Reconocer, un verbo que empezamos a conjugar

28 de agosto del 2019

Opinión de Ancizar Villa.

Reconocer, un verbo que empezamos a conjugar

Me ilusiona. Cinco ejemplos me hacen creer que estamos empezando a entendernos y los protagonistas son los Gremios, los gobernantes, los políticos y los deportistas. Durante los últimos días, desde ópticas y temas muy disimiles, he venido notando que hay como un hálito, como un espíritu renovador, como un deseo no expresado de entendimiento desde la diferencia. Pareciera que el cansancio después de tanta crítica, tanta ofensa, tanta agresividad, tanto negativismo y tanta injusticia, estuviera dando una pausa, un respiro, una oportunidad como de limpiar los lentes del análisis para tratar de ver no lo que cada quien quiere ver, sino la realidad de lo que está pasando.

A ese maltrato con el cual, desde el comienzo de su mandato, ciertos sectores de la población han sometido al primer mandatario de los colombianos, subvalorando sus capacidades y menospreciando su preparación, empieza a llegar desde diferentes miradas gremiales o políticas, como durante el congreso de la ANDI o en el Taller Construyendo País con el Alcalde de Cali, un reconocimiento de capacidad, de que está haciendo las cosas bien y de que su discurso de llamado al diálogo creativo y a la relación armoniosa entre los colombianos, empieza a ser entendido y acatado.

Por su parte, el masivo, reiterado y sonoro aplauso que tanto los medios nacionales como los influenciadores de opinión (o legitimadores como más me gusta llamarlos), le han dado al gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, tras la entrega en tiempo y costos que pudieran considerarse récords en Colombia, del túnel y los viaductos de Oriente en ese departamento, dejaron en el olvido las burlas que generó cuando propuso el metrocable que otro líder favorecido y mimado de la opinión denominó como una desfachatez y que hoy no solo es un excelente medio de transporte sino un modelo exportable del país, aunque vale decir que ese es sólo uno de los túneles, que ha pavimentado más de mil kilómetros de vías rurales, que ha defendido a la población sin medir imagen por el problema de Hidroituango, que pactó con el gobierno Nacional el “Punto Final” para quedar a paz y salvo con la salud, y muchas otras obras que merecen más aplausos y más reconocimientos.

Entretanto, la candidata Claudia López, al ser preguntada por un oyente en Caracol Radio el pasado lunes 26 de agosto sobre qué continuaría de la obra de gobierno de Peñalosa, respondió sin gritos, sin adjetivos descalificadores ni sensación de malestar en el tono de su voz que las vías, las cuales citó en detalle, los parques, los colegios y otras cosas más tendrían su dedicación y cuidado y que les daría feliz término, y eso que no mencionó el metro elevado, con el cual ya se había comprometido, desde la perspectiva de que no nos podemos ahogar en otra discusión que no permita, al fin, tener un tren que Bogotá reclama desde hace más de 30 años.

Ya en una anterior columna había tocado el tema, desde otro ángulo, de la “Eganmania” y hoy quiero insistir en que el saludo fraternal de todos los colombianos por su triunfo, como días atrás había sucedido con Farah y Cabal, sin importar la región de su procedencia, sino lo que están significando como lecciones vivas de vida y modelos a seguir, muestran que los regionalismos solo son buenos cuando impulsan la emulación sana y no la bronca inútil, porque siempre tendremos que concluir que en cada lugar hay gente, proyectos y razones dignas de imitar o adoptar.

Por último, igual sucedió con las declaraciones del portero titular del Independiente Medellín David González, el domingo pasado, cuando después de perder dolorosamente con su rival de patio sostuvo que “esto es lo que los equipos en Colombia tienen que hacer, jugar así, sin miedo, Nacional es el único equipo en Colombia que es capaz de hacer eso y con un rival de peso como el Medellín”, mientras en las afueras del estadio, más de 42 mil personas, seguidores de los dos equipos, salieron tranquilos sin sobresaltos, muertos o heridos hasta donde llegaron mis informaciones

Reconocer es el verbo de arranque que permitiría, si fuésemos capaces, conjugar otros que le son afines, como: respetar, perdonar, continuar, terminar, acordar y progresar sin tenernos que maltratar, agredir, desacreditar y menospreciar. Si lo que he oído en los últimos días es una ilusión pasajera, me dolería terriblemente, si es un cambio de actitud, una oportunidad de encuentro, estaríamos yendo por el camino correcto, porque está claro que no es impositivo creer y querer lo mismo, pero sí reconocer y apreciar lo bueno del otro.

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