Prosperidad para todos: el qué pero no el por qué

28 de febrero del 2011

El Plan de Desarrollo Prosperidad para todos entró a discusión en el Congreso de la República.  De allí debe salir convertido en la Ley Orgánica que marcará la pauta del desarrollo colombiano para los próximos cuatro años. Las bases del plan fueron presentadas antes de la crisis creada por el invierno que dejó en claro las profundas falencias del país y la precariedad de la vida de millones de colombianos. Una reforestación descontrolada, un desprecio por el medio ambiente, una invasión de tierras que deberían servir para el manejo del caudal de los ríos, una institucionalidad debilitada, un desprecio por el desarrollo rural, una política absurda de vivienda urbana donde se manda a los pobres a vivir en sitios de alto riesgo. En fin, un país que no ha logrado que el crecimiento de su economía sea compartido por todos y especialmente por los más débiles que son los que más necesitan del Estado.

Algunos ajustes se han hecho, como incluir un capítulo sobre el invierno y una mayor preponderancia al tema ambiental, pero las características generales se mantienen. El diagnóstico absolutamente economicista, como si no fuera necesario entender lo que pasa en el país más allá de las cifras, plantea el qué, y como lo afirma Absalón Machado sobre el capitulo agropecuario, aplicable a todos los sectores,  pero se ignora el “por qué”. Es un diagnóstico descriptivo que no profundiza en las causas de un país con grandes posibilidades pero lleno de problemas. Su énfasis, lograr la modernización, pero sin tocar las estructuras de una sociedad injusta, con un poder económico concentrado y con un ejercicio de la política tan perverso. Como han afirmado muchos analistas del  PPT, Prosperidad para Todos: el actual gobierno busca la modernización, lo que está muy bien, pero sin distribución, lo que está muy mal. Un crecimiento que beneficiará a ciertos sectores, probablemente los mismos de siempre, y los demás, que son la mayoría, se quedarán viendo un chispero. ¿Hasta cuándo?

Tres temas para empezar, y algunos micos: El primer tema que cubre a casi todos los sectores es la carencia de un análisis institucional. No hay instituciones para el boom minero ni para una política agrícola ni ambiental ni muchas otras más. Un gobierno sin instituciones se queda en el discurso que le dura cien días pero no más. Ya se está comenzando a sentir esta realidad. Un segundo tema es el exceso de optimismo, pecado que todos los gobiernos cometen, pero que por lo menos en su interior deben ajustar a la realidad. De las cinco locomotoras, solo la minería arrancó, y ya se sabe con qué problemas: no genera el empleo que se requiere, no hay forma de regularlo en temas ambientales, no genera los eslabones para impulsar otros sectores, si acaso el de transporte. Tercero, poca creatividad en lo social. Los pobres tienen que ser emprendedores, cosa que no se le exige ni a los más preparados;  tienen que ser muy pobres para recibir subsidios, focalización, y pobre de aquel que se mueva a la clase media porque muere: para ese sector nada de nada. Y tres micos, el de las licencias ambientales a la carta, el de ampliar la Uiaf para permitir las grandes explotaciones agropecuarias, y el único que no se ha debido caer tan fácilmente, el del aumento de la edad de jubilación. Aumentar impuestos no debe ser un mico sino una política.

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