Presos de lujo

5 de agosto del 2012

La noticia no me sorprendió: Emilio Tapia, uno de los implicados en el cartel de la contratación de Bogotá, no iría a la cárcel, sino a una guarnición de la Policía en la capital porque, según sus abogados, en la cárcel La Picota no le pueden ofrecer suficiente seguridad. A fin de cuentas, no es […]

La noticia no me sorprendió: Emilio Tapia, uno de los implicados en el cartel de la contratación de Bogotá, no iría a la cárcel, sino a una guarnición de la Policía en la capital porque, según sus abogados, en la cárcel La Picota no le pueden ofrecer suficiente seguridad.

A fin de cuentas, no es el primer personaje público que no es detenido en una prisión. Ahí tenemos al exministro Andrés Felipe Arias o al exalcalde Samuel Moreno, ambos recluidos en estaciones de Policía o batallones del Ejército dizque por cuestiones de seguridad. El asunto parece normal, nadie se queja, nadie dice nada. Al parecer el haber sido una personalidad pública brinda ese beneficio de decir que una cárcel no es segura para uno y que entonces lo manden a una guarnición militar.

¡Es absurdo!

¿Acaso las cárceles no las vigilan los organismos de seguridad del Estado? ¿No se supone que los centros penitenciarios están hechos para reformar a quienes han cometido delitos orientándolos hacia la senda del bien? Si partimos de esas dos premisas no existiría ningún motivo para asegurar que una prisión no es segura, al contrario, debería ser un lugar altamente seguro y bajo absoluto control de la guardia penitenciaria.

Me pregunto si en la eventualidad de que yo tuviera que ir a la cárcel podría argumentar motivos de seguridad para que me lleven a una celda en una escuela de la Policía y así poder vivir mis días de detención tranquilamente, alejado de los patios de La Modelo o La Picota. No creo. De hecho, nadie debería poder argumentar tal cosa. Los jueces deberían ser inflexibles en ese tipo de decisiones y más aún cuando se trata de personalidades públicas que le quedaron mal al país. De lo contrario, lo único que hacen nuestros servidores judiciales será darle más fuerza a la ya bien arraigada creencia de que “la justicia no es sino para los de ruana.”

Miremos no más hacia Estados Unidos, el magnate del fraude Bernard Madoff no está en una escuela de Policía cumpliendo su condena por la multimillonaria pirámide que defraudó a cientos de incautos inversionistas estadounidenses. Él está en una prisión con todas las de la ley, acompañado de otros reclusos y esperando cumplir allí sus 150 años de cárcel.

Ahora que el Gobierno empieza a hablar de descongestión de las cárceles y construcción de nuevos centros penitenciarios, debería pensarse en eso: cómo asegurar que todo tipo de condenados cumplan su pena en prisión y no tengan la disculpa de los “motivos de seguridad” para disfrutar de detenciones laxas en lugares que no fueron diseñados para la resocialización de criminales, así sean de cuello blanco.

@colombiascopio

juanpablocalvas@gmail.com

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