Que hacemos con esta godarria

7 de marzo del 2011

Que desesperación de país, que “godarria”. Mientras el resto del mundo se mueve hacia la tolerancia, el respeto por las ideas, la convivencia pacífica, en Colombia produce malestar leer lo que se dice. Ahora resulta que nuestro flamante embajador ante el Vaticano también se pronuncia contra el matrimonio gay. Para no hablar de nada menos que del Ministro del Interior y de Justicia que también dijo lo mismo, como si se pudiera separar fácilmente la posición personal de un ministro de su posición oficial. Primero ¿quién les preguntó? Caben ahí las palabras del Rey de España cuando reaccionó furioso frente a las palabras del Presidente Chávez: ¿Por qué no se callan? Suficiente tenemos los verdaderos liberales, no esos arrimados a Vargas Lleras por pura ansia de poder, con el Procurador, con una de sus funcionarias que vive escandalizada con el aborto, y con las posturas de quienes si tienen derecho a hablar sobre el tema como la Iglesia Católica. Perfecto, esas palabras son casi mandatos para los católicos pero, en Colombia hay libertad de credos, aunque a veces las otras iglesias son tan o más godas.

Como según dicen, la juventud no lee periódicos ni ven noticieros, no está en profunda crisis existencial, porque esa “godarria” no tiene nada que ver con su comportamiento. Se sienten libres desde unas edades en que a nosotros no nos dejaban ni respirar; las niñas se ponen brillo en los labios desde la pre-adolescencia, y pobre el padre que se oponga; los muchachos se vuelan a esas discotecas donde se violan las normas de no vender licor a menores. Y esa niñez nos da clases de informática e inclusive de filosofía de la vida, porque tienen todo menos miedo a expresar lo que piensan y lo que sienten. Y aún si están encerrados en su casa, lo cual también es malo, la televisión se encarga de mostrarles todo lo que sucede en el mundo que nosotros vinimos a conocer de viejos. Pero esa es la realidad actual y lo importante son los valores fundamentales que deben seguirse enseñando no solo con palabras sino con hechos.

Con un país con tantos debates pendientes; donde la moral pública parece reducida a una minoría, con el reto inmenso de lograr la paz, de quitarnos el costo de este narcotráfico que nos mata; cuando nos están dejando atrás países que subestimamos, resulta que el debate es sobre el matrimonio gay y sobre toda prohibición del aborto. Es fundamental, para acabar con debates cargados de “godarria”, que el país haga realidad la Constitución de 1991 en que se declaraba a Colombia como un Estado Social de Derecho. Y es importarte adquirir ese compromiso antes de que esta onda conservadora acabe con esa Constitución progresista.

Si los derechos no solo políticos, que muchas veces se reducen a poder votar, sino los llamados de segunda generación, los económicos, sociales y culturales, dejaran de ser solo un compromiso internacional que no se cumple y se volvieran una realidad, este y muchos debates se acabarían. El país se concentraría en ponerse a tono con los valores globales y respetaríamos la libertad de las personas a escoger su modo de vida. Democracia, transparencia, respeto a los derechos humanos, libertad de expresión, equidad en general y de género, el desarrollo sostenible para garantizar la equidad inter-generacional, son los valores que hoy definen a una sociedad civilizada. Pero en medio de esta “godarria” absurda, qué lejos está Colombia!

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