¿Llegará la paz a Macondo?

¿Llegará la paz a Macondo?

12 de octubre del 2016

“Era como si Dios hubiera resuelto poner a prueba toda la capacidad de asombro y mantuviera a los habitantes de Macondo en un permanente vaivén entre el alborozo y el desencanto, la duda y la revelación.” Lo escrito por García Márquez en Cien años de soledad, refleja exactamente en lo que se convirtió Colombia y lo ocurrido en estos días con el tema de la paz, después que se firmó con tanto alborozo el acuerdo con las Farc en Cartagena; un tsunami de información inesperada que inició a la 5 de la tarde, cuando la Registraduría confirmó el resultado: Colombia votó NO a una salida de paz negociada, así como lo oyen, el único país del mundo que después de 52 años de guerra dice NO. Claro que los NO también, como los macondianos, tenían sus argumentos “hombres de delirios, envueltos en pasiones desbordadas y cambiantes”.

A eso de las 7 de la noche apareció el Presidente Santos en televisión, “Extraviado en la soledad de su inmenso poder, empezó a perder el rumbo”, algunos partidarios del SI, también lo perdían y renegaban del país que les tocó, sin respetar la democracia; incluso, en la calle otros, en contravía de la paz que promovían, se enfrentaron por el resultado. En La Habana, los miembros de las Farc se agarraban la cabeza, la posibilidad de ir a la cárcel revivía. Los políticos le echaban la culpa al poderoso huracán Matthew, que se posó sobre Macondo, y según ellos no permitió votar a los del SI, pero sí a los del NO. Tarde negra para el gobierno y todos sus allegados, quienes confesaron no tener plan B, una gran irresponsabilidad con el país; mientras Uribe y sus copartidarios, festejaban un triunfo que no esperaban y que en parte, lograron por la manipulación de información con mitos y medias verdades, que luego reveló el director de la campaña del NO, Juan Carlos Vélez; evidencia fehaciente de que “en esta pequeña aldea de 20 casas”, reina la estupidez, algo que a la postre, le costó la salida del Centro Democrático. El expresidente Uribe, con voz fuerte, recuperado de muchos años de traición, habló en tono victorioso y sereno, quería lucirse, era su momento y tenía que aprovecharlo, Macondo en ascuas como cuando llegaba Melquiades con un invento nuevo, pero Uribe no hizo más que lo de siempre, un ambiguo discurso político muy bien elaborado, con un disimulado mensaje de ahora las condiciones las pongo yo, que dejó a la gente en las mismas pero con la expectativa de guerra latente. Así fue transcurriendo otro día, en este pueblo donde la realidad supera la ficción, el lugar de los santos y los demonios, de la condena y la resurrección, del amor y el desamor, de la espera, la locura y la lucidez, donde nada sorprende y todo puede pasar.

Y pasó, se dio la gran reunión, la que se había esperado por más de 6 años, entre Uribe y Santos, claro que antes hubo una previa del Presidente con el expresidente Andrés Pastrana, quien también quería su cuota de popularidad para salir del cuarto oscuro de la historia donde estaba. Cuando Uribe y Santos se encontraron, muchos temieron un duelo parecido al del Coronel Nicolás Márquez con Medardo Pacheco en Barracas, La Guajira en 1908. Pero no, la reunión fue cordial, eso sí  cargada de hipocresía; Santos, apabullado y Uribe, crecido, consciente de que los 6.300.000 votos serán la plataforma para su candidato presidencial en 2018, aunque llegó sin propuestas concretas para reformar los acuerdos, propuestas que todavía están esperando, al parecer las entregará esta semana, él sabe que el tiempo corre en contra del gobierno y entre más lo dilate, más beneficia sus intereses electorales. La reunión dejó tantas dudas en la aldea que un grupo de jóvenes, que habían estado ausentes de la problemática de paz, reaccionaron y despertaron, y de qué manera, salieron a marchar con velas, vestidos de blanco, haciendo sentir su voz, diciéndole a los dirigentes políticos que ya estamos aburridos de tanta sangre, haciendo vigilias y presionando para que se dé una salida negociada.

Pero Macondo es el universo mágico de lo infinito, de las miserias y proezas, algo bueno tenía que llegar, y llegó, a las 4 de la madrugada, como cuando García Márquez, recibió la noticia de su Nobel y le colgó el teléfono a su interlocutor, no sin antes decirle “no me jodas”. Esta vez, fue Martin Santos, quien se enteró por Ingrid Betancourt y corrió a donde su padre a decirle que se había ganado el Premio que tanto había buscado, un premio Nobel de Paz, para un país que no ha logrado la paz. Que dicho sea de paso, fue criticado por los medios del mundo, por tratarse de un proceso en desarrollo y sin resultados concretos; pero no importa, es Macondo y todo se puede solucionar; aunque, a la vez todo puede empeorar; una bala de oxígeno para un presidente por 4 días alicaído, desesperado, acongojado y sin rumbo, igual que José Arcadio Buendía, cuando no le funcionaban sus experimentos y mandaba todo a la porra. De complemento, desde La Habana, llegaron otras buenas noticias, las Farc aceptaban (como si ellos fueran los dueños del balón), reabrir la negociaciones para analizar las propuestas del NO, creo que no les quedaba otra opción, ante el mandato ciudadano sería muy difícil enfrentar este nuevo escenario. Pero una cosa es Santos presidente y otra con el Nobel, ahora debe ser más prudente y conciliador, además debe jugarse a fondo por la paz, sin cartas marcadas como acostumbra.

¿Qué viene para Macondo? Parece que se avecinan días difíciles, la renegociación será muy complicada, porque Uribe llegará con una extensa propuesta que no será bien vista en La Habana; sin embargo, tendrá que ser debatida, sobre todo en temas de justicia, elegibilidad política, tierras y las exageradas facultades del tribunal especial. Lo cierto, es que nada se sabe, porque ya se está hablando de otro costoso plebiscito, pero no es problema en Macondo que los niños se mueran de hambre, mientras se gasta dinero en elecciones. Lo que sí urge, es procurar avances rápidos para lograr espacios de consenso y que se mantenga el cese al fuego, porque ningún colombiano se perdonaría el reinicio de una guerra que estuvo a punto de terminar y por mezquindad de algunos, terquedad e intereses políticos de otros, no se dio; para volver a las cifras de muertos, que ha disminuido considerablemente, y terminar con el sueño de paz.

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