Sin querer queriendo

26 de febrero del 2015

“Paradójicamente los buenos casi todos están muertos.”

Otro 27. Hoy se suman 25 años y 3 meses desde aquel horrendo y descarnado homicidio. Ya saben de lo que escribo, hablo y siento -más que nada lo último-.

La vida entrega y quita. De las dos he aprendido y aprehendido.

Hoy desde la querida y dolorosa nostalgia tengo que empezar rindiendo un sentido homenaje al gran Frank Ramírez. Hombre de bohemia última y maestro de buenos aprendices que se preciaban de ser artistas. En ese gran costal se suman muchos, inclusive mi padre. Ellos grabaron junto con el maestro Lisando Duque, una cinta de Gabo: Milagro en Roma.

Yo sin querer queriendo he conocido gente; gente buena y tristemente gente muy mala. Quiero hablar de los buenos. Paradójicamente los buenos casi todos están muertos. Cómo no recordar que sin querer queriendo tuve el honor grande de nacer en una familia que me dio todo. Pero hace falta el abuelo analizando el fútbol de los domingos, hace falta la bendición presente de la abuela -que aunque viva gracias a Dios- no está todos los días para tocar mi frente y decirme “que el Señor te bendiga mi amor”.

Yo -como muchos, supongo-, sin querer queriendo he sido heredero de mil fortunas; esas que te hacen rico en paz como mi nombre, y otras que te desgracian.

He sentido la enorme responsabilidad de escribir esto, que poco tiene de política pero sí mucho de Derechos Humanos. Esos derechos que hoy son tan escasos y esquivos por el proceder de algunos; pero dije: de eso no voy a hablar. Sin querer queriendo hoy vivo la nostalgia del ayer en casa de Mamá cuando era un adolescente que adolecía (y aun sigue adoleciendo), de ese mágico e inexplicable calor de hogar: es la magia del amor.

Vinicuis De Moraes escribió “Medo de Amar” (recomendada). Esta declaración que no me hace débil, es descriptiva del sentimiento que tengo por todo lo que hago en la vida. Públicamente he dicho que no le temo casi a nada, pero como es “casi”, entro a explicar a que sí. Primero que todo a Dios  initium sapientiae timor Dei. Lo segundo es a la traición. Y sin querer queriendo he traicionado y me han traicionado. Y como se lo que se siente, pues me da miedo. La traición no se reduce a una mentira o a una infidelidad de pareja. Ella puede incluso ser con uno mismo. De hecho es la más frecuente y la que lleva a traicionar a terceros. Sentir y creer que se tienen miedo es traicionarse. Arriba o abajo es igual: la procesión va por dentro.

Pare rematar estas cortas líneas traigo una frase que mi padre me enseñó. “La indecisión es la que mata”. Y esto me lo dijo un día que íbamos a cruzar una calle sin semáforo y yo casi a la mitad me devolví luego de emprender la carrera para atravesarla de su mano; casi nos atropella un carro a los dos por mi miedo.

El nunca tuvo miedo y sin querer queriendo dio conmigo y con su hermosa esposa que es mi Madre.

Sin querer queriendo terminamos enamorados. También sin quererlo a veces terminamos enredados con quien jamás debimos habernos cruzado, pero eso también sucede sin querer queriendo. Unos dicen que las personas podemos decidir enamorarnos o no; sobre estos algunos eruditos hablan de la famosa “inteligencia emocional”. Yo debo confesar que carezco de esa categoría. Más bien me allano a lo escrito en esa indeleble canción del maestro Simón Díaz al decir: “Cuando el amor llega así de esa manera uno no tiene la culpa, quererse no tiene horario ni fecha en el calendario cuando las ganas se juntan”. Y como me dijo una amiga mía en un almuerzo “enamorarse no es un problema; no está mal, lo que está mal y es un problema es enamorarse de quien no te merece; es decir enamorarse del que no es”. Esto es muy cierto y uno sin querer queriendo y sin inteligencia emocional termina enamorado o involucrado de la persona equivocada; omitiré detalles.

En esta nota quiero también compartir que hoy en mi vida hay muchos motivos para seguir adelante en la lucha a favor de quienes hemos que tenido que padecer los embates de esta insania y de esta guerra ajena que nos tocó lo más profundo de nuestras fibras. Muchos motivos que me da Dios y a través de los cuales me indican el camino del amor sincero. Tengo una gran motivación para seguir creyendo en que lo mejor está por llegar y que mas queriendo que sin querer las cosas más difíciles se van a ir convirtiendo en experiencias que dieron frutos y alegrías que permitan sonreír sin miedo.

El Chavo del Ocho cada vez que cometía alguna de sus características torpezas, por las cuales recibía severos castigos, decía “fue sin querer queriendo”. Esto le queda bien al Chavo. Espero que en adelante las cosas las haga más queriendo que sin querer, para no ser castigado y no tener donde reposar mis faltas.

Ahh!.. También me pasó otra cosa: en esto más queriendo que sin querer, ahora un pingüino manda en mi corazón. Abrazo cálido. Seguimos trabajando.

@colconmemoria

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