Silencio – Carta a Mateo Matamala

1 de febrero del 2011

Hace ya un tiempo, cuando empecé a disfrutar de mi espacio a solas, comencé a pensar sobre el silencio y lo agradable que es pasar por él. Conversar con uno mismo, crear historias que solo se entienden por un instante y celebrar el momento de crearlas y abrazar los pensamientos. Siempre y por impulso de mis hermanos, he creído que soy una persona callada, llena de preguntas y de aciertos solitarios, de universos inexplicables y de cosas que no tienen nombre, silencio. Creo que es una forma bonita de vivir. Un momento que muchas veces se ha vuelto despreciado y que viene con preguntas de por qué no habla, será que le pasa algo o cosas así. Pues no lo creo. Creo que es un momento de regocijo y de aprendizaje, de estar con uno mismo y de aprender sobre uno dentro de este mundo tan extraño e ilógico muchas veces. Son muchos instantes a lo largo del día  los que vivimos en silencio, sino que no nos damos cuenta por el simple hecho de estar conversando adentro. Silencio se concibe, cuando es ningún sonido externo el que percibimos. Silencio nos calma, nos da un rato para respirar, para reflexionar o para escuchar lo que nos dice lo demás. Momento para caminar, para dejar pasar el tiempo o para relajar el cuerpo y entrar a soñar después de un día agitado. Silencio es una ventana abierta llena de posibilidades, aire fresco y nuevo que entra a nuestra casa y refresca el ambiente que hoy se siente. Es oírse tragar, es ver el segundo de un pestañeo y sentir el corazón y los pies sobre la tierra.

Hoy, sigo sintiendo el instante mudo que me habla, el juego de imágenes que vuela dentro de mí, así tenga un nudo que no me deja pasar bien la saliva. Siento que el mundo sigue girando sin nosotros y que de alguna manera tendremos que volver a él. Volver a girar entre tanto silencio y acoplarnos una vez más a una tierra que nos sigue esperando. Afortunadamente es generosa, nos sigue llenando de regalos como un nuevo hijo y de instantes que nos gritan que seguimos aquí y que debemos seguir haciendo algo maravilloso. El silencio traerá esperanza y un nuevo camino que tomar. Seguir haciendo el bien, contagiar a muchos más y, sobretodo, tratar de recuperar.

Hoy me pregunto sobre una nueva forma de silencio, uno que no brota dentro de mí sino que me hace falta, mi hermano ya no me habla y sus palabras ya no me reclaman. Siento su amor y su fuerza, su energía extrema y su espíritu dentro de mí que me hacen avalentarme y trabajar en su memoria. Conozco su pensamiento, que es similar al mío y sé que ahora, con más fuerzas, tomaré mi vida  como un volcán en erupción y trataré de salvar mi mundo. Intentaré sembrar de primavera todo lo que toque con mis manos creadoras, abrazaré a los padres para que siempre guíen con alegría su hogar, purificaré el agua para que todos se alimenten y prenderé una hoguera para que siempre haya calor de hogar. Mi familia lo es todo, mi hermana son mis pies para continuar y mi hermano son las alas para soñar.

He vuelto a entender el silencio, ahora mis pensamientos son más fuertes y su alma siempre joven me dará la energía para continuar creando feliz. Su voz me hará falta pero mi silencio lo traerá para que converse conmigo y me haga soñar. No me quedaré solo con recuerdos sino que aprovecharé el poder del pensamiento para mantenerlo vivo y conversar con un hombre de bien. Nos han quitado una parte fundamental, pero seguimos completos para caminar, aprovechemos la virtud y nuestro cuerpo para no hundirnos en el mar. Llenémonos una vez más de valor y sigamos volando junto a él que nos está esperando. Hoy el silencio es más aterrador pero la mente creadora es más fuerte que el villano. Ahora tenemos más fuerza, ahora no hay nada que nos derrumbe, ya sabemos que es el dolor verdadero, ahora todo lo resistiremos. Los invito a que meditemos, a que pensemos inteligentemente, a que sigan su duelo sabiendo que hay que continuar, porque la tierra necesita de gente buena que traiga primaveras y que nosotros también necesitamos de ella. Extrañamente nos tocó seguir aquí, afortunadamente la vida sigue siendo maravillosa. Por nuestra misma naturaleza, no nos podemos quedar en silencio. Cantémosle a la vida, contagiemos de bonita fiesta nuestro hogar.

Una amiga hoy me dijo, “Mateo vino a enseñarnos muchas cosas y ahora con su muerte nos hace reflexionar sobre la vida misma”. Pensemos.

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