Se la montaron

28 de octubre del 2013

Que el científico Raúl Cuero sea un tipo pretencioso o, por decirlo de otra manera, tenga tan desbordada autoestima y que para convencer a otros de su valía exagere sus éxitos profesionales, es algo que habla mal de su personalidad. Allá él si le gustan más los halagos que la ciencia. De esos comportamientos ya […]

Que el científico Raúl Cuero sea un tipo pretencioso o, por decirlo de otra manera, tenga tan desbordada autoestima y que para convencer a otros de su valía exagere sus éxitos profesionales, es algo que habla mal de su personalidad. Allá él si le gustan más los halagos que la ciencia. De esos comportamientos ya teníamos noticias en otros científicos con egos igualmente alterados como el de Manuel Elkin Patarroyo.

Pero lo que ha sucedido esta semana con el doctor Cuero (Hasta ahora nadie ha desmentido su doctorado, me parece…) es exagerado y a todas luces racista.

Entiendo que El Espectador diera a conocer el informe del doctor Rodrigo Bernal en el que punto por punto demuestra que infló o dejó inflar la información sobre sus logros. Cualquier medio encontraría interesante generar esa polémica, en especial si quien la arma arriesga su prestigio a nombre propio.

Tengo dudas, eso sí, sobre la pertinencia de colocar el tema como el principal en el portal de ese día. Posiblemente muchos otros asuntos le habrían ganado en importancia a una pelea sobre las credenciales de un científico… pero se le dio el mayor destaque, tal vez como respuesta a una entrevista de María Isabel Rueda en El Tiempo donde lo ensalzó hasta niveles ridículos.

La arremetida mediática contra Cuero sonaba más a linchamiento estilo Ku Kux Clan que a periodismo objetivo, había que dar un escarmiento a ese negro por meterse en terrenos de los blancos. Oía las entrevistas y los debates y no podía dejar de imaginarme las ideas que se estaban fomentando en la opinión pública: ¡Un negro mentiroso!, se creía mejor que los blancos pero era una farsa, ya saben, que el que no la embarra a la entrada lo hace a la salida.

Y debo confesar que me molestó ese ensañamiento y me molestó que en el mismo Espectador, se hiciera un seguimiento con titulares tendenciosos e informaciones de poca profundidad como aquel del: “Itinerario mercantil de Raúl Cuero” en una insinuación de manejos indebidos por parte del profesor por contratos con entidades públicas. Al leer el informe no encontré ninguna justificación para tan sesgado titular. Recibir fondos públicos es una práctica rutinaria en las instituciones académicas o de investigación y no un mero acto mercantil, ni mucho menos un delito.

Ha sido sin duda desproporcionado el debate, necesario pero exagerado, tanto por parte de quienes lo endiosaron como por parte de los que ahora quieren acabarlo. Raúl Cuero, pese a su egolatría, es un ejemplo en Colombia y un orgullo para la población afrodescendiente en particular. Muy pocos se resisten a la influencia del dinero fácil y la delincuencia en que está sumido el Pacífico o al vicio y a la traquetocracia que ha invadido a su pueblo natal Buenaventura. Cuero se esmeró, se preparó y dedicó su vida a la ciencia y eso es ya de por si meritorio. ¿Que no haya llegado más lejos? Es posible, pero para mí llegó ya bastante más lejos que el promedio colombiano y eso que partió de más abajo.

Me parece racista ensañarse con él. ¡Listo!, ya vimos que no es el super científico, que es apenas un PHD más de los pocos PHD negros que hay en Colombia. También quedó claro que la universidad en la que trabaja no es Harvard, MIT o Stanford, y que sólo tiene dos patentes – ¡Dos! Lo que ya parece un logro para el promedio que muestran otros colombianos – Pero esa gavilla, esa masacre colectiva que quiere impulsar el doctor Bernal resulta exagerada y al Espectador se le ha ido la mano en servir de plataforma para lapidar a un hombre del que al menos debemos decir que se ha esforzado.

Un director tan responsable y auto crítico como Fidel Cano debería darse cuenta que ya está bien de tanto matoneo. Definitivamente se la montaron a Cuero y como en los recreos, cuando un muchacho le da una pela a otro, después de la humillación no hay que dejarle lanzar escupitajos.

www.margaritalondono.com

http://blogs.elespectador.com/sisifus/

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