Presumamos la inocencia de la Corte en el juego electoral

27 de febrero del 2018

Opinión de Fernando Álvarez.

candidatos

Asumamos que el expresidente Alvaro Uribe Vélez es culpable de intentar fabricar falsos testimonios contra el senador Iván Cepeda, hijo del dirigente del Partido Comunista Manuel Cepeda, asesinado por las fuerzas mafiosas y anticomunistas cuando practicaba la combinación de todas las formas de lucha, la armada, la parlamentaria, la política, la legal y la ilegal y era propagador de la idea de desafiar al Estado con actividades del partido, al tiempo que cumplía tareas logísticas para las FARC, el brazo armado del PC, quienes por pura deferencia decidieron bautizar con su nombre a uno de sus más crueles y desalmados frentes.

Supongamos que el senador comunista Iván Cepeda se dedicó a reconstruir el prontuario del senador Álvaro Uribe y para tales efectos tuvo que visitar a varios paramilitares y narcotraficantes que voluntariamente decidieron contarle cómo fue que Alvaro Uribe y su hermano, Santiago participaron, financiaron o armaron grupos paramilitares y ordenaron perpetrar masacres contra campesinos inocentes. Asumamos que Iván Cepeda no habló de beneficios si confesaban o si delataban a los hermanos Uribe, que no indujo ninguna orientación ideológica a las respuestas y que sólo se limitó a preguntar desprevenidamente y a tomar atenta nota.

Demos por cierto que las entrevistas del senador Cepeda se le realizaron a unas personas que para entonces estaban totalmente arrepentidas de haber asesinado a centenares de inocentes y que ya habían hecho propósito de enmienda y contrición de corazón. Partamos además del hecho de que no tenían ninguna otra intención diferente a contar toda la verdad y nada más que la verdad y no estaban interesados en obtener rebajas de penas, ya que eran los únicos criminales que no estaban tras la beneficiosa idea de negociar con la justicia y que repentinamente todos ellos recordaron lo que por mera casualidad todos ellos habían olvidado.

Creamos también que estos miembros de bandas criminales no tenían por qué intentar vengarse del ex presidente Álvaro Uribe por haber extraditado a sus grandes jefes paramilitares y por haberles cortado en su momento el chorro a quienes seguían delinquiendo desde las cárceles cuando jugaron tramposamente a someterse a un proceso de entrega ante las autoridades colombianas. Además presumamos que ninguno de ellos ha entrado en contradicciones con sus propias versiones y que entre otras cosas si delinquieron fue bajo presión por parte de sus jefes y por miedo a su capacidad retaliatoria.

Asumamos por otro lado que las chuzadas que se hicieron durante el gobierno de Uribe a los magistrados fueron ordenadas expresamente por el entonces presidente y eran ilegales y que las interceptaciones telefónicas que la Corte Suprema ordenó que le hicieran a Uribe son completamente legales. Y de paso presumamos que las conversaciones eran sobre la forma de fabricar los falsos testimonios contra Iván Cepeda y cómo había que pagarles unas buenas sumas de dinero o prometerles abogados que los sacaran de las cárceles o garantizarles que iban a enriquecer a sus familias para que se pudieran tranzar y se animaran a levantar los falsos testimonios.

Habría que pensar también que hay muchas más grabaciones que detallan la operación criminal, la cual requiere de toda una infraestructura y de unas órdenes precisas para que una misión de tal calibre no fracasara. Y además sería necesario pensar que Uribe es lo suficientemente ingenuo como para organizar semejante operativo criminal sin tomarse el trabajo de ir a hablar personalmente con los bandidos o compinches o de enviar un emisario de su total confianza sino que optó por organizarlo telefónicamente a pesar de saber que lo están chuzando y que los teléfonos son tan seguros como el del famoso Loco Giraldo que destapó el proceso 8.000.

Y también habría que partir de la premisa de que este tipo de montajes caben en la cabeza de un dirigente de derecha pero que al contrario jamás cabrían en la de un dirigente de izquierda. Lo que sugiere que hay que presumir la inocencia del dirigente izquierdista Iván Cepeda pero hay que presumir la culpabilidad del dirigente derechista Alvaro Uribe. Debe asumirse también que los togados de la Corte no tienen intereses políticos ni están comprometidos con las fuerzas parlamentarias que los nombran indirectamente sin intereses políticos, ni mucho menos que van a estar relacionados con el cartel de la toga.

Presumamos la inocencia de la Corte al no hacer públicas las pruebas contra Uribe consignadas en el “cuaderno reservado” y que no hay mala intención cuando los magistrados utilizan frases elogiosas hacia el senador Cepeda mientras que Uribe se hace merecedor a frases reprobadoras. Pero sobre todo presumamos la inocencia de la Corte Suprema en los juegos de poder al haber producido este fallo judicial en medio de la batalla electoral que se presenta hoy en Colombia y asumamos que es pura coincidencia, así como el aplazado fallo de inocencia en el caso de Luis Alfredo Ramos para después de elecciones.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO