S.O.S por un niño

26 de enero del 2011

No suelo usar las columnas para litigar en causa propia, pero hoy me pienso tomar esa licencia. Y digo causa propia porque he conocido un lamentable hecho que merece toda nuestra solidaridad.  Se trata del caso de un menor de Bogotá, quien fue víctima de una bala que ingreso a su residencia, lo alcanzó y lo dejo cuadripléjico.

Este joven depende 100% de sus padres y de la caridad de sus conciudadanos. Al papá no le dan puesto porque tiene que salir todos los días en las horas de la mañana con su hijo alzado, para llevarlo a un centro de rehabilitación a que le hagan sus ejercicios. Su mamá hace las labores de la casa y atiende las necesidades de su hijo discapacitado y de su hermanita de 11 años.

La familia vive literalmente escondida pues a todos les da miedo salir a la calle ya que el agresor está a punto de ser condenado y les ha hecho llegar las amenazas de rigor, como corresponde a un criminal que dejó a un niño paralizado de por vida.

El padre con tristeza y melancolía relata cómo muchas noches durante la semana, tiene que acostar a sus hijos y a su esposa con una sola agua de panela pues su dieta depende de los ingresos que no tiene.  Solo hasta hace un par de días alguien le mandó de regalo al niño un computador, adaptado a sus necesidades, para que nuestro joven amigo pueda salir de su cárcel a pasear por el mundo virtual que le ofrece la red.  Tal vez si él viera que puede  “caminar” sin andar, estudiar, graduarse y viajar por el mundo de su teclado, seguramente saldrá de la depresión que se le atragantó y que, según relata, lo pone en indisposición con los pocos alimentos a los que tiene acceso.

Nuestro amigo quedó abandonado a su suerte, suerte que sólo conmueve a su familia. El estado colombiano lo olvidó, lo abandonó, lo dejo postrado en una cama al vaivén de cualquier persona que quiera ayudarle. Y eso es precisamente lo que hacen sus vecinos, gente humilde, pobre, sin recursos, que todas las semanas hacen una colecta para que el niño pueda ser alzado entre un taxi para ir a recibir sus terapias.

Mientras vemos casos como este, me duele y me enfurece saber  cómo en este país se roban billones de pesos del erario que queda en los bolsillos de unos piratas sin escrúpulos, mientras tenemos asuntos como el de este niño, que solo aspira a que alguien le ayude a su familia con una casita que se pueda adoptar a sus múltiples necesidades.

¿Será mucho pedir que le ayuden? ¿Acaso para una sociedad hay algo más importante que sus menores? ¿En qué está el Estado colombiano? ¿Y dónde están los programas de vivienda social?

Les confieso toda esta situación  me conmueve, entristece y, desde ya, me declaro defensor de oficio de esta familia, pues si los funcionarios y el estado no sirven, los demás colombianos podremos demostrar que somos superiores al país que no tocó en suerte. Ayudemos a esta familia, así ese solo sea un granito de arena. Este es un S.O.S por el menor, su hermanita y sus jóvenes y desvalidos padres. Espero que este llamado no caiga en el vacío,  quiero creer que este país es mejor de lo que lo construimos, o de golpe destruimos,  los viejos como yo.

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