2019, un año plano

27 de enero del 2019

Opinión de Jaime Arias

Duque no se raja este año opinión Jaime Arias

Generalmente esperamos que cada año nuevo sea mejor que el anterior en la vida personal y en la colectiva, como nación, pero eso no pasa de ser un simple deseo, basado en el sentimiento de que las cosas deben mejorar y que tanto las personas como las sociedades tienden al progreso continuo. En el caso de los individuos, los años de niñez y juventud suelen ser los que traen más cambios positivos y de progreso, y convierten el vivir en un período rosa; para una población selecta que se prepara, la actividad profesional y de negocios significa, durante los años productivos, cosechar triunfos, ganar más dinero y reconocimiento, y construir un futuro sólido. Sin embargo, para la mayoría de las personas la existencia, año tras año, tiene lugar sin mucho avance y, en general, para quienes cruzan la barrera de la tercera edad, cada año hace parte de un existir repetitivo y de un lento declive. Tal vez este panorama pueda aparecer como pesimista, pero, con frecuencia, corresponde a la realidad; afortunadamente la mayoría no suele tener mucha conciencia de la necesidad de crecer y progresar, y no se atormenta con ese tipo de consideraciones.

En el caso de Colombia, si los pronósticos se realizan de una manera racional y científica, con fundamento en la capacidad real de crecimiento, mirando las tendencias, el progreso de los últimos años, y factores positivos y negativos de la vida social y de la economía, probablemente el año que comienza va a resultar plano, al menos para la nación, como agregado. Es mejor el realismo ilustrado que vivir de ilusiones, escuchar los discursos optimistas de los gobiernos, o soñar con mejoras que probablemente no llegarán. El progreso, cuando ocurre, suele ser lento, paulatino, casi imperceptible, con excepciones como la de los tigres asiáticos —comenzando con China—, y, en esos casos, los resultados se obtienen gracias a décadas de preparación silenciosa.

No existen muchas razones para pensar que el nuevo año va a ser maravilloso, como tampoco las hay para intuir que será malo: es mejor tener un optimismo moderado, querer y hacer lo posible para que las cosas salgan razonablemente bien sin crear expectativas inalcanzables. La economía viene en lenta recuperación con crecimientos moderados, y, de continuar con ese ritmo, nos tomará más de un cuarto de siglo alcanzar el nivel de vida que tienen hoy países como España e Italia, y más de una década alcanzar a Chile, en nuestro continente.

Este nuevo año tendremos un impacto menor por cuenta de la Ley de Financiación o minirreforma tributaria, impulsada por el ministro Carrasquilla, y en los sucesivos el impacto podría ser neutro o negativo. Algunas inversiones podrían activarse con las medidas adoptadas en la misma ley, como sucede con las relacionadas con la economía naranja y las que pudieran hacer los grandes grupos económicos; el alza de salarios podría contribuir en menor grado a mejorar el nivel de consumo de los que devengan el salario mínimo, pero no será un renglón que incentive el empleo; los precios de las materias primas están estancados, incluyendo el petróleo que es para nosotros importante por las implicaciones fiscales; la producción industrial se mantiene, pero sabemos que es de bajo valor añadido; la productividad, base del poder de competitividad, sigue en niveles bajos. Lamentablemente, podrá seguir creciendo la renta de los narcocultivos, lo cual aporta poco a la economía nacional y, en cambio, exige mayores gastos en defensa y justicia. Para finalizar, viviremos el efecto de la política, cada vez más enredada y polarizada: las elecciones locales de octubre marcarán la agenda del Congreso y serán un factor de agitación, pues constituyen el indicador principal de aprobación del gobierno Duque.

Del ámbito gubernamental podrían esperarse mejores resultados que los del año anterior, mas no extraordinarios.

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