¡Que nadie los despierte!

10 de enero del 2012

Como muchas personas que comentamos el paro de las universidades frente al exabrupto de la reforma a la Ley 30, estuve de acuerdo con las marchas estudiantiles del año pasado, me entusiasmó creer que la juventud no estaba adormilada y que se ponía en pie para enfrentar con pancartas y grafitis, una reforma improvisada y […]

Como muchas personas que comentamos el paro de las universidades frente al exabrupto de la reforma a la Ley 30, estuve de acuerdo con las marchas estudiantiles del año pasado, me entusiasmó creer que la juventud no estaba adormilada y que se ponía en pie para enfrentar con pancartas y grafitis, una reforma improvisada y privatizadora. Pero para mi pesar, con el paso de los días, esa juventud altiva, deliberante y contestaría parece haber caído en un sopor inexplicable. ¿Será las vacaciones?

Confieso que ahora que la veo dormir, satisfecha después de sus jornadas contestatarias, parece más un perro viejo que un joven altivo. Los perros viejos no soportan que los despierten, están ahí echados somnolientos, soñando con un hueso suculento y aplacando las pulgas con una que otra patadita. Eso sí, cuando alguien osa despertarlos se alzan afanados a ladrar, un poco atontados, sin conciencia precisa de a quien se tienen que enfrentar. Su reacción emocional parece obedecer a un instinto que busca reafirmarlos en dos cosas: que ellos son los que vigilan, aunque en efecto no lo hagan, y que quieren seguir gozando del privilegio de su sueño, porque solo en su sueño tienen algún privilegio.

Lastimosamente ahora que ha pasado el entusiasmo de los estudiantes, me parece que han regresado a su letargo. No eran tan jóvenes soñadores, sino perros viejos que por lo general ladran echados.

Y me perdonarán esta comparación animal pero es que dan grima los movimientos estudiantiles que tan solo dejaron manchadas las fachadas de los comercios y los bancos, pero no lograron avanzar en nada más. La universidad siguió ahí, igualita, sin que nadie ya se atreva o quiera despertarla.

La Ministra de Educación al parecer aprendió la lección, con la universidad no hay que meterse. Mejor trabajar la primera infancia, la lectura temprana, la ampliación de cobertura, la calidad, etc. etc. Y eso está muy bien. Allí nadie se despierta a ladrar, allí toda reforma es más fácil, eso sí no se  le ocurra tocar a los docentes.

Los estudiantes, por su parte, siempre se han sabido la lección: No dejar que ninguna reforma progrese y anunciar contrarreformas a las propuestas oficiales para no hacer nada al final, porque los que ya están allí duermen el sueño de Anarkos y no se mortifican por los que no logran todavía entrar a compartir ese privilegio de unos pocos.

Los rectores y directivas universitarias ¡tranquilos!, mientras el estudiantado duerma y la normalidad académica persista, todo marcha bien. No hay que mortificarse con reformas incómodas, que nos pongan a competir por cupos y recursos.

Las universidades privadas que se veían inquietas con las protestas de las públicas, han vuelto a la normalidad, al sueño de su negocio, cobrar caro, hacer carreras a pedido y mantener a la competencia pública bien dormidita y tranquila.

En fin, todo retomó su cauce “natural”. No habrá grandes reformas, no habrá marchas incómodas y el 2012 transcurrirá en la más cordial armonía universitaria. Ni Santos, Ni María Fernanda, Ni los rectores, quieren interrumpir de nuevo el sueño obsecuente de los estudiantes que han regresado a convivir con sus pulgas y sus enfermedades crónicas, contentos en su  pedazo de costal viejo y sucio, donde reposan soñando que estudian y soñando que son dueños de su futuro.

Esta es pues la única predicción que aventuro para el 2012: No habrá ningún tipo de reforma en las universidades públicas.

www.margaritalondono.com

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