dice en términos coloquiales, y nadie dijo mu. Gobernarán los hermanos Castro por cinco años más, hasta que el TSJ y la Asamblea Nacional determinen que tampoco hay necesidad de hacer nuevas elecciones, que se trata de una simple formalidad, como lo es en Cuba. O de pronto hay un milagro y el Comandante Zombie regresa de entre los muertos. O no logran ocultar su muerte, en cuyo caso el remplazo ya está Maduro y ejerciendo bajo órdenes de La Habana.  Con estos escenarios, no veo a las FARC haciendo concesión alguna ni entregando las armas antes de noviembre próximo cuando vence el plazo fatal del proceso de paz. Lo que los sentó a la mesa -la enfermedad de Chávez y las elecciones de octubre pasado- son hoy riesgos conjurados.

Pero la conclusión más importante, es que el régimen Castro-Chavista ha demostrado que cuando hay recursos naturales en abundancia es posible crear un sistema que distribuya la riqueza en forma estratégica para mantener su popularidad, aún en contra de todos los principios de la democracia occidental. Un sistema parecido al Chino, donde la prosperidad se vuelve más importante que la libertad, el sufragio, la división de poderes o el derecho a opinar. Solo que en lugar de una poderosa base industrial, lo que hay es petróleo. Y mucho. La pregunta es si lograremos subsistir mutuamente con modelos tan distintos de un lado y otro de la frontera, o inevitablemente nos iremos a un enfrentamiento. Con los zombies nunca se sabe. A juzgar por las películas, cuando les da hambre, les da por cruzar la cerca. Amanecerá y veremos.

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