Sancocho de gallina

3 de julio del 2012

En las pasadas elecciones atípicas para elegir al Gobernador del Valle del Cauca, el abstencionismo fue casi del 85 por ciento y uno de cada diez vallecaucanos, eligieron Gobernador a Ubeimar Delgado. Es decir, que votaron las maquinarias de la Unidad Nacional y el voto de opinión, que naturalmente votó en blanco, no alcanzó a […]

En las pasadas elecciones atípicas para elegir al Gobernador del Valle del Cauca, el abstencionismo fue casi del 85 por ciento y uno de cada diez vallecaucanos, eligieron Gobernador a Ubeimar Delgado. Es decir, que votaron las maquinarias de la Unidad Nacional y el voto de opinión, que naturalmente votó en blanco, no alcanzó a castigar lo suficiente, porque otros prefirieron el sancocho de gallina y bañarse en el río Pance.

Pero como reza una famosa metáfora, “nadie se puede bañar dos veces en el mismo río”, aunque nuestra naturaleza política siga siendo oscura, solapada, escurridiza y por encima de lo público, tratando de estabilizarse como las cucarachas, después de que una bomba atómica transforma la masa en energía. Por lo tanto, acá seguirá la misma guachafita y estoy seguro que al doctor Ubeimar Delgado, no le importará en lo más mínimo la abstención o la única expresión genuina que en los últimos tiempos ha habido en Valle del Cauca y que fue sufragar votando en blanco.

En otras palabras, Ubeimar Delgado, comienza su período con una legitimidad precaria y por eso su gobernación deberá ser dirigida al voto de opinión que no lo acompañó. Porque si no reconoce el mensaje claro y contundente del abstencionismo y del voto en blanco, seremos muchos los que  no reconoceremos el espíritu del nuevo gobernador. Hoy más que nunca, es necesario que se compruebe la realidad de un cambio y sin el reconocimiento de la abstención o del voto en blanco, el resultado de la última elección, sería simplemente la consecuencia de otra amanguala política y no de la compleja unidad del pueblo.

Digo lo que digo, porque es por políticos como los que elegimos que el Valle del Cauca está en crisis, un departamento donde todavía se niega el principio de contradicción o se acepta con ligereza que todos somos iguales y que pertenecemos al mismo indigesto político. Sobre todo y a pesar de que algunos continúan aparentando ser generadores de opinión, escondiendo sus calculadas pretensiones políticas a futuro.

Entonces que a mí que no me pidan más unidad si no es con resultados. A mí que no me pidan valorar procesos que tipifican una vez más las características de la clase política tradicional. Porque el Valle del Cauca no necesita candidatos impuestos desde Bogotá; lacayos apoyados por los mismos barones y jefas políticas de siempre o gobernantes que saben llenar estadios, tapando con alcohol, fríjoles y arroz, los números prescritos de un tarjetón. Porque el Valle del Cauca necesita de un hombre o de una mujer que sea capaz de movilizar al voto de opinión y no de una persona impulsada por las maquinarias íntimas de siempre.

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