Salid del clóset!!!  Pero quedaros en el cuarto…

Salid del clóset!!! Pero quedaros en el cuarto…

23 de agosto del 2016

El tema de las cartillas que pretenden impulsar la convivencia y el respeto a la opción homosexual, ha puesto sobre el tapete cuán ancho y ajeno es el asunto sobre el que pretendía llamar la atención la Corte Constitucional cuando ordenó al Ministerio de Educación que revisara las normas y las formas con que se educan a los niños en Colombia, a propósito del suicidio de un menor matoneado por su condición homosexual. Y como aquí hay para todos los gustos pues han saltado ni cortas ni perezosas las innumerables desviaciones que pululan respecto de lo que debe ser el respeto por la diferencia, el respeto al otro y la justa lucha por la reivindicación de los derechos de quienes optaron por una escogencia sexual diferente a la biológica.

En primer lugar porque se han querido tergiversar las intenciones de la Corte, que se relacionan más con los derechos y el respeto a la diferencia que con promover un supuesto cientifismo alrededor de la identidad sexual. Pidió la Corte “implementar la educación para el ejercicio de los derechos humanos e incorporarlos de manera expresa en los proyectos educativos de todos los colegios del país”. La Corte no ha pretendido ser autoridad teórica sobre identidad de género. Su función es velar por los derechos y no buscar como se acomoda el derecho a las teorías posmodernas sobre género. Mas allá de que el gay nazca o que se haga, mas allá de que sea por preferencia sexual o por aceptación de su verdadera naturaleza intrínseca, lo cierto es que hay que respetar sus derechos.

Y para el caso de los niños esto implica que hay que tratar de orientarlos hacia la comprensión del otro como un legítimo otro, para evitar el matoneo a quien siente diferente. Y en el caso de los padres, la mayoría construida culturalmente en unos valores tradicionales, hay que tratar de reeducarlos sobre todo para que no vean esta opción como una desgracia familiar cuando les toque o como una enfermedad cuando es el caso del vecino. La idea es generar una nueva cultura en la que se acepte que ser homosexual es tan legítimo como ser heterosexual y que hay que comprender esta realidad como una conquista de las democracias modernas. Otra cosa muy diferente es que la comunidad gay crea que lo que hay que aceptar es que los niños que se portan como niños o las niñas que se portan como niñas lo hacen como producto de la cultura machista y patriarcal que los desvía en contra de sus inclinaciones reales que han de ser descubiertas en el camino de la vida.

Es oportunista de parte de los gay, que definitivamente metieron sus manos en esas cartillas, para aprovechar y tratar de generalizar conceptos que son muy propios de su comunidad como el de que no se establece el sexo de una persona sino hasta cuando se confronta socialmente. El hecho de que algunos elijan una inclinación diferente a la tradicional no significa que todos tienen que dudar si pertenecen o no a su sexo biológico. Echar a andar esa especie es tratar de introducir la ideología de género por la puerta de atrás y eso fue lo que provocó la reacción de los padres de familia. No se necesita ser facho o retrogrado para saber que aquí hay un oportunismo gay que quiere cabalgar sobre unos derechos para intentar hacer creer a los niños que no se pueden declarar hombres o mujeres hasta tanto no descubran si no son gay. Y eso de una u otra manera es introducir la confusión y sembrar la duda.

Parece que la comunidad gay vive aun el síndrome de las minorías o de los guetos. Por haber sido negados y excluidos a muchos les tocó padecer el calvario de la autoflagelación por no haber nacido en un hogar con mejores cimientos democráticos o con mayores niveles de comprensión humana y lo que han construido son dolores y resentimientos que buscan inconscientemente actitudes revanchistas. Como le ocurría a los marihuaneros de los setentas para no sentirse “ilegitimos”, lo que más degustaban al momento de meterse un barillo era “envenenar” a otro, como llamaban el acto de seducción o de inducción al vicio. Y hay que decirse la verdad, la ministra Gina Parody, que para algunos es valiente porque hizo público su homosexualismo, debió declararse impedida para impulsar una política pública de respeto al homosexalismo, porque quedó como si intentara reglamentar en causa propia.

