¡Que nadie se equivoque sobre las Farc!

25 de julio del 2012

El último comunicado de las Farc dice todo en relación con sus intenciones y propósitos. Si alguien tiene alguna duda acerca de lo que esa organización terrorista pretende, es bueno que lo lea para que encuentre la respuesta. En resumen, siguen en las mismas. Continúan tratando justificar el uso de la violencia y las armas para tomarse […]

El último comunicado de las Farc dice todo en relación con sus intenciones y propósitos.

Si alguien tiene alguna duda acerca de lo que esa organización terrorista pretende, es bueno que lo lea para que encuentre la respuesta.

En resumen, siguen en las mismas. Continúan tratando justificar el uso de la violencia y las armas para tomarse el poder, arremeten contra todo lo que no coincida con el supuesto modelo cuya superioridad proclaman de manera arrogante, y se presentan como portadores de la vocería del pueblo colombiano, que nadie les ha otorgado.

Se despachan contra la seguridad democrática y también contra la prosperidad democrática.

Descalifican al expresidente Uribe y al Presidente Santos porque no los separa ninguna diferencia ideológica ni práctica política.

Critican “el modelo neoliberal y sus locomotoras” del segundo, al igual que la “red de privilegios al capital transnacional” que tejió el primero en sus mandatos.

Pero los dardos no se dirigen solamente a los dos presidentes mencionados. Su objetivo son todos los compatriotas que han ocupado la jefatura del Estado desde Guillermo León Valencia, y los tres poderes, y  “la oligarquía rendida de rodillas ante el gran capital”, porque son ellos “los agresores, los ladrones y violentos”.

De esa manera reivindican, otra vez, la combinación de las distintas formas de lucha. Guerra civil,  terror, organización de masas y acción política, es la fórmula que les gusta para imponer sus designios.

Y cuando se trata de la paz, en esta oportunidad notifican que “basta ya del cuentecillo de la llave oculta en el bolsillo”.

Si alguien abrigaba la ingenua esperanza de avanzar en la construcción de una opción negociada creíble, que se baje de esa nube.

Las Farc acaban de sentenciar, nuevamente, que no aceptan “imposiciones que la hagan imposible” y tampoco “el desarme”.

Además, le notifican a los colombianos “que un diálogo lejano y a espaldas del país, como lo pretende Santos, solo terminará por intensificar más la confrontación”.

Que nadie se equivoque.

Las Farc siguen buscando el poder mediante la violencia, en tanto que con  la solución política persiguen imponer un sistema que ya fracasó, no dejar las armas.

De otro lado, los diálogos, lejos de ser vistos como un mecanismo constructivo y discreto, son el camino hacia nuevas zonas de despeje, la parálisis de las fuerzas armadas, su fortalecimiento militar y la propaganda política internacional en procura de ser excluidos de las listas de organizaciones terroristas.

Nuestra historia y las innumerables experiencias que ya tenemos, deben servir de lección para dejar de lado las ambigüedades y congregar a los colombianos alrededor del propósito de enfrentar unidos al terrorismo. El Presidente Santos conoce bien las ventajas de contar con el apoyo sólido y mayoritario de la nación a una política, toda vez que como ministro de defensa del hoy expresidente Uribe fue ejecutor destacado y  beneficiario de la seguridad democrática.

Ese respaldo, sin antecedentes, se logró gracias a los buenos resultados de la aplicación de dicha política, que se le explicó a la nación con un mensaje claro.

De lo que se trata es de convocar la unidad de los  colombianos alrededor de la obligación constitucional de combatir la violencia, y de reclamarle a las Farc que dejen el terrorismo como demostración de que en verdad quieren un proceso creíble que conduzca a la paz.

El último comunicado de esta organización le da mayor vigencia que nunca a ese rumbo, que ha tenido el respaldo de las inmensas mayorías de la Nación.

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