Sí por un nuevo país

Sí por un nuevo país

15 de septiembre del 2016

Los colombianos tenemos el 2 de octubre, día de la votación del Plebiscito, la gran oportunidad de votar: Si por la  construcción de un nuevo país, del país que siempre hemos soñado, el de la inclusión social, el de la creación de múltiples oportunidades para nuestros jóvenes del campo y la  ciudad, el de la paz y de la reconciliación entre todos sus estamentos y los diversos sectores de la producción.

Será un momento estelar en nuestra larga y dramática historia. Finalizados los diálogos de La Habana y firmados los Acuerdos que ponen fin a 70 años  de guerra fratricida,  dado que no se puede ignorar que la guerra campesina que inicia las Farc  en 1964 es la transformación y continuación de la violencia partidista  iniciada y desarrollada con marcadas características de sevicia y alevosía desde 1946.   Frente a este significativo fin de la guerra seremos nosotros, las mujeres y los hombres de Colombia los que vamos a decir con el SI: queremos un nuevo rumbo para nuestra nación, queremos en definitiva terminar con la ola de odios que se  han reciclado desde entonces de manera constante, queremos decir SI para que nazca esa nueva nación que venimos soñando desde la cuna.

Desde el año de 1982 cuando el presidente Belisario Betancur abrió las herméticas puertas del diálogo con la insurgencia, todos los Presidentes intentaron llegar a Acuerdos de Paz,  todos hicieron ingentes esfuerzos  para alcanzar acuerdos que finalizaran el conflicto, pero las múltiples y complejas contradicciones del Establecimiento con las guerrillas, en primer plano y las contradicciones entre los diversos sectores de la burguesía, en segundo lugar, impidieron que los 7 presidentes que se sucedieron lograran un Acuerdo Final.  Sin embargo, ninguno de estos  procesos fue inútil, cada uno lo intentó de una manera, contribuyó a la de maduración de las condiciones, al aprendizaje de Colombia como país, al poder hacer la síntesis de los errores y de los aciertos,  hasta lograr un  diseño tan maduro y estructurado por parte del el Presidente Santos, que permitió el salto cualitativo  transformador de  la naturaleza del fenómeno de la guerra, primero un Cese al fuego y de hostilidades bilaterales y definitivas y  luego con la dejación de las armas,  Fin del Conflicto.

El denso documento que después de 4 años de conversaciones en La  Habana lograron los negociadores, es una nueva hoja de ruta para la nación enmarcada en principios fundamentales que nos permitirán salir del infierno de la guerra, con la decisión de  expulsar para siempre la violencia y las armas de la política.  Se continúa con el compromiso de lograr el equilibrio entre el campo y la ciudad que obligará a integrar las dos Colombia, separadas por la brecha de la inequidad y la exclusión, para  que se restablezca  en una sola nación, con oportunidades  de crecimiento y desarrollo para ambas, de tal forma  que en un lapso de 10 años se pueda observar con casos, hechos y datos  el equilibrio esperado.

El acuerdo dará paso a nuevos modelos productivos en el campo, donde los jóvenes campesinos que han visto pasar  los días sin ninguna esperanza real para desarrollar la fuerza creativa de sus sueños,  podrán incorporarse y darle un renovado sentido a sus vidas. Las grandes extensiones de tierra expropiadas a los narcotraficantes, los baldíos de la nación se incorporaran a los programas de la Reforma Rural Integral RRI, que busca darles tierra a las familias campesinas, así como el regreso de las tierras perdidas por victimas del despojo que conllevo la violencia, podrán asegurar sus proyectos productivos según nuevas modalidades, dentro de los conceptos y principios del “Bienestar y Buen vivir”.

El acuerdo sobre “Desarrollo agrario integral con enfoque de territorio” es la tabla de salvación para el agro colombiano que siempre ha estado a la cola cuando de desarrollo se habla. La tierra será entregada a los campesinos para cumplir con aquellos sueños que sobre la justicia agraria tuvieron los expresidentes liberales Alfonso López Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo, pero que las fuerzas retardatarias no permitieron que llegaran estos esfuerzos a feliz término.

Nuevos y dinámicos sectores políticos saltaran a la palestra ofreciendo sendas y diferentes propuestas  revitalizadoras de nuestra democracia, las que permitirán en su accionar diario la conformación de nuevos  grupos, movimientos y partidos  con personería jurídica, donde se aglutinaran las nuevas fuerzas desmovilizadas de la guerra y sus centenares de seguidores, lo que harán más dinámica y seductora la política.  La oposición tendrá todos los derechos y las garantías para que ejerzan su actividad, nacida de la participación ciudadana en diferentes niveles de la  política nacional, regional y local.

Dentro de esta nueva construcción de nación que se torna en un desafío para todos, el ELN debe también jugar su significativo aporte. Es la hora de silenciar los fusiles y prepararse para que todos los elementos vitales del pensamiento sociológico de Camilo Torres Restrepo sean articulados en estos nuevos esfuerzos para ir haciendo realidad su sueño  de la “organización de la clase popular” principio y fin de lo que él llamó como el verdadero amor en Cristo, concretable en las profundas reformas sociales que con justicia reclama la sociedad colombiana.

Todo este sueño de país lo podemos realizar. Esta al alcance de nuestras manos. Se plantea como el mayor desafío que vamos aceptar y realizar. Por todo esto, por la alegría de los niños y jóvenes que poblarán nuestro territorio es que vamos a salir jubilosos el próximo 2 de octubre, día del Plebiscito, a VOTAR SÍ.

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