Sasha Grey hace porno porque le da la gana

4 de febrero del 2011

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Sasha Grey es bonita, no es linda, pero no existe otra como ella. Se puso “Sasha” como Sascha Konietzko, de la banda de rock industrial KMFDM, y “Grey” como Dorian Gray, sólo que el Grey de Dorian Gray es con A. En fin. Como a todas las actrices porno, no le gusta decir su nombre real, pero cuando nació le pusieron Marina Ann Hantzis. Sí le gusta decir que nació en California. Es que suena bien, suena mejor que decir que uno nació en Nueva Jersey.

Sasha Grey, que cumple en marzo veintitrés años, empezó a tener fantasías sexuales ‒de las que nunca habla‒ cuando tenía doce años, y a la misma edad comenzó a pellizcarse cuando se masturbaba. Tenía dieciséis años la primera vez que exploró el sadomasoquismo, y dieciocho años cuando grabo Fashionistas II, su debut en el cine porno. La primera escena fue con Rocco Siffredi, el “Semental Italiano”. La siguiente escena debía ser con Marc Davis, por detrás. Al final, Sasha Grey tuvo sexo con Erik Everhard, Chris Charming, Christian X, Mr. Pete, Jean Valjean, Melissa Lauren y Sandra Romain.

“Siempre me gustó lo que los civiles llaman ‘sexo extraño’”, dice.

Ha tenido sexo hasta con quince hombres en una película, y le hacen  falta manos, bocas y orificios. Después de grabar la película, todavía desnuda, le responde varias preguntas al camarógrafo del behind the scenes. Mientras tanto se limpia el semen de quince hombres con unas toallas de papel que no dobla, sino que espicha, y continúa “limpiándose” la cara.

En otra película, en cualquier otro apartamento siniestro y de decorado a lo Miami, Sasha Grey está de rodillas, con las manos colgándole de las muñecas, como un perro sentado en las patas de atrás. Tiene puestos tacones negros de unos 8 cm y plataforma, los dedos descubiertos y esmalte negro. Una faldita que, más bien, es un cinturón largo rosado neón y una camisita negra con pepas blancas, de mangas cortas y por encima del ombligo. Tiene el pelo suelto limpio, brillante y largo hasta el ombligo. Durante un buen rato, el camarógrafo la sigue mientras gatea con un hueso de goma en la boca. Y ladra, como lo hacen los perros en Estados Unidos.

“Arf! Arf! Arf!”

Siguiente escena, el baño. Sasha sigue en cuatro, el camarógrafo le ordena que limpie el inodoro, que lo limpie con la lengua. Ella se lame el inodoro, él le pregunta si está sucio, si tiene manchas, ella le dice que sí, mientras lame, de-di-ca-da. El hombre que la filma no le hala el pelo mientras le empuja la cabeza, ni la obliga, pero sí le tiene esposada una mano al lavamanos. Sasha Grey lame el inodoro porque cada vez que está en el set se propone provocar al actor ‒o actores, en su defecto‒ con el que trabaja. Busca sorprenderlo (s) con algo inesperado, algo que a su vez lo (s) volverá más agresivo(s), más a su favor. A favor de Sasha, por supuesto.

Sasha decidió dedicarse a la industria del porno porque nada la excitaba, todo el porno que vio la aburrió. Y lo vio todo, porque lo estudió y se lo “aprendió”. Todo lo vio “con una perspectiva muy crítica.” Se metió a hacer porno porque quiere crear algo nuevo, quiere ofrecer algo que nadie haya visto. Y está orgullosa de la lamida de inodoro ‒ inodoros, en su defecto‒, porque se lo apropió. Fue su invento. Enhorabuena, Sasha Grey, todo tuyo.

En otra película, Sasha es entrevistada sobre una mesa de metal, como la de un cirujano. Tiene puesta una camisa blanca de cuello redondo y mangas cortas, con una minifalda micro de voladitos negros. Allí cuenta que Grey, su nombre, también se refiere a la Escala de Kinsey, que divide la sexualidad humana del 0 al 6, donde 0 es heterosexual y 6 es homosexual. Del 1 al 5 hay diferentes grados de bisexualidad. También hay una X al lado del 6, que significa asexual. Para Sasha Grey, heterosexual es blanco, homosexual es negro y todo lo demás es gris, por eso se puso Grey, gris en inglés.

