¿Adiós a las armas?

¿Adiós a las armas?

26 de Junio del 2017

Este artículo, queridos lectores, no versa sobre la obra homónima de ese genio de la literatura que fue Ernest Hemingway. Me encantaría escribir análisis literarios, en vez de documentar la espantosa realidad que padece nuestra patria adolorida. Pero nada que hacer: un hombre no puede escapar de su destino, y, al parecer, gran parte del mío es denunciar los excesos de un régimen nefasto, que nos lleva a una desgracia inimaginable.

El proceso de paz con las Farc es una farsa que supera la ficción. Es absolutamente irracional que se hayan entregado a ese grupo subversivo los “planos” del Estado, para que ellos, los malos del paseo, reformen la arquitectura institucional al acomodo de sus protervos intereses.

No hay forma de que ese esperpento de los acuerdos salga bien. Cuando se ha desoído al pueblo, violentado la Constitución y atropellado a la oposición en la forma en que Santos, Timochenko y sus áulicos lo han hecho, solo espinas podrán cosecharse en el futuro.

El último capítulo de ese bodrio, al que los “enmermelados” llaman el mejor proceso de paz del mundo, se da por cuenta de la entrega de armas de las Farc,en la que, al margen de cualquier apreciación subjetiva, hay unos números que no cuadran por ningún lado. A principios de este año, el presidente Santos, señaló que las Farc tenían en su poder 14 000 de ellas. Lo propio hizo el Ministerio de Defensa (regentado por su ser vergonzoso hasta la saciedad). Posteriormente, la ONU registró solo la mitad: 7 000 armas. El propio Alto Comisionado de Paz reconoció que el Gobierno no tiene cómo confirmar la cantidad exacta. ¿Al fin cuántas son en realidad? Pero el asunto pude ser susceptible de empeorar, ¿o es que acaso alguien con tres dedos de frente piensa que los miembros de la guerrilla tenían unasola arma asignada para la guerra?

Estamos, pues, en presencia de un método inveterado patentado por la extrema izquierda: la combinación de todas las formas de lucha. La guerrilla se apresta a hacer política con las armas que no van a entregar y que tienen “encaletadas”. Lo realmente despreciable es que el régimen lo sabe y, lo que es peor, lo patrocina. Y ahí no se detienen los malos augurios: no aparecen los misiles tierra-aire que hacen parte del arsenal de los “querubines” de las Farc, que, a juicio del gobierno de los Estados Unidos, fueron adquiridos con dinero proveniente del narcotráfico. De igual forma, la fortuna billonaria fariana seguirá en las alforjas de la guerrilla. Visualicen esta mezcla: fierros y billete a tutiplén, peligroso coctel antidemocrático. Hacia allá vamos.

Algunos dirán que, estando de por medio la ONU, hay garantía de seriedad. Yo creo otra cosa: la ONU es una organización burocrática y paquidérmica que hace años, en materia de conflictos armados, no sirve para un carajo, y por ello necesita mostrar algún resultado en ese aspecto, así no sea cierto. En consecuencia,esa organización internacional no es la panacea. El hecho de que Santos y los jefes guerrilleros no aparezcan en la foto de la entrega de armas me genera una mayor desconfianza. Algo se traen entre manos.

Obviamente prefiero la paz a la guerra, pero tengo claro que una paz mal hecha puede generar la peor de todas las guerras.

La ñapa I: El Régimen pide la nulidad del fallo de la Corte Constitucional sobre el fast track. Está visto que a Santos solo le sirve la justicia cuando le da la razón.

La ñapa II: Si Lyons “el Terrible” cree que se burlará de la justicia, se equivoca. La próxima semana le llega su tatequieto.

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