Lo de América, nunca fue una broma

Lo de América, nunca fue una broma

28 de agosto del 2017

Hace 15 días Tulio Gómez, máximo accionista del América,  confirmó su intención de hacerme presidente de su club. No se alejaría de su equipo y mantendría la supremacía en el poder. Es decir, sería como  es obvio, la última palabra, supervisaría decisiones y contaría con un director y vocero ejecutivo.

Dilema grande para mi, más periodista que administrador de empresas, mi verdadera  profesión, por el  reto que esto representaba. Consultas de por medio con amigos entrañables, periodistas distinguidos, dirigentes activos y el eje central  de mi familia. No me sentía inferior al desafío.

Me creía capaz de aportar raciocinios deportivos para conducir al América, en su actual, desesperada y nerviosa, crisis deportiva, por el camino de las soluciones. Pensé también en la reivindicación del periodismo deportivo, tan mancillado por una fracción de la dirigencia futbolera nacional, calificado, en ocasiones, hasta el desprecio.

Sorpresa grande cuando el día de la cita, para confirmar o declinar el ofrecimiento, el dueño del América cambio las reglas de juego, hasta llegar al extremo del embuste, apoyado en  sus fuerzas mediáticas,  aquellas que tiene subordinadas. Un desconocido complot llegó de fuentes futboleras, para llevarlo a desmentir con indecencia lo que pudo rectificar con calidad e hidalguía. Varios de sus colegas no aprobaban la llegada de un intruso, nerviosos algunos por sus ocultas patrañas.

Sigo convencido de que el balón no me queda grande. Por eso, en contraste con la actitud de su directivo, mis respetos para el América, por su tenaz lucha para salir de una larga crisis. Para sus jugadores y su hinchada invencible. Fue bueno aunque fugaz el reto de compartir con un grupo de personas, en el propósito único de restituirle al América su gloria, la que lo ha hecho grande.

En materia de fidelidades gracias, porque la deshonrosa conducta permitió que no traicionará mis sentimientos por el Once Caldas, ni mi amor por el periodismo. Esto nunca fue una broma, como se dijo. Que oportuna resultó mi respuesta inmediata. Se había degradado tanto la oferta que pude terminar como chofer o mensajero. El balón puede con todo.

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