Que se derrite, ¡se derrite!

8 de febrero del 2011

Uno de los mejores mensajes sobre cambio climático que he visto, es el de un señor que sale de su casa en la mañana y cuando regresa por la noche la puerta se ha achicado. Al día siguiente vuelve a salir, y por la noche la puerta se ha encogido todavía más; y sigue así hasta que no puede entrar porque ya no cabe por la diminuta puertecita que encuentra. Luego el mensaje muestra un oso polar parado en un pedacito de hielo, a punto de caer al agua, porque su casa, el Polo, se está derritiendo.

Aunque es obvio que el mensaje es sobre el medio ambiente, no puedo dejar de pensar en la política colombiana cuando lo veo. Me imagino al pobre Petro, con su blanca piel de oveja, digo de osito, haciendo maromas para no hundirse en las heladas aguas de la política, porque su Polo se está derritiendo.

Al papá Noel, Carlos Gaviria lo imagino trasteando su trineo y sus renos a otras latitudes para salvarse él y todos los enanitos que le sirven de ayudantes. Está callado este hombre generoso, tan solo murmura que su casa sigue estando en el norte, aunque sea en el de Bogotá y que quiere ser tratado como uno de sus renos, parte del rebaño, confundido entre los militantes rasos que hoy son del polo, como antes de la UP, o del PC, o de la Anapo, o del Moir, o de cualquier otra sigla, porque lo importante no es la casa, sino la chimenea por la que siempre se puede escurrir.

También me imagino a Clara López pequeñita, metida en esa casa que se encoge, porque para vivir adentro, ella también ha tenido que perder altura, achicándose, hasta caber en uno de sus clósets junto con la ropa sucia que pretende mantener guardada. No hay que airear las sábanas  blancas, donde duerme feliz el sueño de los inocentes, se les podrían ver las manchas color moreno oscuro.

Ella no ha pensado ni un instante en salir de allí. Así la casa se encoja, es su casa, donde ha recibido solidaria a un par de huerfanitos, que habían perdido la suya. Como un alma solidaria dejó entrar a Samuelito y a Ivancito y los protegió con mimos y cariños. Al fin y al cabo estos niños desplazados trajeron su alegría a este polo helado, y con sus travesuras le prendieron fuego a la chimenea.

Al que no he podido imaginar donde está, es al ex senador Jaime Dussán. Arriba del témpano de hielo no lo veo, él renunció a estar encima cuando lo iban a lanzar al remolino de las investigaciones. Adentro de la casa, no creo que quepa, porque su ego en lugar de achicarse se  agranda como nariz de Pinocho. Y entre los renos de papá Noel no puede ser, porque no está para recibir fuetazos, sino para repartir correa especialmente a los entrometidos periodistas.

¿Dónde estará entonces este viejo zorro de la política, especie en extinción que el Polo democrático preserva brindándole el habitat adecuado para su reproducción? Pues si no está encima, ni en el agua, ni en entre los renos, ni en la chimenea, debe ser el encargado del carbón y la leña para calentar al Polo. Como un diablito, estará Dussán embelesado, atizando la hoguera para que se encienda la polémica y se termine de derretir el pedacito dónde está la última garra de Osito Petro, compuesta por la uña Avellaneda y la otra De Roux.

Es por esto que la garra va a tener que retirarse del iceberg. Se ha quedado sin espacio y le va a tocar meterse al agua para ayudar a nadar a ese enorme cuerpo que se mueve con dificultad hacia una tierra extraña, cubierta de verde, donde tampoco parecen dispuestos a aceptar un oso tan grande y tan peludo.

Eso sí, ahora que lo pienso, Dussán estará feliz con la candela. Con tal que se vayan los que olfatean las manchas en las sábanas, ¡que se derrita el Polo!. Porque así como en el mensaje, el señor se queda sin su casa, en la política colombiana el oso que está haciendo la izquierda, nos tiene convencidos de ¡que se derrite, se derrite! ese  pedacito de vivienda alternativa, que es el Polo.

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