Qué estaría pasando si Petro gobernara

Qué estaría pasando si Petro gobernara

11 de mayo del 2019

Si el cienaguero Gustavo Petro hubiera ganado las elecciones en 2018, ¿cómo se imaginarían hoy a Colombia los petristas (los “buenos” del paseo)? ¿Cómo nos la imaginamos los “fascistas” (los “malos”)? La respuesta depende de la interpretación que unos y otros demos a las palabras, las emociones, los sentimientos, las insinuaciones y el ADN ideológico de Petro, no suficientemente expuesto aún debido en gran parte a la falta de hormonas y neuronas –o a la compinchería– de algunos periodistas cuando lo entrevistan. Pero como esto es harina de otro costal, vamos al grano.

Los petristas, con los pies en las nubes, convencidos de la viabilidad de las promesas del nuevo mesías, dirían, por ejemplo, que hoy estarían habitando con sus familias en viviendas de estrato seis, con todas las comodidades soñadas, asignadas por el Estado Comunero; que dispondrían de un vehículo eléctrico unifamiliar subvencionado; que cada familia estaría disfrutando de una buena casa de recreo tanto en zonas de los “ricos” como en otras; que la educación, desde pre-kínder hasta la universitaria, no les costaba un centavo. “Las compañeras y los compañeros que me hicieron su presidente” también estarían diciendo que la atención en salud era a pedir de boca; que cada colombiano tendría su trabajo, ¡y muy bien remunerado!; que el gobierno reposaba en manos “del pueblo”, con el poder de disponer de los recursos naturales del país; que cada persona contaba mínimo con tres comidas al día, sin tener que esperar mucho la merienda… Y un largo etcétera paradisíaco que los incautos creen encontrar en el almiar ideológico de Petro (‘almiar’ llama el Diccionario a un “montón de paja”).

Todo ese sueño, y muchísimo más, se imaginarían los petristas de la Colombia de hoy, liderada por “el presidente de las colombianas y los colombianos” desde la Casa de los Comunes, antes Casa de Nariño.

Por su parte, los “fascistas” (así nos llama la izquierda), con los pies en la tierra, estaríamos suponiendo cosas no tan angelicales como las anteriores. Por ejemplo: veríamos una Colombia llena de “asesores” cubanos en todos los frentes: militar, social, educativo, salud, económico, etc.; unas empresas privadas expropiadas por el Estado Comunero y ahora dirigidas por los trabajadores y profesores de izquierda de las facultades de administración; un único partido, el Partido de los Comuneros; un único canal de televisión, regentado por el director de cine Gustavo Bolívar; el diario El Tiempo, expropiado y llamado ahora El Tiempo de la Revolución, dirigido por el expresidente Ernesto Samper en gratitud a su ayuda al “comandante eterno” Hugo Chávez.

Igualmente, veríamos expropiado al diario El Espectador, renombrado El Espectador del Pueblo, en manos del periodista Fidel Cano Correa; a la revista Semana, también propiedad del Estado, denominada Semana Comunera y orientada por el vigoroso dirigente antiuribista Antonio Caballero; a los ciudadanos tratándonos, por mandato “del Partido”, de “compañero” o “compañera”; a la extracción y explotación de los recursos naturales asignadas, sin la intervención de las comunidades afectadas, a rusos y chinos dada la afinidad ideológica de estos con los nuevos gobernantes. Y así.

Toda esa pesadilla, y muchísimo más, la confirmaríamos los “fascistas” si la Colombia Humana del excomandante del M-19 hubiera vencido a Iván Duque hace un año.

Claro que son suposiciones. Pero perfectamente lógicas. Las primeras, propias de mentes ilusas y difusas, que se alimentan del almiar de Petro, protegidos, ambos, por mingas y guardias; y las segundas, propias de mentes de quienes no comemos heno y sabemos cómo son las cosas que le pican el ojo a don Gustavo.

¿Quién tiene la razón? Los hijos e hijas de Petro dirán que ellos. Un autoengaño: tal paraíso no existe. La historia muestra que esos cielos son una pesadilla, excepto para los compañeros y las compañeras del Partido. ¿Con cuál respuesta quedarnos?

Una pregunta similar se hizo, años atrás, un gerente muy curioso al averiguar con el supervisor de la factoría cómo sabían los operarios que era la hora de volver a sus labores. Le dijo que un obrero accionaba una sirena desde la azotea a la 1 en punto. El jefe, entonces, subió al lugar para indagarle al hombre cómo sabía que era la 1. Respondió: “Cuando el reloj de la botica del frente da la 1, toco la sirena”. El jefe se dirige a la farmacia y pregunta: “¿Cada cuánto revisan ustedes el reloj que tienen afuera?”. Fue grande la sorpresa: “Nunca”, dijo el boticario, “siempre coincide con la sirena de la una”…

INFLEXIÓN. Sobre Gottfried Kinkel, el hijo del poeta revolucionario de 1848, Nietzsche decía: “Es posible que él mismo se soleara cómodamente en el esplendor de sus soles autoconstruidos”. Algo similar podría afirmarse del hijo de Ciénaga de Oro.

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