Crisis ambiental: una reflexión

20 de diciembre del 2010

La gestión ambiental tiene que tener cuatro componentes articulados para que su impacto sea positivo: política coherente y amplia teniendo en cuenta la participación ciudadana; tecnología adecuada a las realidades locales y nacionales; instrumentos económicos y tributarios para prohijar las actividades ambientales; cultura ciudadana a través de los procesos educativos formales, y campañas masivas y continuas en los medios de comunicación social.

En ese contexto, los instrumentos económicos y financieros forman parte del desarrollo ambiental. Colombia cuenta con una gran variedad de instrumentos económicos, financieros y tributarios en esta materia. Estos instrumentos cubren una gran variedad de asuntos tales como:

1.                  Contaminación principalmente con las tasas retributivas;

2.                  Utilización de recursos naturales con las tasas por uso, tasas compensatorias, tasas de aprovechamiento forestal;

3.                  Manejo de residuos sólidos a través de la compensación municipal por permitir la ubicación de rellenos sanitarios en su territorio;

4.                  Cambio climático con el desarrollo de Mecanismos de Desarrollo Limpio –MDL; Conservación de ecosistemas estratégicos con el Certificado de Incentivo Forestal –CIF- de conservación, pagos por servicios ambientales, destinación del 1% de los ingresos corrientes de los municipios y departamentos, transferencias del sector eléctrico;

5.                  Actividades de Prevención de la contaminación con deducciones de IVA y de renta.

Esta numerosa cantidad de instrumentos, sin embargo, presentan dificultades en su implementación ya sea por una deficiente destinación de los recaudos, por un bajo nivel de monitoreo de su ejecución o por su baja difusión o apropiación.

A manera de ejemplo la tasa por uso del agua, desde su reforma en 2005, no tiene las condiciones de eficiencia económica, no recauda los recursos necesarios para hacer una gestión ambiental de las cuencas y es considerada muy alta por el sector agrícola.

El CIF de reforestación se ha centrado en la promoción dela reforestación comercial olvidando la reforestación protectora.

Las transferencias del sector eléctrico se han convertido en la segunda fuente más importante de financiación del SINA, sin embargo no cuenta con mecanismos para controlar que se destinen a temas ambientales y de saneamiento básico, tal como lo han manifestado tanto la Procuraduría General de la Nación y la Contraloría General de la República. Ni decir de la destinación del 1% de los ingresos corrientes de las Entidades Territoriales, que no han cumplido su función y se requiere mayor eficiencia en su aplicación para adquirir los predios estratégicos que exige una adecuada conservación de páramos y cuencas productoras.

En cuanto a los incentivos tributarios, si bien ha habido un crecimiento de la utilización de los mismos, todavía hay desconocimiento por parte de la mayoría de las empresas y por lo tanto, no se logra un mayor impacto.

Así mismo, llama la atención que todavía existen instrumentos económicos y financieros que no han sido reglamentados tales como las Tasas Compensatorias; Tasas de Aprovechamiento Forestal; Pago por Servicios Ambientales. Tampoco se les ha asignado recursos para su implementación como en el caso del CIF de Conservación.  Esta falta de reglamentación crea un vacío en instrumentos que incentiven la conservación de ecosistemas naturales por parte de particulares y en consecuencia, los principales incentivos vigentes están dirigidos a fomentar actividades industriales o a disminuir la contaminación que causan (CIF de reforestación e incentivos tributarios).

Como se puede observar todavía falta mucho por hacer; en nuestro país, se dice con frecuencia, que tenemos muchas normas y que lo que falta es aplicarlas, y lo más importante cumplirlas. Aquí tenemos claramente ejemplos fehacientes.

El reto de todo el Sistema Nacional Ambiental –SINA- es poder consolidar estos instrumentos; la ciudadanía, empresas, organizaciones, academia, conocerlos y aplicarlos; y las entidades que reciben los recursos aplicarlos adecuada y eficazmente para poder avanzar con mayor celeridad en la gestión ambiental integral que todo el país reclama.

No hacerlo implica que lo que los impactos serán menos positivos y los asuntos ambientales no dan espera; ya la naturaleza nos ha ido avisando estruendosamente y con dolor que si no actuamos en protección de páramos y cuencas, en adaptación y mitigación de los efectos del Cambio Climático, los costos de remediación, como dice el Informe Stern, serán mucho más altos que lo nos costaría actuar ahora.

¿Qué esperamos?

Gustavo Galvis Hernandez
Presidente de la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones –ANDESCO-

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