Sexo y poder

23 de mayo del 2011

En el mundo hoy, especialmente entre los economistas, el debate actual es sexo y poder. Y la pregunta obvia es ¿cómo puede alguien brillante y hábil echar por la borda, no la presidencia del Fondo Monetario Internacional, sino nada menos que la presidencia de la República de Francia, su país, por culpa del sexo? Porque así haya sido un complot, difícil de creer, el problema fue que DSK cayó, sin medir las terribles consecuencias no solo personales sino mundiales. Necesariamente entonces el tema del poder y el sexo está en la mente de todos, pero especialmente en la de aquellas estrellas que creen que nunca se van a estrellar. Obviamente me refiero a hombres, porque las mujeres, en algún momento de nuestras vidas personales o profesionales, hemos sufrido las magulladuras de uno o varios golpes. De eso no se salva ninguna, y la que diga que sí, es la misma que afirma que cuando nace un hijo el parto no duele. Mentiras.

Dos elementos deben someterse a discusión. El primero parte de la incredulidad sobre los hechos recientes, especialmente entre el mundo masculino, del por qué se ha violentado de esa manera a un individuo sobre un capítulo que pertenece a su vida privada. No estaba poniendo en peligro la estabilidad financiera de las bolsas del mundo ni estaba afectando el valor de la deuda de los países emergentes. Obvio que sorprenda porque hasta ahora existía una doble moral. Cuando a una mujer le gusta demasiado la vida sexual la llaman ninfómana. Pero cuando al hombre le pasa lo mismo, aunque exista una palabra equivalente, nunca se usa sino que simplemente dicen que es HOMBRE. O sea, sería de esperar el escándalo si la presidencia del FMI estuviera en cabeza de una mujer, pero la algarabía es sorprendente cuando se trata de un hombre.

Lo segundo que también debe ser sujeto de debate es lo que le sucede a los hombres y a las mujeres cuando alcanzan el poder. De nuevo la desigualdad es evidente. Cuando un hombre, por feo, gordo y descuidado que sea llega a los cargos más altos sobretodo del poder político, su sex-appeal alcanza niveles increíbles. Lo hemos vivido en Colombia, pero como no se trata de ofender a nadie es mejor dejar los nombres a la imaginación de cada uno. Seguro que no se equivocan. Para salvar el pellejo, repasen la petite histoire de nuestros mandatarios, desde Bolívar, si se quiere.

A las mujeres les pasa lo opuesto. Su llegada al poder, político o no, equivale a untarse una pomada anti-lujuria. Puede ser linda, querida, y hasta sexapilosa, pero no se le arrima ningún hombre porque ese tipo de mujeres, en esta sociedad patriarcal,  producen pánico. “Que parezca más inteligente que yo”, diría su potencial  pareja, “ni de vainas”. “Que acapare la atención de una reunión, ni más faltaba… ¿qué se está creyendo?” No es que la pareja potencial crea que otros tipos la van a gallinacear, es que está seguro que el rechazo que él siente, lo comparten sus congéneres.

En conclusión, el mundo debe ser manejado por mujeres porque son tan o más inteligentes que muchos hombres; estamos en periodo de prueba así que no nos perdonan ningún error. Pero, la razón más importante sería que se acabarían los escándalos de sexo y poder,  simplemente por sustracción de materia, ningún hombre le camina a estas mujeres, lo cual es bueno y saludable para el gobierno, para el país y para el resto del mundo. ¡He dicho!

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