Segunda parte: Por qué no soy liberal

14 de julio del 2019

Opinión de Carlos Avilán

Segunda parte: Por qué no soy liberal

En la primera parte definí el núcleo fundamental de mi pensamiento “La fuerza espontanea”, muy cercano al orden espontaneo de la Ilustración escocesa, pero no solamente como una idea de mercado, sino como un todo en general. En esta segunda parte quiero definir Por qué no soy liberal.

Me niego a creer que ciertos valores humanos son solamente accidentes o fenómenos de la cotidianidad, en cambio son regidos por una espontaneidad que está presente en todo. Appleyard afirmaba “la gente vive vidas no liberales. Tienen valores, convicciones, preferencias y lealtades con las cuales ordenan su mundo y lo hacen funcionar”. Es decir, la posibilidad de que una persona sobreviva siendo liberal es prácticamente nula. Liberal es sinónimo de libre, tolerante, abierto, progresista e independiente. La concepción de un buen ordenamiento social es la base de una buena planificación y de pensamientos racionales, todo esto no es más que la antítesis de la libertad individual, por eso no se puede ser liberal y al mismo querer una sociedad organizada. Es común que muchos partidos acogan estas creencias, cuando para una persona del común suena muy bien, estas tienen poca correspondencia con los sinónimos que promueven.

Diferentes pensadores han revindicado la verdadera esencia libertaria, entre ellos Hume, Adam Smith, Burke, entre otros. Artífices de lo que se conoció en su época como conservadurismo y hoy en día conservatismo o republicanismo. Cabe recalcar pensadores más modernos como Friederich von Hayek, artífice de la escuela austriaca económica, un libertario en su máxima expresión,  quien aunque rechazó la etiqueta de “conservador” por circunstancias políticas de su época, fácilmente puede ser catalogado como tal. Invito al lector leer su libro “Los fundamentos de la libertad”, una mirada fundamentada a una palabra tan mal usada hoy en día.

Entonces a medida que los “liberales” avanzaban hacia un colectivismo y una estatización económica, era necesario conservar las viejas tradiciones libertarias que se estaban perdiendo. Por eso ellos al ser contradictores de la tradición, de la fuerza espontanea, promotores de lo inexplorado, de lo novedoso, de lo inexperto, adoptaron el nombre de liberales. Y los otros, conscientes de la conservación de las tradiciones, de lo explorado, de lo argumentado, adoptaron el nombre de conservadores.

En conclusión quiero dejar en claro que no hay solo una idea liberal. Se puede decir que la evolución de las ideas liberales se divide en dos tradiciones fundamentales: las más nombradas mas no las ideales, es decir, de la Revolución Francesa (Rousseau, Descartes y Voltaire) y la tradición británica basada en el empirismo evolutivo: David Hume, Adam Smith y Burke, este último el gran crítico de la llamada “Revolución Francesa”.

@carlosavilanr

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