Senadora: ¿usted de verdad no entiende?

15 de agosto del 2011

La gran mayoría de las colombianas no logramos salir del asombro que produce el constatar el difícil medio en que vivimos, en que levantamos nuestras familias, en que ejercemos nuestras profesiones, de amas de casa en adelante. Muchos de los recientes eventos relacionados con abrir oportunidades para la mujer colombiana, para mejorar sus condiciones de […]

La gran mayoría de las colombianas no logramos salir del asombro que produce el constatar el difícil medio en que vivimos, en que levantamos nuestras familias, en que ejercemos nuestras profesiones, de amas de casa en adelante. Muchos de los recientes eventos relacionados con abrir oportunidades para la mujer colombiana, para mejorar sus condiciones de vida además de mostrar las agresiones de las que somos víctimas, permiten concluir, para quien quiera entender, que el debate mundial sobre la violencia contra la mujer, sobre el permanente irrespeto a sus derechos, entre ellos el de decidir sobre su cuerpo, el de la existencia de un techo de cristal que la frena, no solo se basa en frías cifras sino en realidades aquí y en Cafarnaúm. Pero el desconcierto que hoy vivimos obedece además, a la evidencia de que esa mujer colombiana que lideraba los avances de América Latina desapareció y que después de ocho años de un reinado patriarcal es palpable el estancamiento que ha tenido nuestra sociedad en términos de equidad de género. Solo así se explica la existencia de mujeres en la política con pensamientos y actitudes retardatarias y que dicen representarnos.

Parece que las dramáticas cifras de éste país sobre violencia contra las mujeres solamente se asocian con la situación de las mujeres pobres, sin educación, y por ello, esa realidad parecía distante para aquellas pocas que han tenido oportunidades pequeñas o grandes. Cuando esa minoría privilegiada que logra llegar al Congreso de la República asume y refuerza las posturas propias de hombres machistas, vale la pena traer a colación el dicho de que “con amigas así para que enemigas.”

Lo que ha dicho la senadora Liliana Rendón no solo refleja su cultura absolutamente patriarcal sino su profunda ignorancia sobre temas en los que tiene una responsabilidad política. ¿Dónde estaba usted cuando, durante varios años, se discutió la Ley que aprobó el Congreso de la República y que evidencia y sanciona precisamente lo que usted avala, todas las formas de violencia contra la mujer? Inadmisible que la Senadora de la República con mayor número de votos se atreva a afirmar que si a una mujer le pegan es porque se lo buscó; y que si su marido la llegase a agredir sería porque usted se lo merece. Su actitud, su lenguaje y su profunda ignorancia sobre la situación real de un género que por desgracia usted representa en el Congreso de la República, avergüenza a todas aquellas mujeres que han dedicado sus vidas en aras de demostrar la injusticia de la sociedad machista.

¿Será que usted definitivamente no entiende? ¿O será que usted ha llegado a donde está por caminos diferentes apoyados precisamente en valores patriarcales con los cuales los hombres usan a las mujeres para lograr sus propósitos? Si es así, ¡qué vergüenza Senadora!  Y un mensaje para el resto de colombianas que no han logrado comprender la importancia de que su voto sea inteligente. Esas parlamentarias como la señora Rendón no deberían estar en el Senado de la República y el silencio de muchas demuestra que aún no ha hecho carrera en esta sociedad la idea de que el voto es poder y que debemos elegir a representantes que lideren esa revolución mundial, silenciosa y sin violencia con que todas las mujeres estamos comprometidas. Es nuestra responsabilidad que nuestras hijas y nietas tengan más y mejores oportunidades para lograr una vida mucho más equitativa que la de millones de mujeres hoy, tanto en Colombia como en el resto del mundo.

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