La verdad: primera víctima

17 de enero del 2014

“Ya está bueno. El gobierno tiene la obligación de brindarle transparencia al proceso de paz.”

En la guerra la primera víctima es la verdad. También parece serlo en las negociaciones con actores armados. Y más aún, cuando la reelección depende de los criminales. Las mentiras o verdades a medias se hicieron sistemáticas para este gobierno. Buscan justificar la actuación y obviar el chantaje de los narcoterroristas, para mantener una opinión favorable que rente unos puntos en las encuestas. Lo importante es no quedar al descubierto, aunque tenga que pagar el favor a las Farc. Ahí están los recientes desaciertos. Se habilitó la extraña liberación de “Julián Conrado”, se ocultó el derribo del helicóptero en Antioquia y habrá que ver si luego se disculpa también la barbarie de Pradera (Valle). Mientras las Farc frotan victoriosas sus manos, el gobierno luce más atrapado por los diálogos y la sociedad más confundida e incrédula.

El gobierno no necesitaba mentir, a propósito de la cancelación de la orden de extradición de “Julián Conrado”. No es claro si lo hizo porque las Farc lo indujeron o si, por el contrario, lo llevó deliberadamente a Cuba por exigencia de las Farc, con el argumento que iba como negociador, cuando la realidad era otra. No es la primera vez. Primero fue “Pablo Catatumbo” del Bloque Occidental, y ahora el “cantante” del Bloque Sur y quien fuera mano derecha de “Simón Trinidad”. Quién sabe si en el desfile hacia el lavadero de delitos de La Habana, se incluyan otros peligrosos cabecillas como los alias “Isaías Trujillo”, “Román Ruiz”, “Rubín Morro” o “Pedro Baracutado”, comandantes del Bloque Iván Ríos, hoy en abierta desobediencia de sus mandos en Cuba.

Ahí está el Frente 36, uno de los primeros en violar la tregua en diciembre de 2012 y que repitió en este segundo cese unilateral al fuego, al igual que las estructuras que operan en Cauca, Norte de Santander, Arauca o Nariño. En inteligencia nadie descarta la autoría de esa célula en el siniestro del helicóptero en Anorí o la del Sexto Frente en la moto-bomba de Pradera, aunque en Casa de Nariño prefieren apuntar a un accidente, a otros actores y a la tácita e indefensable “torpeza” de las Farc. Es probable que en el “legítimo” afán reeleccionista del Presidente Santos, toda la cúpula del Estado Mayor Conjunto de las Farc termine en Cuba. ¿Es parte de las concesiones? Nadie sabe.

El secretismo es evidente, como las mentiras desde antes de noviembre de 2012 y que hoy sirven a las Farc para extorsionar al presidente Santos. De hecho, otros asuntos otrora inamovibles, han ido cobrando vida inexplicablemente, como la Asamblea Nacional Constituyente, para ceder al apetito reformista de las Farc y hacer nugatorios 50 años de barbarie. Las Farc ya hablan de 141 integrantes, entre los cuales figurarían guerrilleros nominados en forma directa. La vía sería la consulta en referendo, simultáneo con los comicios. Para eso se reformó el Estatuto de Participación Ciudadana cuya intención inicial nadie entendió, ni las propias Farc, pero que hoy cobra sentido.

No sería extraño que también se abandonara la erradicación de los cultivos de coca, se neutralizara la fuerza pública en esas zonas y hasta se diera paso a liberaciones masivas de guerrilleros. Ya está bueno. El Gobierno tiene la obligación de brindarle transparencia y honestidad al proceso de paz, de cara al voto popular que lo eligió y que pretende volver a conquistar. Tenemos derecho a saber qué se está pactando. Cuáles son los términos en materia de verdad, justicia y reparación. Con quién se está negociando realmente –15, 1.500 o 15.000 hacen una enorme diferencia–. Qué hay detrás del movimiento de otros cabecillas hacia La Habana y por qué se miente innecesariamente al país sobre los crímenes que siguen cometiendo las Farc. Podría ser un principio para quitarse la cadena de “rehén” y evitar la extorsión de las Farc.

@jflafaurie

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