¡Renuncie! Corte Inconstitucional

6 de abril del 2015

Frente a la crisis de la justicia, especialmente en tratándose de la Corte Constitucional, debe operar el principio simple que opera en el fútbol: cuando los jugadores no juegan bien se cambian… sea uno… dos… o todo el equipo como ocurre en la actualidad… Es curioso pero frente a la crisis grave por la que […]

Frente a la crisis de la justicia, especialmente en tratándose de la Corte Constitucional, debe operar el principio simple que opera en el fútbol: cuando los jugadores no juegan bien se cambian… sea uno… dos… o todo el equipo como ocurre en la actualidad…

Es curioso pero frente a la crisis grave por la que pasa la justicia algunos queriendo no comprometerse han caído en la trampa de Jorge Pretelt, magistrado de la Corte Constitucional, según la cual las responsabilidades son meramente individuales. Sin embargo, quienes han leído la Ética a Nicómaco de Aristóteles, o la moral de Kant, o la ética Hegel incluso en las guías más elementales sobre su análisis que señala los alcances de la libertad humana, frente a las leyes de la necesidad que gobiernan la naturaleza, y por tanto las ciencias naturales, es claro que hay una serie de valores compartidos, personales –moral- o colectivos –ética-, pero que en cualquier caso pueden derivar en el decálogo de responsabilidades de cara a la sociedad tanto de manera individual como colectiva.

En otras palabras, en ocasiones las responsabilidades pueden ser individuales, pero también pueden ser públicas. Creemos que nada más antiético de parte de los magistrados de la Corte Constitucional, al tener de lo expresado, que considerar que fallas tan graves en una entidad judicial que tiene por misión proteger el pacto fundante de la nación, no pueden considerarse como simples fallas “personales”, o aisladas.

Cambiemos todo para que todos sigan igual

Lo peor es que los actuales magistrados de la Corte Constitucional creen que sus fallas a la integridad y probidad solo son fallas individuales y no colectivas. Creen que el país está obligado a perdonarles las cuotas burocráticas que los mismos, no menos de cuatro tienen en la Fiscalía General, o el hecho de una magistrada ser cuota directa del Fiscal General, y otro del cuestionado expresidente de la Corte Constitucional y miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Rodrigo Escobar Gil – contratista de Fidupetrol- y asesor personal de Jorge Pretelt.

Los magistrados de la Corte Constitucional de manera retorcida creen que permitir la “compra de sus conciencias” es algo tolerable, e incluso algo digno de entenderse y validarse como una práctica respetable, digna de no ser censurada por la sociedad entera.

Los desviados magistrados de la Corte Constitucional creen que permitir feriar al “mejor postor” el marco jurídico para la paz, y permitir toda suerte de interferencias por parte del Fiscal General de la Nación, funcionario judicial, exviceprocurador General llamado a respetar la autonomía, independencia e imparcialidad de la corte constitucional.

Muchos creen que será suficiente con una rendición de cuentas, transformada en una reunión privada y un comité de autoaplausos, o la revisión del reparto de tutelas, o la separación de las funciones electorales será suficiente pero se engañan. Serán estos magistrados quienes terminen premiados y continúen hasta el final de sus periodos, y sigan administrando injusticia, sin que nada les pase pese a haberle ocultado al país lo que pasaba al interior de la misma, no solo respecto de supuestas coimas, sino el intercambio de tutelas de su resorte de intereses personales, entre otras malas prácticas. Ese poder de mantenerse en el cargo, les permitirá incidir en la elección de sus reemplazos, en su momento, y en las de las otras cortes que convertirán esas plazas en algo así como por suerte de justicia hereditaria, según la cual se cooptan unos a otros: los actuales designan sus sucesores, cuando las otras cortes no están libres de pecado ni mancha, por el contrario son presas devoradas de las mismas prácticas.

Las complicidades del silencio

Es vergonzoso que algunas organizaciones sociales, o de seguimiento a la justicia, o gremiales al interior de la justicia sin vergüenza alguna digan que las responsabilidades son individuales. Mas parece que estuvieran esperando la oportunidad de postularse para esos mismos cargos por cuenta de su silencio y permisividad cómplices, que la legitima posición de las bases de sus organizaciones que precisamente demandan soluciones más radicales, que pasan –no se agotan- por la renuncia de tales magistrados.

La renuncia de la Corte Constitucional no es un acto voluntario es una exigencia pública

Se equivocan quienes piensan que la renuncia es un acto personal y que por lo mismo no puede ser solicitada por la sociedad o el Gobierno de turno. Por el contrario, frente a hechos y señalamientos tan graves, frente a estándares éticos altos, según los cuales los magistrados deberían renunciar en bloque, sin perjuicio de los diversos grados de responsabilidad entre unos y otros, es legítimo que tanto la sociedad civil, de la cual hacen parte los servidores públicos, como estos, soliciten la renuncia de otro miembro abiertamente indigno de un poder público distinto, sin que por ello halla ruptura de la separación de poderes, pues la Carta indica que los mismos en todo caso concurren en la “realización de los fines del Estado”, cuales son la integridad, la probidad, la justicia misma y la vigencia del Estado social de derecho en el marco de una democracia participativa.

Lo preocupante seria que el Gobierno Nacional “pasara de agache” sobre el escándalo más grave de la Corte Constitucional en toda su historia, y preocupante que haya quienes arredren contra el Ejecutivo por advertir, señalar y solicitar la renuncia de un magistrado de la Corte Inconstitucional –lástima que fuera solo a uno de nueve- frente la macabra podredumbre de la justicia en Colombia.

@pablobussanc

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