¿Quién le pone el cascabel al gato?

2 de julio del 2012

Las consecuencias de la crisis de la reforma a la Justicia apenas empiezan a vislumbrarse, pero lo que ya se identifica es supremamente grave para el Gobierno, para el país, para los ciudadanos, y especialmente, para los vulnerables. ¿Álguien sensato se atrevería ahora, o en el futuro inmediato, a presentar alguna reforma importante a semejante […]

Las consecuencias de la crisis de la reforma a la Justicia apenas empiezan a vislumbrarse, pero lo que ya se identifica es supremamente grave para el Gobierno, para el país, para los ciudadanos, y especialmente, para los vulnerables. ¿Álguien sensato se atrevería ahora, o en el futuro inmediato, a presentar alguna reforma importante a semejante Congreso de la República? ¿Quién le pone el cascabel al gato? Es el mismo Congreso que aprobó la Ley de Víctimas, que el país ha apoyado, pero su caída de imagen, o mejor, el destape de todos sus vicios, los descalificó totalmente. No solo salió a flote que a la mayoría les interesa más su propio bienestar que su responsabilidad con el país, sino que quedó en evidencia durante los debates el bajo perfil, la poca formación y sobre todo, la irresponsabilidad de los líderes que aprueban sin leer y actúan como esclavos del Presidente Santos. Y además, ni les da pena ni renuncian a dirigir unos partidos que quedaron muy mal ante el país.  Se salvan algunos, sin duda, pero es la minoría, y con ese grupo solamente es imposible discutir algo sin temor a más micos en beneficio propio o de otras instancias del Estado.

El país tiene serios problemas que demandan reformas inmediatas: la salud está en una profunda crisis, así la Ministra y el Presidente se sigan haciendo los locos y cargándole más responsabilidades de papel al sistema, como la homologación del POS. Pero mientras al Vice y al Alcalde de Bogotá los atiendan bien, no preocupa el paseo de la muerte que en clínicas como la Shaio dejen morir a una niña por mal diagnóstico, que la gente se muera en las ambulancias, que atiendan en carpas las urgencias en Bogotá. Pero que no se le ocurra al Gobierno presentar ninguna reformita a la salud para que primen los intereses de senadores y representantes dueños del tema, que ya sabemos para quien trabajan.  Tan o más grave es la necesidad de una reforma pensional, que por Dios, en manos de estos malos padres de la Patria solo se reduciría a autosubirse sus pensiones. Y la reforma tributaria está muerta. Aquí no solo juegan los intereses de los poderosos que no pagan los impuestos que deben, y que saben como aceitar el Congreso, sino la profunda herida que ha quedado entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Señor Presidente este es un costo muy alto que usted tendrá que asumir por tener un gobierno “pequeño” frente a sus responsabilidades, y por compartirlas con un Congreso avivato, lo que termina en el peor de los mundos. Usted mismo no se atreverá a ponerle el cascabel al gato, porque a pesar de las críticas, para un país adormecido que se traga todos los sapos, la reacción de la sociedad civil es el principio de un despertar de los colombianos, y si lo alborota seguirá creciendo y convirtiéndose en la Primavera Colombiana.

¿Qué le queda al Gobierno, a quien chiflan ya abiertamente? Agudizar lo que ha demostrado que no tiene: su capacidad de ejecutar, de sustituir leyes muchas veces innecesarias por acciones, más decisiones tomadas por gente capaz pero valiente. Para ser ministro se necesita vocación de servicio público, sacrificar en lo personal tiempo, dinero y placeres. Creer que el deber cumplido al servicio de un país que tanto le da a los privilegiados y tan poco a los millones de marginados, es realmente el motivo de su vida. ¿Será que el Gobierno le pone el cascabel al gato? 

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