Si la sal se corrompe

11 de junio del 2011

Justicia politizada, política judicializada, Cortes contra el Ejecutivo, Ejecutivo contra las Cortes, choque de trenes, justicia selectiva, enfrentamiento de poderes, justicia mediática, medios justicieros, en fin, todo un sancocho de expresiones que a cualquier nórdico que tuviera que observar hoy desprevenidamente titulares sobre Colombia, le dejaría el sabor de que algo no anda bien en la justicia colombiana. Que no ande bien la política, que no ande bien la economía, que sea un país deficitario en materia de derechos humanos, sindicales o sociales, o en temas de garantías democráticas, no lo sorprendería tanto.

Al fin y al cabo, durante los últimos cincuenta años América latina y el como sur dejaron largos relatos sobre desaparecidos, torturas, manos negras, camisas negras, Triples As, grupos exterminadores, masacres, asesinatos selectivos, limpiezas sociales, en fin, toda clase de violaciones de derechos humanos, que las narrativas recientes sobre paramilitares, desplazados, fosas comunes, hornos crematorios, etc. son, aunque in extremis, parte de lo que un sueco, un noruego o un danés sabe que existe, ha existido y peor aún, existirá por largo tiempo en estos países, que en ocasiones parecen Banana Republic y a veces sorprenden por sus talentos, sus cantantes, sus futbolistas y eventualmente porque existen los Sábato y los Pérez Esquivel que de alguna manera han ayudado a visibilizar esta tragedia latinoamericana.

Pero que la justicia, esa rama del poder para la que se supone que estudian aquellos que románticamente van a ser los médicos detectores de virus contra los derechos humanos y sociales, los que curarán las enfermedades violatorias de las normas legales que garantizan la salud de la comunidad, los cirujanos de las interpretaciones jurídicas cuando el bien común está por encima del bien particular, los garantes de que el alma colectiva pueda dormir tranquila porque en política, en economía, en control, o en autoridad hay quien llama al orden sí se cometen excesos; que esa rama se desdibuje, o se desvíe, o se sesgue, o caiga en la trampa retaliatoria, revanchista o compensatoria, sí deja la triste sensación de que a éste país le cayo la roya, el VIH, o la gripa porcina o la tal E. coli reciente.

Eso sí es un colmo. Para un europeo afianzado en prácticas democráticas desde hace casi un siglo esto significa algo así como sí a Somalia, donde las hambrunas muestran niños rodeados de moscas con las costillas pegadas a la piel, le llegaran las bandas internacionales de saqueadores. Algo que a los voluntarios nórdicos que ayudan para que se mitiguen las plagas los llevaría a la desmoralización total. O a gritar como el cura del Poseidón cuando veía que la maldición se extendía y le increpaba a Dios ¨¿Qué más quiere?¨

Por todos los santos, sí ya llegamos a que se le pida ponderación a quien se supone que se ha forjado para aplicarla, sí hoy en día lo que se siente es que ahora que se podría ejercer lo que antes no dejaban los sicarios y los capos de la muerte, no es precisamente justicia sino contraataque, réplica, desquite, o venganza, las cosas si nos dejan en el escenario de apague y vámonos. Qué tal que por que algún representante autoritario del Ejecutivo haya tratado con las patas a las Cortes, éstas estén pensando ahora con las patas para tratar agudos temas donde se debe aplicar todo menos la Ley del Talión.

Ojo, porque el ojo por ojo nos puede estar mostrando sus dientes. Pilas que lo que menos  le sirve a este país después de FARC, con pescas milagrosas y collares bombas y después de paras y motosierras, de parapolíticos y de farcpolíticos y de conflictos negados y reconocidos, con las Piedades buscando estatus de beligerancia mientras los uribistas buscan impunidades y reencauchadas, aplicar justicia sin grandeza puede ser un flaco servicio a cualquiera de las plagas mencionadas.

Es más que justo que la petición del Presidente a las Cortes se lea en sus justas proporciones, ni tanto que queme a Santos ni tan poco que no lo alumbre. Es un pedido general. Nadie quiere que cojee más, nadie quiere que no llegue, pero por favor que aparezca la justicia pero no afectada ni perturbada. Ni por que haya sido maltratada, ignorada o perseguida. Si no es mucho pedir, a los altos tribunales, que apliquen justicia con rigor, pero primero que hablen con Dios, para que sepan perdonar las ofensas a quienes los ofendieron y no caigan en la tentación de sacarse el clavo.

Y a manera de PD. Sí la Fiscal y la Contralora y el Procurador, que son justicia, no se dan cuenta de que no basta con hacer bien la tarea sino que deben evitar parecer que se están disputando el protagonismo mediático, pues sería otra pata que le nace a la coja justicia y con alto riesgo de dejarla parapléjica.

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