Saturados

29 de mayo del 2018

Opinión de Miguel Gómez Martínez.

Miguel Gómez

Empapado de política desde pequeño, hoy tengo que aceptar que estoy saturado de esta campaña presidencial.

No resisto un debate más con periodistas vedettes que posan de científicos políticos y que dicen estar promoviendo la democracia cuando están puliendo sus inflados egos. No aguanto más mediocre publicidad política (“un profesooorrr, un professooor” o las deprimentes diatribas de De la Calle orgulloso de los supuestos logros que nadie le reconoce y que lo hacen “el mejor presidente”). Tampoco soporto ver las manifestaciones de Vargas y Petro que cuestan fortunas y cuyo objeto único es tomar las fotos para verse populares. No resisto ver a los gremios, que todo le aplaudieron a Santos, ahora “sinceramente preocupados” por el futuro del país y presentando “propuestas” para los candidatos. Me aburren las redes sociales inundadas de fanáticos cuyo único interés es promover sus candidatos como hombres excelsos, sin compromisos ni mañas. Insoportables son los “juiciosos análisis” de las encuestas manipuladas de nuestro país donde a leguas se nota que les están metiendo la mano para favorecer los intereses de quien las paga. Me deprime ver nuestros medios de comunicación divididos en los que tratan de ganar puntos con el nuevo presidente y los que no logran disimular sus evidentes preferencias políticas.

Alvaro Gómez Hurtado, que fue tres veces candidato presidencial, decía que nada era peor que “la triste condición de candidato presidencial”, obligado a complacer a todo el mundo, a pulir sus frases para no molestar y a esconder sus políticas para poder sumar votos antagónicos. Nada es peor que tener que responder las preguntas “chimbas” de los periodistas empeñados en ponerle zancadilla al candidato para hacerle el favor al de ellos. Nada es más deprimente que escuchar sus discursos llenos de frases de cajón y elogios regionales mientras comparten las abarrotadas tribunas con cuanto lagarto existe en el país.

Con el paso de los años, la democracia cada vez me resulta más frustrante. La idea de que no hay nada mejor que este sistema lleno de imperfecciones, falencias y manipulaciones me incomoda de forma creciente. Cada vez percibo más los inconvenientes y menos las ventajas. Tal vez la tecnología nos permita en un horizonte cercano unas formas de participación en las que podamos evitar tantos problemas asociados con las maquinarias, las manipulaciones, la corrupción, la mentira y la hipocresía que abundan en períodos electorales.

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