¿Qué hacemos con los venezolanos en Bogotá?

21 de noviembre del 2018

El éxodo de venezolanos hacia Colombia y otros países refleja una crisis humanitaria inmensa. El régimen chavista les prometió el cielo a los venezolanos y los llevó al infierno. Millones de compatriotas han salido de su país porque no aguantan más el hambre, la miseria y la vulneración de todos sus derechos y libertades. Duele […]

¿Qué hacemos con los venezolanos en Bogotá?

El éxodo de venezolanos hacia Colombia y otros países refleja una crisis humanitaria inmensa. El régimen chavista les prometió el cielo a los venezolanos y los llevó al infierno. Millones de compatriotas han salido de su país porque no aguantan más el hambre, la miseria y la vulneración de todos sus derechos y libertades.

Duele en el alma al transitar por las carreteras colombianas, encontrarse con miles de venezolanos caminando para llegar a Bucaramanga, Tunja o Bogotá. Son mujeres, niños, ancianos y hombres que en palos cuelgan sus maletas y caminan sin un rumbo fijo; en sus mentes solo está el anhelo de rehacer su vida y tener alguna posibilidad de trabajar para comer.

En Colombia hemos recibido tres oleadas diferentes de migrantes venezolanos: hace unos siete años fueron los ricos que se localizaron en Barranquilla, Bucaramanga, Bogotá y otros en Cúcuta buscando salvar sus fortunas y hacer algunas inversiones.

Después vino la clase media, que se ubicó en las mismas ciudades, comprando bienes raíces y abriéndose espacios en las vacantes de profesionales; y ahora el turno fue para la clase más vulnerable que se cansó de no encontrar trabajo ni comida para sus hijos.

En Bogotá, por ejemplo, el barrio Cedritos pasó a ser llamado Cedrezuela. Entre el 2016 y el 2018 han llegado más de 190 mil venezolanos de las familias más vulnerables y de las comunas más populares. Vienen en bus, llegan al terminal de transporte de Bogotá y luego van a las localidades de Bosa, Ciudad Bolívar, Kennedy y Suba, lugares que, según les cuentas los que ya se instalaron aquí, los arrendamientos eran más baratos.

Esta semana, la Administración Distrital con actitud y disposición, decidió reubicar a un grupo de más de 400 venezolanos, que se encontraban en un cambuche al pie del Terminal de Transportes en Ciudad Salitre, a un lugar más digno.

Para ello, construyó un campo humanitario, donde los ubicó y les proveyó de alimento, atención en salud y programas sociales. Una acción bien intencionada y ejemplar dentro de las ciudades colombianas. La capital asumió una corresponsabilidad para con los hermanos venezolanos.

Sin embargo, se presentaron disturbios porque un grupo de encapuchados venezolanos, se tomaron el campo humanitario. Robaron la comida, agredieron a policías y destruyeron las cámaras de seguridad. La acción despertó el malestar de la comunidad circunvecina y por supuesto, la respuesta contundente de la Secretaria de
Seguridad y la policía.

16 personas fueron capturadas y serán deportadas. Un menor de edad sin padres, fue entregado bajo la protección del Bienestar Familiar. Qué hacer con los venezolanos en Bogotá? Hay dolor entre los bogotanos y las instituciones públicas. Se les dio la mano y ahora son agresivos y lesionan la convivencia en la ciudad. Es fundamental tomar decisiones acertadas respecto a esta tragedia que ya tiene implicaciones sociales, económicas y políticas en Colombia.

La responsabilidad más importante, es coadyuvar y respaldar la iniciativa del Presidente Duque para aislar a la dictadura de Maduro. Solo en la medida en que se restaure la democracia en ese país, se podrá parar el éxodo de millones de venezolanos que hoy sufren una catástrofe humanitaria.

Esa es la causa de esta migración y se debe empezar por restaurar las libertades para que cesen los abusos y
los venezolanos puedan retornar. Hace un año en el Concejo de Bogotá, solicitamos que las entidades distritales establecieran una ayuda humanitaria transitoria en educación, salud y alimentos para los niños, mujeres y adultos mayores más vulnerables y recién llegados a la capital.

Dicho servicio comenzó a prestarse: Más de 48 mil atenciones en salud, más de 3 mil niños venezolanos estudiando en colegios distritales y 2 mil venezolanos enrutados en materia de empleo por la Secretaria de Desarrollo Económico.

El campo humanitario debe ser transitorio. Las experiencias internacionales muestran que en este tipo de campos, la población solo debe permanecer un par de semanas mientras es re direccionada hacia los servicios sociales básicos de la ciudad.

Si se deja esta población de forma permanente, se incrementan los riesgos de abuso, maltrato y complicaciones de convivencia. El campo es solo temporal mientras son atendidos por las entidades del distrito. El énfasis principal es convertir esta migración en un hecho positivo para la sociedad. Hay que entender sus potencialidades. La solución de fondo y de largo plazo a la migración de venezolanos es su reinserción laboral, sobre la base de una visa de
trabajo temporal expedida vía sorteo para territorios específicos del país.

Esa es la política de Canadá y les ha funcionado. Aquí se requiere el concurso y voluntad del Gobierno Nacional. A pesar de que la situación económica en Colombia y en Bogotá no es la mejor, para los venezolanos, toda la solidaridad. Debemos apoyarlos, facilitar su inserción social y económica en nuestra sociedad mientras pueden retornar a su país.

Pero tampoco se pueden permitir abusos, violaciones a la ley o trasgresiones a la convivencia por parte de algunos infiltrados o manipuladores de las víctimas. Contra ellos debe caer todo el peso de la ley y si es necesario deportarlos.
A pesar de nuestras dificultades económicas, con los hermanos venezolanos compartiremos la libra de carne y el kilo de arroz que tengamos. Nuestros lazos de hermandad y solidaridad deben prevalecer.

*Diego Molano
Concejal de Bogotá

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