Salvar Maloka

Salvar Maloka

29 de noviembre del 2017

Maloka en Bogotá desde principios de los años noventa se convirtió en una de los principales íconos de la ciudad.  Un museo interactivo para promover la apropiación social de la ciencia y la tecnología entre los niños y jóvenes de todos los colegios públicos y privados.

Más de 20 millones de visitantes han pasado por Maloka a lo largo de estos casi 20 años de existencia. Sus salas interactivas, sus juegos alrededor de la física, la química y la tecnología quedaron en la memoria de quienes pasaron por allí.  Sus semilleros de científicos y sus procesos de promoción de la ciencia fueron pioneros en usar la diversión para atraer y promocionar nuevos talentos.

Desafortunadamente en los últimos años, Maloka ya no era la misma. Entró en  franco deterioro, se perdió el interés y el compromiso del sector público distrital por apoyarla. Eso se notaba.  Su infraestructura comenzó a mostrar   detrimento. La  falta de actualización de sus salas y de la misma tecnología del  cine-domo, famoso y novedoso en su momento, era evidente.

Si una ciudad quiere ser sostenible, requiere de inversión en ciencia, tecnología e innovación. No de otra manera, sus ciudadanos, su industria y su academia pueden integrarse y competir en un mundo cada vez más global e interconectado.

Las ciudades requieren ecosistemas de emprendimiento en esta área de la ciencia  en donde estén involucrados todos los actores:   Alcaldía,  universidades,  empresas,  científicos,  emprendedores e inversionistas.  Un ecosistema que actué como red de intercambio de información, de recursos y de conocimientos y que privilegie la creación de emprendimientos innovadores que permitan dar solución a los problemas de ciudad.

La cuarta revolución industrial, como se ha denominado, señala que las ciudades son escenarios que apropian la digitalización de la economía, el surgimiento del internet y por supuesto, de la aplicación de la ciencia a todos los procesos de la vida diaria de los ciudadanos.

Todo esto nos lleva a que o nos preparamos para esta nueva economía y realidad que está transformando el mundo, o al cabo de unos años tendremos una brecha en empleo, capacidad empresarial y sostenibilidad social y ambiental frente al resto de ciudades del mundo y de América Latina.

Salvar a Maloka y proyectarla al siglo XXI, como una de las plataformas de apropiación social de la innovación de la ciencia y la tecnología, es una decisión de fondo y urgente. Hay que construir sobre lo logrado, pero reenfocar sus esfuerzos en apoyar la apuesta de especialización inteligente para hacer de la ciudad un centro de empresas de biotecnología, de industrias creativas y del conocimiento.

Maloka tendrá que despertar inquietudes, preguntas y reflexiones entre los niños y jóvenes para que piensen en la forma de solucionar problemas de ciudad como  la congestión, la contaminación, la inseguridad y  la desigualdad. Si desde niños se siembra la semilla de la reflexión y de la acción, de allí saldrán científicos, emprendedores y formuladores de políticas públicas, que a partir de la ciencia y la innovación, puedan transformar sus realidades.

En todas las ciudades del mundo; Chicago, Boston, Nueva York, Londres, los sectores públicos aportan y se comprometen con promover sus museos de ciencia y tecnología. En Medellín el Parque Explora se ha convertido en un ejemplo y destino no solo de niños y familias de toda Antioquia, sino de  Colombia y por qué no decirlo del mundo. En Bogotá no podemos ser la excepción y salvar a Maloka, es un asunto de responsabilidad con el futuro de la ciencia, la tecnología y la innovación de la ciudad.

Lograr que las nuevas generaciones de todos los estratos disfruten de un espacio para aprender y divertirse, permite a las ciudades crear experiencias maravillosa que quedarán grabadas en la mente, pero sobretodo, en los corazones. Cuántos proyectos de vida nuevos surgen de una pregunta, una reflexión y un reto científico?  Eso es lo que Maloka debe lograr, prender la chispa de los futuros innovadores de Bogotá.

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