Razones para celebrar

31 de diciembre del 2012

No sé por qué hay tanta ave del mal agüero, entre las que incluyo a algunos compañeros columnistas y a mí mismo cuando me torno fatalista. ¿Cuál es el escándalo? Estamos bien, a pesar de que en los últimos 70 años los colombianos no hemos hecho nada distinto de tratar de acabar con este país: […]

No sé por qué hay tanta ave del mal agüero, entre las que incluyo a algunos compañeros columnistas y a mí mismo cuando me torno fatalista. ¿Cuál es el escándalo? Estamos bien, a pesar de que en los últimos 70 años los colombianos no hemos hecho nada distinto de tratar de acabar con este país: terrorismo, grupos ilegales, masacres, corrupción, exclusión, desigualdad, entre otras horribles cosas. Pese a sus múltiples desventuras y flagelos, Colombia sigue erguida como un cóndor de los Andes que atraviesa raudo y veloz la cordillera.

¡Tampoco es para tanto! ¡Qué problema puede haber en que el Presidente incumpla sus promesas de campaña?, ¿en que estructure una Reforma Tributaria a la medida de sus amigos más pudientes comprando al Congreso con puestos y contratos?, ¿en que quiera aumentarle una miseria al salario mínimo –que ya de por si es bastante miserable-, a sabiendas de que es una gran injusticia?, ¿en que se haga el ciego frente a los graves problemas de seguridad que azotan a todas las regiones de la geografía nacional?. No hay lío si Santos cree que implementando unos programas sociales de medio pelo en San Andrés, Colombia recupera más de 70.000 kilómetros cuadrados de mar territorial. (Nada puede ser peor que el fallo). ¡Qué importa que las casas de Vargas Lleras no se construyan antes de 100 años de soledad y que las mentadas locomotoras del Gobierno estén más averiadas que el tren que llevaba a Escalona de Valledupar a Santa Marta!

El mundo no se va a acabar porque Gustavo Petro, el “incomprendido” Alcalde de la capital, haya convertido a Bogotá en un muladar. La soberbia de Petro (nombre elegante con el que se conoce a la imbecilidad) no alcanza para que las cosas tiendan empeorar. Que Petro gobierne improvisando y guiado por sus complejos y malquerencias y que, además, lo haga a través del Twitter no es gran cosa, la verdad. ¡Dejen de ser tan apocalípticos y prevenidos! Petro no busca dividir la ciudad entre ricos y pobres con un discurso incendiario y tampoco toma decisiones populistas para posicionarse como candidato presidencial. ¡Qué va!

No le veo problema a que el Congreso esté judicializado y las Cortes politizadas, a que haya ternas de dos y un solo partido de oposición, a que entre los órganos de control se “pisen las mangueras” en busca de protagonismo, a que lo importante sea el empaque y no su contenido. La política colombiana parece una pecera gigante: delfines, lagartos, batracios y víboras, todo un microcosmos que garantiza la supervivencia y proliferación del cohecho, el peculado, el prevaricato y demás hierbas del pantano. Siempre ha sido así, no hay por qué mortificarse.

Ciertamente, la justicia ya no es solo para los de ruana. Estoy convencido de que si cualquier jefe paramilitar acusa de alianzas ilegales a Pachito Santos, por ejemplo, y a un alcalde de un pequeño pueblo de la costa Caribe, ambos serán medidos con el mismo rasero. De seguro que a los “genios empresariales” de Interbolsa también los van a extraditar como hicieron con David Murcia y Garavito, el asesino de niños, será un día director de Bienestar Familiar.

Ahora sí, hablando en serio, la verdad es que la complejidad parece ir de la mano con la colombianidad. Nos suicidamos como sociedad cada vez que se presenta la oportunidad y olvidamos deliberadamente que un Estado civilizado no se puede construir sobre las bases del odio, la mezquindad, la deshonestidad, la traición, la mentira y la violencia.

A pesar de la dura realidad y de las terribles circunstancias que rodean la historia de Colombia, es seguro que mientras cohabiten el amor y la pasión en nuestros corazones habrá razones para celebrar, y también habrá esperanzas de un mejor futuro, de un mejor país.

Feliz año y mis mejores deseos para todos en el 2013.

La ñapa: Bienvenido, Salvador, hijo de mi alma, sangre de mi sangre, fruto del amor.

abdelaespriella@lawyersenterprise.com

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