Salvar la Universidad

16 de octubre del 2018

Por Miguel Gómez Martínez
migomahu@hotmail.com

Salvar la Universidad

Las manifestaciones pidiendo salvar la universidad pública confirman una urgencia nacional: la necesidad de redefinir lo que como sociedad esperamos de este servicio público muy especial.

Se requiere mucho dinero que no existe. Algunos estiman que el déficit acumulado es 18 billones de pesos, algo imposible de girar en esta época de austeridad. Mucho se critica el papel del programa “Ser pilo paga” y de los créditos del Icetex que se orientan en su mayoría a las universidades privadas. De lo único que no se habló en esta jornada fue del tema de la calidad académica. La verdad es que la importancia y relevancia de la investigación en las universidades públicas ha decaído notoriamente. La pertinencia de sus trabajos no es la de hace algunas décadas donde tenían impacto sobre la realidad nacional.

Es difícil criticar a la universidad pública pues sus defensores no quieren aceptar que lo que están solicitando son recursos para cubrir muchas deficiencias que han sido creadas por el mismo sistema universitario estatal. Hay politización en los Consejos Universitarios, un espíritu sindical que no quiere reconocer la realidad de los cambios que producen las grandes transformaciones actuales, un escalafón docente que premia la mediocridad de tantos docentes que aportan poco e investigan menos. A ello hay que sumarle la creciente corrupción con el uso de los recursos públicos.

Las universidades privadas tienen muchas deficiencias y también sufren el síndrome de la mediocridad. Pero al estar sometidas a las realidades económicas tienen que esforzarse por atender a su público. Se preocupan por mantener un enfoque hacia la empleabilidad, que es vital para sus estudiantes. Mientras tanto la universidad pública quedó encerrada en el discurso ideológico trasnochado. Llevan décadas con los mismos lemas, mismos héroes y misma actitud. Parece como si las atrocidades de Castro, Maduro o Ortega no fuesen suficientes pues al escuchar a quienes protestan parece que desearan esos fracasos para nuestra realidad. Uno cree que la universidad pública es la puerta al futuro y con tristeza tiene que rendirse ante la realidad de una ventana al pasado.

Presupuesto hace falta. Pero lo que más necesita la educación pública es asumir el reto de la calidad académica, desde la primaria hasta la universidad. Y la calidad no sólo dependen del dinero sino de la actitud de quienes se han adueñado de esas instituciones y las han llevado a la crisis actual.

A la universidad publica hay que salvarla de muchos de sus males. Pero sobretodo hay que salvarla de ella misma.

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