¿Qué se viene?

14 de octubre del 2019

Por: Carlos Salas.

Ser o no ser uribista Opinión de Carlos Salas

La incertidumbre reina en la región y la “brisita bolivariana” ha llegado con toda su fetidez anunciando fuertes vientos, borrascas y hasta huracanes. Se vinieron con todo siguiendo una estrategia bien conocida, de la que creemos librarnos mirando a otro lado. Quienes vemos con preocupación lo que está ocurriendo en Ecuador, Perú, Argentina y otros países latinoamericanos amenazados por la ramplona y muy violenta versión del comunismo que ha surgido en pleno siglo XXI, alimentado por el inmenso negocio de la droga y aliado al crimen transnacional organizado, nos preguntamos si una actitud pasiva es la apropiada en estos momentos.

A veces creemos que desentendiéndonos de los problemas ellos se arreglan solos y mientras siguen creciendo nuestra ceguera se mantiene para abrir los ojos cuando ya no hay solución posible y así sentirnos libres de culpa porque todo ocurrió sin percatáramos siquiera. Es muy triste constatar que eso es lo que vemos en el gobierno y en las otras esferas de poder. Pareciera que manteniendo la apariencia de que las cosas no son tan graves y que los verdaderos problemas los tienen los otros, nos pudiéramos salvar de la “brisita bolivariana” de la que habla, lleno de emoción, Diosdado Cabello.

Les planteo una reflexión ahora que estamos en vísperas de elecciones regionales –en un país fragmentado los poderes locales terminan definiendo el futuro de toda la nación. Hace pocas semanas se vivía una calma chicha tanto en Colombia como en Ecuador y de repente incendiaron el vecino país. ¿Será que nos creemos inmunes cuando  Colombia es un polvorín más grande? De un momento a otro puede estallar y nos cogerá de “sorpresa” porque no quisimos ver ni enfrentar la amenaza a tiempo.

Se llegó el momento de exigir el liderazgo de nuestro presidente. Así las cosas no van nada bien y no nos podemos dejar enredar. Asuntos que en apariencia no son pertinentes entran dentro de la trama de desestabilización del país como la indagatoria a Álvaro Uribe y la polarización buscada como pretexto para generar una farsa de guerra civil que les sería tan provechosa a  los fines macabros de quienes pretenden llevarnos al socialismo a la bolivariana, es decir a la miseria y a la tiranía.

Correa, Maduro, Petro y otros rufianes que quieren volver al poder, mantenerse en él o llegar a la fuerza cuando no se pudo con votos, no encuentran en estos momentos mayor resistencia. Es comprensible cuando recordamos que Lenin Moreno no tiene la fortaleza moral porque Correa lo llevó a punta de fraude a ganar la presidencia y Guaidó no cuenta con el suficiente respaldo para convertirse en el contrapeso a esa estructura criminal que tiene su epicentro en Venezuela. Pero el caso de Iván Duque es diferente. Fue elegido limpiamente, tiene el respaldo del pueblo, de su partido en el Congreso, de las Fuerzas Armadas y tiene la autoridad moral de un verdadero demócrata.

Iván Duque tiene que hacerse líder de lideres y contraatacar desde todos los campos como el militar, el económico, el político y  el diplomático, en el que es muy avezado. Es el momento de unir fuerzas con los países amenazados por la “brisita bolivariana” para que no se convierta en el huracán que arrasaría con nuestro país y la región entera.

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