Sillas rojas en TM es como la Ley de Cuotas

9 de mayo del 2017

“Más mujeres sentadas, más mujeres protegidas”.

opinion

Por: Por Marco Fidel Ramírez Antonio – Concejal de Bogotá

Sería difícil que algún Concejal de casi cualquier otro país propusiera que las sillas de los buses públicos en horas pico sean preferencialmente para el uso de las mujeres. Y es comprensible, porque no viven en Bogotá, la ciudad que ocupa el primer puesto en el transporte público más peligroso para las mujeres en todo el mundo, según una reciente investigación realizada por la empresa de información Thomson Reuters. Y en la que, 6.4 de cada 10 mujeres han sido víctimas de acoso sexual en el Sistema de Transporte Transmilenio, de acuerdo con la encuesta aplicada por la Secretaría Distrital de la Mujer.

Estamos hablando de la ciudad en la que solo en lo corrido del año ha habido más de 24 feminicidios  y otra serie de violencias contra las mujeres que se suman a la epidemia de irrespeto al derecho a la vida e integridad de la mujer que padece toda Colombia, basta con ver las estadísticas. Seguro en ciudades de otros países más seguras y respetuosas con los derechos de las mujeres, estrategias como esta no sean necesarias.

Por lo tanto, es situados en el mapa de esta realidad de nuestro contexto de descomposición del tejido social en donde propuse y fue aprobado en la Comisión del Plan del Concejo de Bogotá el Proyecto de Acuerdo 205 de 2017 dirigido a que las sillas rojas en horas pico sean para el uso “preferencial” de las mujeres, bajo la apuesta estratégica de que “Más mujeres sentadas, más mujeres protegidas”.

Equivocadamente algunos piensan que este Proyecto es “segregacionista” a lo cual debo replicar: La iniciativa no está pensada ni para agraviar a los hombres quienes ciertamente también están expuestos al cansancio y al hurto, ni para afirmar que la mujer es el sexo débil, porque no lo es. Lo que buscamos es aprovechar un escenario al cual asisten cada día 2 millones de personas para introducir pedagógicamente una “acción afirmativa” para favorecer una población que (independientemente si es mayoría o minoría), es altamente más vulnerable que otras frente a un fenómeno en particular: el acoso sexual.

Esta es una acción del estilo de otras “discriminaciones positivas” utilizadas legalmente para obligar a la reflexión y a la autorregulación social para el cambio cultural por la igualdad de derechos. Por ejemplo: la “Ley de cuotas” que obliga a los partidos políticos a que incluyan en sus listas de candidatos el 30% de mujeres. En otros países del mundo deben ser 50 a 50. ¿A quién se le ocurre pensar que estas medidas tratan a las mujeres por su condición de mujeres como personas con “discapacidad”, o que segrega a los hombres miembros de los partidos políticos?

Si en Bogotá logramos que Transmilenio con acciones concretas como esta, sumada a campañas pedagógicas (que por si solas son insuficientes) y a estrategias de seguridad, se convierta en el ejemplo de que la dignidad de la mujer y el respeto por sus derechos son relevantes para la sociedad, entonces hemos avanzado mucho. Recordemos que es a las mujeres a quienes acosan sexualmente y asesinan por su condición de mujer (feminicidio), y lo dicen los estudios. Son las mujeres las que se sienten más seguras sentadas, que de pie.

Estoy apelando a la solidaridad que la sociedad puede aportar cuando una población específica está siendo víctima de constantes intimidaciones y daños. Cientos de miles de hombres acompañamos las protestas, marchas y plantones que distintas organizaciones hacen en favor del respeto a la vida e integridad de las mujeres, y que brota espontáneamente en toda la ciudadanía cuando vemos que las asesinan o las amenazan, ¿por qué no usar el mismo ímpetu de forma cotidiana en el lugar de encuentro más común de Bogotá, que es Transmilenio, para poner en práctica lo que exigimos “voz en cuello” en la plaza pública: “NI UNA +” y cuando las noticias no cesan de narrar la violencia sexual contra ellas?

Se puede estar a favor o en contra de la propuesta, pero lo que es importante es que se entienda cuál es la motivación para presentar esta iniciativa. No se propuso como una medida que resuelve los conflictos estructurales que se conjugan en el transporte público de la Capital: ni mejorará el servicio, ni tampoco será el fin de la violencia contra las mujeres en Bogotá.  Solo esperamos que los buses se asimilen a espacios de aprendizaje no formal, en los que la regulación cultural fomente que se incorpore en las mentalidades una práctica colectiva de respeto a la integridad de la mujer.

A los hombres decirles: se que la mayoría de nosotros somos personas íntegras; no se trata de una medida para la comodidad, ni para la prevención del cosquilleo porque todos nos cansamos, y a todos nos pueden robar; sino de una manera efectiva de que todos contribuyamos a hacer valer un derecho vulnerado. No es a nosotros a quienes están acosando ni matando, porque  existe el feminicidio y no el masculinicidio. Por eso esta será una medida transitoria mientras todos aprendemos a que ellas tienen derecho y libertad de movilizarse de forma colectiva sin que nadie las acose.

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