Se puede sin “mermelada”

9 de julio del 2019

Opinión de Daniel Peña Bayona

El gobierno del presidente Iván Duque hizo una apuesta arriesgada -pero necesaria- frente a la histórica relación que ha existido entre el Ejecutivo y el Congreso a la hora de pasar proyectos de ley y actos legislativos. Era claro que una de las peores herencias que recibía el gobierno del presidente Duque frente de su antecesor, era la nociva relación que existía entre el Gobierno y el Congreso para que este último a cambio de la famosa “mermelada” aprobara proyectos de ley muchos de ellos sin previa revisión o estudio riguroso, dando como resultado consecuencias nefastas en materia económica, social y judicial para el país.

Recordemos por ejemplo que todo el paquete normativo del Acuerdo de la Habana fue impulsado por “tarros de mermelada” a través del mal utilizado mecanismo del fast track sin que se notasen los vacíos que quedaban en la ley estatutaria de la JEP o los vicios en las sanciones efectivas ante un posible incumplimiento -como en el caso Santrich- o las reformas en materia de protección a los delitos contra menores que deberían ser juzgados por la justicia ordinaria y no por la transicional. Estos y otros proyectos constituyeron micos que la “mermelada” tapaba y mediante el pupitrazo el Congreso los convertían en ley.

Es por ello, que se le debe reconocer al presidente Iván Duque no haber cedido ante la presión política y mediática para lograr esa famosa “aplanadora” del gobierno Santos que convertió al Congreso en un simple notario; por el contrario, el actual gobierno logró consensos en temas fundamentales, encontró puntos en común con los partidos independientes y gestó una relación recíproca entre los partidos y el gobierno.

Y los datos lo confirman. En el primer año del presidente Duque se presentaron alrededor de 27 iniciativas gubernamentales, 9 Actos legislativos, 2 proyectos de ley orgánica y 8 proyectos de ley ordinaria, más los proyectos de la mesa anticorrupción. De ellos, 11 por razones políticas, jurídicas y procedimentales lastimosamente no cumplieron su trámite y se hundieron. Sin embargo, de los que quedaron vivos, 4 ya hacen parte de nuestro ordenamiento jurídico, 3 están pendiente de promulgación y 9 continúan su trámite en el Congreso. En total el gobierno logró sacar adelante 16 proyectos que el país requería con urgencia.

Alejados de los números se debe ver el fondo de las leyes aprobadas: Un Plan Nacional de Desarrollo que contiene por primera vez el pilar medioambiental y la mayor cantidad de recursos en la historia dedicada exclusivamente a la inversión, una ley TIC que permitirá conectar a más de 20 millones de colombianos a banda ancha siguiendo los lineamientos de la OCDE –club de buenas prácticas-, un presupuesto de regalías que permite a los municipios y departamentos mayor competitividad y unos nuevos ministerios de Deporte y de Ciencia y Tecnología que van impulsar cada uno estos sectores estratégicos sin aumentar su gasto en funcionamiento.

Por supuesto que aún quedan temas importantes en la mesa, como la tan anhelada reforma a la justicia o la reforma política para combatir aquellos vicios de la democracia partidista, las reformas para luchar contra la corrupción y unos lineamientos efectivos en la lucha contra las drogas. Pero demeritar la actuación del gobierno y su relación con el congreso sería contraevidente. El presidente Duque demostró que sin “mermelada” si se puede.

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