Región de ficción

Región de ficción

6 de noviembre del 2016

Aún me parece inverosímil. Me parece más una novela de ciencia ficción o una novela negra cargada de robos, asesinatos y malandrines de toda laya que una realidad para una región carente de recursos para lo esencial.

Sesenta y ocho mil millones de pesos echados a la basura por culpa de la ineptitud y la avaricia de un gobierno municipal amancebado con el dinero, ausente del verdadero sentido de gobernar.

Ineptitud consciente y manifiesta de un tarado que confundió gobernar la ciudad con rescatar a toda costa su dinero, invertido en tres campañas electorales, y pagarles el favor a quienes apostaron a su candidatura, más pensando en un negocio rentable que en un aporte al desarrollo de la ciudad.

Sin programas específicos, la nave del olvido comienza a navegar.

Ahora se suma al descalabro el hallazgo de la Contraloría General de la Nación de irregularidades en las ciudades subsedes donde más de tres mil quinientos millones de pesos se envolataron en la ejecución de los Juegos Nacionales.

Otra vez los Juegos Nacionales.

Chaparral, Espinal, Melgar, Prado y Líbano también se cubrieron con el manto de la duda, la oscuridad de maniobras económicas y el pool de contratistas que, ávidos de cumplirle a sus bolsillos, protagonizaron el espectáculo más vergonzante y despreciable que se haya escenificado para el pobre desempeño de nuestra región.

No fueron los Juegos Nacionales sino los Juegos del Hambre, Los Juegos de la Oscuridad, los Malditos Juegos.

Aunque nos sirvieron para desnudar la clase de políticos que nos gobiernan.

Y es poco lo que dicen los ibaguereños, más allá de las protestas de café y corrillo, más allá del chisme. ¿Elegir otra vez a los mismos?

Ahí están los deportistas que alcanzaron a protestar algunas veces, pero ahora se conforman con entrenar en las calles y en los lugares menos adecuados (como si regresáramos a la época del potrero y la plaza de mercado), mientras los corruptos se pasean en sus lujosos carros y permanecen en sus casaquintas gozando de la inefable paz de su deber cumplido.

Y no pasa nada en la ciudad. La indignación es sólo una postura pasajera. Pareciera ficción. Pareciera la novela negra que no se escribirá porque el pudor es cercano al conformismo y al arribismo social que corroe nuestra sociedad.

Aún me parece inverosímil que la vida siga como si nada, lamentando las mismas carencias y poniendo la totuma para realizar eventos culturales, mientras los recursos que debieron potenciar nuestro accionar en las disciplinas deportivas y artísticas se diluyen y se pierden en maniobras dilatorias entre abogados venales y una justicia mueca, sin dientes, incapaz de actuar por la maraña de normas y leyes donde sólo es clara la inocencia de los corruptos.

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