Semana, El Tiempo, su futuro y la relación con Santos

14 de septiembre del 2012

“Un país donde el presidente es un Santos, el director del primer periódico del país está casado con una Santos, el director de la revista más importante es un Santos, el que está trabajando tras bambalinas por la paz es un Santos y el que le hace la oposición es un Santos, no existe ni […]

“Un país donde el presidente es un Santos, el director del primer periódico del país está casado con una Santos, el director de la revista más importante es un Santos, el que está trabajando tras bambalinas por la paz es un Santos y el que le hace la oposición es un Santos, no existe ni en África”. Esta no es una frase de un izquierdista, si acaso es de un derechista. La dijo Francisco Santos al referirse a los intríngulis de su salida de RCN. De lo que no hay duda es que es una perfecta radiografía de nuestra orgullosa democracia colombiana.

Curiosamente con motivo de la celebración de sus 30 años, la revista Semana, realizó un foro con editores y periodistas de diferentes diarios y publicaciones internacionales llamado ‘Los medios, su futuro y su relación con el poder’. Allí un Santos, el director de Semana, recordó que en América Latina hay un periodismo crítico y con capacidad investigativa, que “está poniendo el dedo en la llaga”. Pero tuvo que hablar del pasado para explicar su conjugación en presente continuo.

La lucha del periodismo contra el poder de la mafia y la remebranza del sacrificio del director de El Espectador, Guillermo Cano, víctima del terrorismo de Pablo Escobar, así como la función de contrapoder de los medios, en escándalos como el del grupo Grancolombiano, el proceso 8.000 o las chuzadas del DAS, sirvieron de referencia a un periodismo que exhibe un pasado orgulloso, pero del cual no se resaltan datos sobre su meritorio presente y existen muchas dudas sobre su promisorio futuro, particularmente en cuanto a su relación con el poder.

Terminó su evocación diagnóstica con una afirmación según la cual “Los medios tienen la responsabilidad de sensibilizar a la sociedad”, al lado de una expresión poco optimista sobre que la calidad es indispensable pero no suficiente, mientras recordaba que por afrontar esta responsabilidad en los últimos años han muerto 120 periodistas. Y el giro académico se fue hacia el panel ‘Los medios, el poder el abuso del poder’, en el que en una frase, Carlos Maranhão, director de la revista brasilera Veja, de reconocida circulación mundial lo resumió: “Le dicen control social, pero es censura”.

En el conversatorio el periodista Rodrigo Pardo agregó que si en las dictaduras se apreciar con claridad el conflicto entre el poder y los medios, en condiciones normales la relación es compleja porque los presidentes gobiernan para los medios y los periodistas necesitan a los gobernantes como fuentes noticiosas. El conflicto se encuentra en la reiteración, que los políticos privilegian para consolidar su mensaje y la novedad, que es la esencia del periodismo.

Como si quisiera llamar la atención sobre algo que se vive en el momento actual Pardo dice que cada instancia cuenta con intereses y agendas diferentes. Y que la simplificación de los asesores de prensa se enfrenta a la complejidad que se busca en una investigación o un análisis, ya que constituyen intereses opuestos y desde el gobierno siempre se tendrá la impresión de que no se da fe de lo hecho.

A su juicio mientras las ‘chivas’, son éxitos periodísticos para los medios, pero son simples fugas de información para las instancias gubernamentales. Y como si estuviera sintonizado con el vicepresidente Angelino Garzón cuando afirma que no lo eligieron para decirle al Presidente lo que quiere oír, Pardo sostiene que, “el periodismo no se hace para agradar ni al gobierno, ni a la oposición ni a los anunciantes, sino para informar a la opinión pública”. Y con sátiras a Santander para que las entienda Bolívar no vacila en afirmar que “con una prensa libre e independiente, es más difícil reelegirse indefinidamente”.

El tema es que con los nuevos escenarios que se debaten entre el unanimismo, el voltiarepismo, la lagartería mediática y el reencauche político de los que se suman hoy a la Unidad Nacional es muy difícil trazar la línea de la independencia. Incluso el temor a ser ahora considerados enemigos de la paz como en la administración anterior se tachaba de aliados de la subversión a quien disentía. Por esa razón acierta Javier Moreno, director del diario El País de España, invitado al foro, cuando dice que “la línea entre contribuir con la democracia y el deber de informar, incluso en contravía de las demandas de quienes dirigen las democracias, se debe trazar un poco más lejos de donde la trazaría un gobierno”.

No en vano el dedo en la llaga se ponía era en la segunda parte del foro ‘Los medios, su futuro y su relación con el poder’, en la que se hablaba de establecer dónde trazar la línea entre informar y no informar y cómo esa distinción afecta, negativa o positivamente, la democracia. Al decir del español, “El ejercicio periodístico debe ser tan crítico con los medios mismos como lo es con el poder”. Y habría que agregarle si estaría en su obligación el periodismo de hoy en Colombia, tan emparentado con el gobierno a ser crítico del gobierno y a la vez de ser capaz de criticar a su pariente medio o a su medio emparentado.

Porque así como dice Jeremy O´Grady, fundador de la revista The Week, que la salvación de los medios impresos está en la calidad, se hace necesario que los medios emparentados comprendan que la salvación de los medios y la salvación del gobierno y la salvación del proceso de paz, está íntimamente relacionado con la independencia, el criterio y la responsabilidad de la información. Ya que de lo contrario la aparente fortaleza de estar muy emparentados se puede convertir en un boomerang que se termine viendo como nepotismo o dictadura mediática y ahí si apague y vámonos.

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