Ser de la oposición en Colombia

18 de mayo del 2011

Ser de la oposición en Colombia no sirve para nada. Quienes despreciaron, no sólo a Uribe sino a sus políticas y partidos, ahora resultan los más afines al establecimiento. Algunos dirán que la política “es así”, o que en política “todo puede pasar”. A mí no me parece que deba ser así. Me parece, por el contrario, que el “voltearepismo” en este país es el síntoma de un deficiente sistema democrático que no ha podido cogerle el tiro al juego partidista.

No es gratuito que tras ocho años de oposición pura y dura el Partido Liberal haya adoptado las banderas de la “Unidad Nacional”, cuyo núcleo es el Partido de la U, otrora estandarte del presidente Uribe. Para mí es una muestra de que la disciplina de partido no existe en Colombia, y que acá la política es de personalísimos, del caudillo de turno, de egos y de lambonería.

Algunos llegan al extremo de especular que el ahora presidente Santos nunca dejó de ser militante del Partido Liberal y que por eso ahora son éstos los que “mandan” en la Unidad Nacional. No dudo que Santos sea de estirpe liberal. Lo que dudo es el motivo que aducen los liberales para pavonearse como miembros del oficialismo. De ser así jamás habrían abandonado a Uribe pues sin duda él también fue militante liberal. En mi opinión, es oportunismo.

Otro ejemplo nefasto es la reciente decisión adoptada por el Partido Verde con respecto a la Alcaldía de Bogotá. Si bien han “guardado reserva” de quien pueda prestarles apoyo, es una realidad que dicha decisión tiene el nombre de Álvaro Uribe escrito por todas partes.

Aún cuando el Partido Verde ha profesado -desde que llegaron Mockus, Peñalosa y Lucho (¿debería incluir a Fajardo? ¿Acaso dónde está ahora?)- un ideario que incluye impulsar las políticas que resulten más adecuadas sin importar quién las proponga (en otras palabras, no ser de la oposición sino ser un tibio centrismo) extraña a sus electores que ahora se quiera recibir un apoyo que representa todo lo que se reprochó y rechazó a lo largo, y desde el fallido intento presidencial.

Son dos ejemplos de que en la política colombiana no existen partidos fuertes. A ello debemos añadir que los partidos se ven afectados, o mejor dicho, se dejan afectar por los egos de sus figuras. De igual modo, no hay cabezas de partido que dejen de lado sus egos por el bien de un ideario, de una colectividad.

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