Que consulta tan chimba

20 de agosto del 2018

Por: Fernando Álvarez

Consulta

La consulta anticorrupción no es contra la corrupción. Es una consulta hecha a la medida de una campaña electorera y sonora mediáticamente. La aspiración de Claudia López a la alcaldía de Bogotá encontró un nicho en la opinión sobre el cual montar su propaganda política a costa del estado, con un discurso que logra seducir incautos decepcionados con la clase política y a indignados contra los corruptos. Pero sus efectos no son sino eso, efectistas. Mucho ruido y pocas nueces. Las preguntas de la consulta no terminan sino en grandes consignas movilizadoras de opinión y en la práctica sin ningún vínculo con los compromisos legislativos, más allá de las admoniciones y los llamados para replantear el monto de los altos salarios de los congresistas.

La consulta no está diseñada para lograr una sensibilización social con el objeto de que se acaben las prácticas corruptas. Pretende parecer un mandato ciudadano para exigirle a los corruptos que cojan juicio, que se pongan modo horados y que se apliquen ciertas medidas de autocontrol. Esta es una estrategia premeditada por la exsenadora Claudia López y la hoy senadora Angélica Lozano, que decidieron promover la Consulta Anticorrupción del 26 de agosto, luego de estudiar cuál sería tema que en las encuestas de opinión preocupa más a la ciudadanía. Cabalgaban en el momento de Odebrecht, de Reficar, del cartel de la toga, de los carteles de la contratación, los problemas de las contralorías regionales y del gobierno de la mermelada. Escándalos que mortifican a la opinión pública y reclaman respuestas urgentes.

Pero el problema no es acertar en el diagnóstico sino en la cura para la enfermedad. El desacierto que se anuncia es el total fracaso de la Consulta porque esta no le apunta a la yugular de la corrupción. La forma puede ser espectacular pero el tema son los contenidos. En su afán electorero el árbol de los votos les impidió ver el bosque de la corrupción. Sus estridentes promotoras se concentraron en la propaganda populista y descuidaron la nuez. No hay un acto de responsabilidad con lo público, ni un rigor con lo ético para llegar a una postura de seriedad hacia la idea deconcertar por ejemplo con la academia, las ongs o con organizaciones internacionales para encontrar los temas espinosos y buscar las herramientas necesarias para abordar la pepa del problema.

Bastaba un simple paneo para darse cuente que había que identificar los principales focos de corrupción con el fin hacer de la consulta un instrumento dirigido a evitar que los corruptos controlen eternamente al estado. El gasto militar, el manejo politiquero de la salud, con sus Eps, IPS, laboratorios tercerizados, la educación pública, los contratistas, las CAR, en fin, casi todas la instancias donde los políticos tienen incidencia y en las que manejan descaradamente el CVY, el cuarto de hora, el “miti miti” y toda clase de prácticas inherentes hoy a la actividad parlamentaria o electoral y la compraventa de favores en el sector público. Una mirada científica sobre un asunto en el que se ha hecho popular la frase en la que un político costeño afirma que a los cachacos les dio por llamar peculado al rebusque.

Una consulta anticorrupción debía haber arrancado por buscar la forma de cambiar el sistema electoral, que es la mata de la corrupción porque como decía el candidato Sergio Fajardo cuando se invierten recursos en las elecciones se sabe que se van a recuperar por debajo de la manga. Y ellas, las promotoras de la consulta lo saben pero también saben que ese rigor académico no tiene resonancia mediática ni permite hacer lo que más les gusta, populismo. O sea cantaletear, escandalizar como si estuvieran realmente preocupadas por el tema pero con el único objetivo de conseguir votos. Una consulta anticorrupción con criterio de soluciones estructurales se habría ocupado de una reforma sustancial a la justicia para que el poder judicial rompa sus lazos umbilicales con la política, que es otra perversidad.

Una consulta anticorrupción con algún mínimo de seriedad se habría preocupado por revisar el papel de las entidades de control para que no sea letra muerta que no debieran estar en manos del ejecutivo, para que no dependan del legislativo y para que no se mezclen con los intereses del poder judicial. Una consulta anticorrupción tendrá que ocuparse de velar porque las ías, Fiscalía, Contraloría, Procuraduría y personerías no sigan capturadas por las mafias del clientelismo regional. Una consulta anticorrupción debiera coger el toro por los cuernos para que la justicia acusatoria no sea más el caldo de cultivo de nuevas formas delictivas a partir de los falsos testimonios y los carruseles de extorsión desde las cárceles en que ha devenido.

Por eso la tal consulta solo terminará por servir de trampolín para que la parejita de Claudia López y Angélica Lozano se luzcan como abanderadas de la lucha anticorrupción, para que los políticos como Roy barreras y Armando Benedetti se reencauchen con un discurso contra los corruptos, como si ellos fueran ajenos al tema, para que algunos se den pantallazos como preocupados por la suerte de los dineros públicos, en fin. Pero nada servirá para detener los altos índices de corrupción, la cultura del beneficio privado a costa de lo público o la reconsideración de la actividad política como un corolario del servicio social. Por eso las 7 preguntas resultarán inocuas y en el mejor de los casos un saludo a la bandera. Porque no le apuntan a la médula de lo que genera la corrupción.

Ya lo han dicho muchos analistas, las preguntas resultan intrascendentales y casi anodinas, la primera y la séptima son inconstitucionales porque no se pueden hacer consultas que impliquen modificar la Constitución y las otras ya están incluidas en la normatividad legal. Luego en realidad aquí se está manejando un tema populista alborotando sentimientos populares contra los exhorbitantes salarios de los congresistas y funcionarios públicos y se esta recurriendo a toda clase de maniqueísmos y oportunismos en los que el fondo es la manipulación de la ciudadanía, la explotación de los medios de comunicación en favor de cosas politiqueras y donde en el fondo se actúa con mala fe. Por eso seguramente algunos corearán con Germán Vargas Lleras, !Que consulta tan chimba!.

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