También cuenta que no se masturba, porque es tanto el sexo que tiene frente y detrás de cámaras que no le quedan ganas. Dice que está viviendo el sueño americano. A ella nadie la violó y nadie la obligó a hacer lo que hace. Para ella es un negocio, y es consciente del hecho de que usa su cuerpo para hacer dinero. No tiene problema en aceptarlo, está orgullosa. Sasha Grey no tiene de qué avergonzarse, y todo lo que hace es legal. Es consciente de los riesgos que corre, y se hace exámenes para detectar enfermedades de transmisión sexual una vez al mes. También sabe que hay enfermedades que no se detectan durante meses mientras se desarrollan. Ha llegado a tal estatus dentro de la industria del porno que exige exámenes de sangre de todos los actores con quienes trabaja. Y no, en sus películas no usa condones. Ha tenido gonorrea dos veces, clamidia sólo una.

Del otro lado de la mesa de metal sobre la que está sentada, hay un aparato que consta de un motor pegado a un disco de metal, grande como un volante, del que sale una varilla que apunta hacia Sasha Grey. Ella sigue con las preguntas. Siempre que lo hace por detrás le duele, pero prefiere hacerlo por detrás. Y lo prefiere tanto que su vagina le tiene celos a su culo. Lo que más le gusta es que la amarren y la hagan correrse a la fuerza. Antes de una escena de sexo anal, siempre se prepara con un dildo de vidrio con una curva en la punta. Etc. Sasha Grey no tiene vergüenza, que al fin y al cabo es de esperarse en una actriz porno. Se terminan las preguntas y Sasha Grey se desviste, le da la espalda a la cámara y empieza a masturbarse con la mano.

http://www.youtube.com/watch?v=QFvwhUpZFmI

Se toma su tiempo, como si nadie estuviera esperándola. Cuando la cámara vuelve a enfocar el aparato al otro lado de la mesa, en la punta de la varilla han puesto un dildo de goma. Sasha Grey se voltea y sigue masturbándose, ahora de cara a la cámara. Después se pone en cuatro, con el aparato detrás, y se acomoda el dildo en la vagina. Entonces el motor empieza a andar y la varilla a mover el dildo, adentro de Sasha Grey. El video dura casi una hora, que son casi sesenta minutos de sexo con una máquina que se mueve tan rápido como el ciclo más pesado de una lavadora, y Sasha Grey grita como si le cortaran los dedos con un cortauñas.

Al final de la película, después de haber probado unas cuatro o más máquinas diferentes, pregunta si hay más, y cuenta que lo más abstracto que ha hecho es tener sexo con un robot.

Y así como sabe qué significa “abstracto”, también menciona a William Butler Yeats, Jean Baudrillard, Nietzsche, Hunter S. Thompson, Anaïs Nin, Jean-Paul Sartre, William S. Burroughs y C. G. Jung, sus favoritos. También le gusta el Performance Art, el diseño moderno y postmoderno, la Bauhaus y la arquitectura brutalista. Además de ser intelectualísima, también es actriz de cine fuera del género porno. Hizo una película con el director Steven Soderbergh que se llama The Girlfriend Experience, donde no hay escenas sexuales y hace un papel que puede convertirla en la primera actriz porno en hacer cine mainstream con seriedad ‒Traci Lords no es nadie a su lado‒. También apareció en varios capítulos de la serie Entourage, donde hace el papel de sí misma. Tiene varios otros proyectos, más películas y un libro en camino para marzo de este año.

Sasha Grey está volando, y aún quiere hacer porno, porque vive para retar, para probarle al mundo que todos están equivocados. Ella no es drogadicta, y hace porno porque se le da la gana. Nadie la obliga y nadie se está beneficiando más que ella misma.

“Que quieres ser cuando seas grande?” le pregunta la revista Bizarre.

“Una destructora de la civilización”, respondió.

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