¿Qué tan solo está el presidente Duque?

29 de noviembre del 2019

Por: Ancizar Villa.

¿Qué tan solo está el presidente Duque?

A esta pregunta se podría responder con otros interrogantes: ¿cuántos parlamentarios de su partido lo respaldan?; ¿cuáles dirigentes nacionales o regionales de su partido político están con él?; ¿quiénes, entre los miembros de su gabinete, están preparados para capear el temporal?; ¿cuántos de sus ministros son reconocidos y escuchados en los medios masivos como voceros válidos del gobierno?; ¿quiénes de los gobernadores y alcaldes salientes y entrantes confían en él?

A la clásica “soledad del poder” de la que siempre se ha hablado, habría que sumarle la soledad de la inexperiencia, la cual no es posible reemplazar con el cúmulo de virtudes que acompañan al presidente Duque: muy buena persona, muy bien preparado académicamente, muy bien relacionado, muy conocedor del país, muy abierto al diálogo, muy incluyente y muy abierto a escuchar a amigos y contradictores. Pero todo eso, no basta.

Hace unos días, publiqué en mi cuenta de Twitter @VillaAncizar un trino que tuvo una importante acogida y que rezaba: “COMUNICAR es el verbo, ; definir voceros creíbles, el vehículo; formar un gabinete nuevo y fuerte, el primer golpe de opinión; citar a una cumbre de partidos, el reto; llamar a una cumbre social, la tarea. @IvanDuque muestre talante de gobernante”.

En esas frases creo, porque está claro que este gobierno comunica mal. Y para girar 180% grados, lo primero es escuchar activamente. Sí, no es posible comunicar bien si se escucha mal o simplemente se oye pero no se tiene en cuenta lo que el otro o los otros plantean. Casi siempre, lo que ese otro plantea tiene una motivación, una razón o una causa. Entonces no son solamente frases que se dicen, sino intenciones que se transmiten. Y entonces, no se trata simplemente de contestar, sino de responder argumentalmente, y esto es, atender con contenidos lo que se ha planteado.

Ahora, la comunicación pública, tiene tres niveles: enteramiento, información y comunicación. En el gobierno todo tiene igual trato. No hay ponderación ni de lo que se debe decir ni cuándo debe hacerse. Son simplemente respondones, pero se les olvida que los cargos no generan credibilidad automática, que si hay voceros no solamente tienen que saber sobre el tema sino ser acatados como fuentes con acreditación pública y que cada cosa que se quiera decir, merece un análisis de momentos y medios.

En cuanto a formar un gabinete nuevo y creíble, la oportunidad está servida a tres bandas: personajes como Luis Pérez, Dilian Francisca Toro, Didier Tavera, Carlos Andrés Amaya, Alejandro Char, Federico Gutiérrez y otras personalidades de la política están terminando sus periodos, tienen capacidad y experiencia probada, provienen de partidos diferentes o son independientes, son reconocidos por el país, han realizado en mayor o menor medida una gestión respetable en asuntos como infraestructura e inversión social, en fin, le podrían hacer entender al Presidente, como a los técnicos reconocidos, que “los partidos se ganan con jóvenes pero los campeonatos con veteranos”, no necesariamente en edad, pero sí, en este caso, con experticia en el servicio público.

Ahora: ¿por qué creer o entender, que dar participación política es ofrecer mermelada? La acepción que volviera famosa el exministro Juan Carlos Echeverry, el país la entiende como corrupción, pero no necesariamente habría que asimilarla a la participación de diferentes fuerzas o movimientos en la conducción de un gobierno. Cuando el Presidente Barco gobernó con su partido y enfrentó la oposición reflexiva del Conservatismo liderado por el expresidente Misael Pastrana, la realidad era bien distinta porque no existían tantos partidos o movimientos como sucede hoy, entonces estaba claro que había dos fuerzas y una izquierda minúscula. Pero obstinarse hoy en Gobernar con un partido de gobierno que además pareciera estar atomizado a su interior, es, por lo menos, ser obcecadamente obstinado.

Y por último, una cumbre social implica no solo escuchar, sino ir donde están los hechos que generan el malestar. Por supuesto, está fuera de la costumbre, pero ¿por qué no proponerle al Congreso en pleno una conversación como le gusta llamar a esos diálogos al primer mandatario, de manera informal, por ejemplo en Hato Grande?, de tal manera que en medio de la naturaleza y el agradable aire de la sabana, se logren unos acuerdos desde un principio posible: todos queremos sacar el país adelante y todos estamos dispuestos a sacrificar un poco, a poner lo que nos toque, para aportar a la solución. ¿Quién dice que eso no es posible?

Y de ese país político, se va al país social, para poderlo escuchar desde los distintos poderes, viabilizar una agenda de soluciones donde los actores de las decisiones estén al menos de acuerdo en lo que se cansó de proponer Gómez Hurtado: un acuerdo sobre lo fundamental. Un liderazgo así, asumiendo riesgos, enfrentando la realidad, acercando experiencia, reconociendo y escuchando la verdad del otro, respondiendo con compromiso y oportunidad, es lo que le permitirá al Presidente Iván Duque mostrar su talante de gobernante.

@VillaAncizar

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