Regreso al pasado

Regreso al pasado

17 de abril del 2018

Volvemos a vivir la pesadilla. Un regreso al pasado que creímos haber superado. Las imágenes de los secuestrados por las “disidencias” de las Farc con sus cadenas y candados seguidas de la triste noticia de su muerte violenta nos recordaron la larga agonía de nuestro país en manos de la guerrilla.

La captura de Santrich también nos refrescó lo que nunca debimos olvidar: que el narcotráfico es la única realidad detrás de la fachada política de la guerrilla colombiana. El motor de todo este sufrimiento es la maldita hoja de coca, que es el negocio que realmente le importa a los violentos colombianos, ya sean traficantes o seudo- guerrilleros.

Santos quiso hacernos creer que esto no volvería a pasar pero por fin estamos despertando y entendiendo que, de la falsa paz, sólo queda el premio Nobel. La confirmación de que las Farc siguen activas en el negocio del narcotráfico es la confirmación de la negociación oculta que hubo en La Habana en la que el gobierno colombiano, es cada día más claro, aceptó que siguieran en sus actividades ilícitas a cambio de renunciar a la aspiración de llegar al poder por la vía violenta. Lo que no le quieren recordar a los colombianos es que, en el Acuerdo, las Farc no adquirieron compromisos de erradicación de los cultivos y por lo tanto pudieron montar el esquema de las disidencias para seguir en el narcotráfico mientras una parte de ellas finge jugar a la legalidad.

El problema de negociar con bandidos como si fueran honorables, es que las malas tendencias permanecen y la tentación del dinero fácil es irresistible. La máquina de cocaína nunca ha funcionado tan fuerte como después del acuerdo. Jamás, ni siquiera en la época de Samper el presidente de los narcos, tuvimos tanta capacidad de producción. Ese es el verdadero legado de Santos: un océano de coca en un país sin instituciones y con una fuerza pública desarticulada.

Como en las tragedias griegas se caen las máscaras de quienes han venido sosteniendo la pantomima. Las Farc confirman que siguen en la criminalidad. El gobierno, puesto en evidencia por los Estados Unidos y las realidades del terreno, intenta mantener la ficción de que la paz es algo que tiene credibilidad en la opinión.

Los colombianos, como siempre, despiertan de su letargo para encontrar que, otra vez, fueron engañados y que el país deberá enfrentar una nueva pesadilla que parece no tener fin.

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