Qué pereza

Qué pereza

9 de enero del 2017

Terminadas la fiestas decembrinas todo regresa lentamente a la normalidad. Y eso me produce una inmensa pereza. No es por el fin de las vacaciones o por las interminables congestiones de tráfico. Tampoco es por el IVA que el congreso y el gobierno no clavaron. Ni siquiera es por las noticias preocupantes que llegan de Venezuela o Siria; tampoco es por la posesión de Trump.

Tengo pereza porque no tengo mucha esperanza de que la situación colombiana evolucione este año en la buena dirección. Santos ha generado una crisis de confianza total. Su manipulación alcanza todo y a todos. Neutralizó al Congreso a punta de mermelada y le quitó el poder legislativo. Con contratos y puestos ha comprado las Cortes. Con pauta tiene subyugados a los periodistas que han perdido toda independencia crítica. A nivel internacional vende versiones amañadas de la realidad colombiana que todos quieren creer a pesar de sus dudas. Y en el plano interno, sigue desgastando el escaso prestigio institucional encubriendo los escándalos de corrupción como los de Saludcoop, Isagen, Reficar, hackergate y todos los abusos del poder presidencial que pasan impunes.

Me da pereza que el desgaste de la oposición sea tan alto y que los colombianos estemos tan hastiados de la política. Parece como si hubiésemos dejado de creer que las cosas pueden mejorar. Me aburren las discusiones sobre los posibles sucesores de Santos cuando queda más de un interminable año y medio para la posesión del nuevo mandatario. Los juegos de posibles coaliciones, los rumores de las traiciones que se anticipan, la suciedad de las estrategias que se montarán, todo ello me produce una gran fatiga

Me da pereza que tengamos que seguir en esta polarización asfixiante en la que hemos ido perdiendo la sensatez para advertir que le estamos abriendo el camino a quienes quieren una Colombia sin libertades. Me da pereza la mediocridad de los medios académicos, la flojera de los gremios, la cobardía de los empresarios, la codicia de los grandes grupos económicos y la miseria moral de nuestros políticos.

Me da pereza el tinglado de la paz con toda su demagogia y cinismo. Me aburre ese circo montado para justificar todos los atropellos a la Constitución y las leyes. Estoy cansado del fariseísmo de los amigos de la paz y del simplismo del debate sobre un tema tan complejo.

Me da pereza el país. Por eso me propongo dedicar la mayor parte de mi energía existencial a no dejarme llevar por el remolino nacional.

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