La famosa cartilla se llama Ambientes escolares libres de discriminación. Orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas en la Escuela. Desde el título se introduce lo sugestivo. Es de “ambientes” que para la comunidad gay suena mejor que espacios o escenarios. Y va cargado cuando propone que las identidades de género tradicionales son hegemónicas. Ahí se equivocó la ministra porque la cartilla debió hacerse con más rigor científico. Pero sobre todo con más sentido del respeto porque para exigir respeto a los homosexuales no hay que descalificar ni estigmatizar la visión  heterosexual, que en todo caso, más allá de que la defiendan religiosos o tradicionalistas, es biológica. Y la ley 1482 de 2011 dice que es delito “impedir el pleno ejercicio de los derechos de las personas por razón de su raza, nacionalidad, sexo u orientación sexual”, lo cual incluye también a los heterosexuales.

Y habría que mirar si no se ha caído también en una especie de populismo gay porque revisar el tema de orientación sexual sin tener en cuenta el contexto y no pedir revisión en un marco más general ignora que el matoneo no se presenta sólo contra los niños homosexuales sino que en los colegios se matonea por todo, por inteligente, por juicioso, por cumplido, por gordo, por feo, por pobre, por negro, por mulato, por indio, por tonto, en fin, por infinidad de descalificativos típicos de una sociedad que construye sus valores descalificando y excluyendo al otro. Le hubiera quedado bien a la ministra impulsar la forma de acabar con el matoneo estudiantil en todas sus formas incluso la relacionada con las inclinaciones sexuales y así hubiera cumplido con la sentencia de la corte que pide una revisión extensiva e integral de todos los Manuales de Convivencia en el país… para incentivar y fortalecer la convivencia escolar y el ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos de los estudiantes.

Curiosamente las marchas que se presentaron casi espontáneamente era porque la cartilla de la manera que plantea las cosas desconoce los derechos reproductivos que necesariamente, por condición biológica, hoy todavía pertenecen al mundo heterosexual.  Tal vez a la ministra le faltó leer el resto de la recomendación en la que la Corte pide “que permitan aprender del error, respetar la diversidad y dirimir los conflictos de manera pacífica, así como que contribuyan a dar posibles soluciones a situaciones y conductas internas que atenten contra el ejercicio de sus derechos; y ordenar y verificar que en todos los establecimientos de educación preescolar, básica y media estén constituidos los comités escolares de convivencia”.

Vale la pena traer a colación una columna que escribí hace cuatro años aquí en Kienyke  Homosexualismo y una que otra maricada para entender que el tema de las cartillas, las mentiras de la ministra y la furia de lo que llaman algunos columnistas seudomodernos la caverna tiene que ver con que la comunidad gay debe superar el sentimiento de gueto y el resentimiento que le impide ver el bosque de la diversidad por detenerse a observar el árbol de su drama, causado principalmente por sus propias familias y sus convicciones atávicas. Claro que tienen derechos pero también tienen deberes y uno de ellos es respetar a los otros. Deben entrar a revisar si de verdad es valiente salir a publicar su orientación sexual o si es más valeroso que eso quede en su intimidad. El que se sienta asfixiado que salga del clóset, pero sus inclinaciones sexuales deben quedarse en su cuarto. El reivindicacionismo gay ha degenerado en exhibicionismo y eso termina por agredir a los demás. Y ademas de rebote alimenta la homofobia. Que salgan del clóset pero sin hacer tanto aspavientos que eso se vuelve una apología innecesaria y en cambio si demasiado provocadora.

Hay que ver por ejemplo que el objeto del contrato de las cartillas que parece hecho por técnicos del ministerio reza “Aunar esfuerzos técnicos, administrativos y financieros para el desarrollo de las competencias ciudadanas en el ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos y contribuir a gestionar escenarios de paz y reconciliación en el marco de la implementación del sistema nacional de convivencia escolar, con la participación significativa y efectiva de niños niñas y adolescentes”. Y las cartillas ni aúnan esfuerzos, ni respetan los derechos reproductivos, ni gestionan escenarios de paz. Pero sobre todo se hicieron sin la participación de la comunidad educativa que necesariamente incluye a los padres.

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