Santos, el traidor…

22 de noviembre del 2010

Es inocultable la sensación de traición que invade al expresidente Uribe respecto al Presidente Santos. Los “trinos” o mensajes permanentes del Ex, a través del twiter, así lo dejan entrever. Por fortuna, la traición del Presidente no es solo un asunto de percepción ni de sensibilidad del exmandatario.

Casi todo el mundo coincide en que una cosa fue el Santos de candidato y otra el Santos de Presidente. Como lo dijo Lucho Garzón: Santos ganó con la agenda de Uribe y ahora gobierna con la agenda de los demás. La prioridad en asuntos como la atención a las víctimas y en especial la restitución de tierras para las miles de familias despojadas de ellas a sangre y fuego; el ánimo con el que promueve el estatuto anticorrupción y el de seguridad urbana en el Congreso; el interés en la reforma a la ley de regalías y al ordenamiento territorial; la rapidez y diligencia como se está superando la crisis diplomática con nuestros vecinos y como se asume la relación con las otras ramas del poder público, son evidencias de este cambio de prioridades. La continuidad entre Uribe y Santos se redujo a mantener una actitud ofensiva ante las guerrillas, que por lo demás desuribiza la preocupación por la seguridad.

Y del estilo ni hablar. Hemos pasado del tono pendenciero a la mesura, del unipersonalismo a la visibilidad del gabinete, del insulto y la descalificación al diálogo con los oponentes, del desprecio por los partidos a su reconocimiento como interlocutores. Solo basta ver los nuevos “acuerdos para la prosperidad” para constatar que la sustitución de los macondianos “consejos comunales” no sólo es un asunto semántico.

Y hay otros mensajes del Presidente Santos que deben tener de mal genio a Uribe: El cambio de la terna para el nombramiento del Fiscal, la composición de un gabinete con responsabilidades de primer orden para Vargas Lleras y Juan Camilo Restrepo y la decisión de destapar las ollas podridas e intervenir la Dirección de Estupefacientes y Fondelibertad.

Claro que todavía estamos en el campo de las formas y los anuncios. Que hay que esperar el despliegue territorial de estas decisiones de gobierno para saber si hubo un cambio de tercio. Que todavía no se evidencian cambios sustanciales en la política social. Que sería saludable una oferta de paz y reconciliación. Que la mejora en los derechos humanos es aún una materia pendiente. Pero es inocultable el cambio en el ambiente político del país.

Pero esta traición de Santos a Uribe es al mismo tiempo un acto de coherencia consigo mismo. Él se montó en la ola de popularidad de Uribe para hacerse elegir y una vez electo desempolvó su permanente pretensión de representar, emulando a Tony Blair,  una “Tercera Vía” a la colombiana. Que en el contexto nuestro significa un camino de transición. Preferible que Santos hubiera ganado con la oferta que hoy gobierna. Elemental sincronía entre medios y fines es saludable en la vida pública.



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