¿Es nuestro sistema de salud bueno,o no lo es?

¿Es nuestro sistema de salud bueno,o no lo es?

3 de marzo del 2017

Con frecuencia se menciona al sistema de salud colombiano como uno de los mejores en la escala mundial, noticia que muchas personas reciben con dudas y escepticismo porque dentro del país no se piensa lo mismo, debido a que diariamente aparecen noticias negativas sobre los servicios y otras sobre corrupción en el sistema, o porque su experiencia personal no es satisfactoria. Lo importante es ser objetivo en el juicio, tener varias fuentes de información y evaluación y confiar en estas cuando son serias. Por ello, es necesario definir una serie de encuestas periódicas que, a lo largo de muchos años, midan y analicen las variables más relevantes para establecer si progresamos o retrocedemos.

Recientemente se divulgó un artículo aparecido en una publicación más comercial que científica, en la que nuestro sistema de salud se mencionaba como uno de los tres mejores del mundo. Allí se mezclaban muchas cosas: la calidad de nuestros médicos y hospitales, los resultados del sistema de salud y los bajos precios de los servicios —comparados con los de Estados Unidos y otros países de Europa—. Mitad verdad y mitad fantasía, o mercadeo para fomentar el llamado “turismo de la salud”.

Existen mediciones rigurosas para saber si un sistema de salud es bueno y compararlo con otros. La evolución del estado de salud y de los servicios es medida periódicamente por una serie de encuestas y registros estadísticos, casi todos oficiales, que en el caso colombiano muestran resultados alentadores; estos observatorios deben mirarse en conjunto para tener una visión más integral en una perspectiva de tiempo.

Entre nosotros, cada década se adelanta la Encuesta Nacional de Salud, que incluye preguntas sobre cómo se siente la gente en relación con su salud, de qué se enferman los colombianos, cuáles personas consultan los servicios y quién los atiende, cuántos días saludables pierden por incapacidad o muerte prematura, qué personas están incapacitadas y cuál es el estado general de salud. Cada cinco años, el Ministerio de Salud y Protección Social (MSPS) y Profamilia realizan la Encuesta Nacional de Demografía y Salud en 44.000 hogares, y esta se complementa con estudios más focalizados, como la Encuesta de Enfermedad Mental, la Encuesta de Alimentación y Nutrición, la encuesta sobre satisfacción de la población con los servicios que anualmente hace el MSPS, y otras más puntuales. A estos estudios se añaden los generales que adelanta el DANE, principalmente los censos poblacionales y la Encuesta de Calidad de Vida. De otro lado, “Así Vamos en Salud” ha incursionado en un observatorio que califica los resultados en salud, teniendo en cuenta la situación de salud de la población, el desarrollo institucional, la percepción ciudadana y el estado financiero.

En cuanto a los actores del sistema —médicos y demás profesionales, hospitales y aseguradores—, podríamos decir que Colombia sale muy bien librado como país. Aunque no existen mediciones comparativas sobre el conocimiento, experiencia y competencias de nuestros médicos frente a los de otros países, no cabe duda de que tenemos una élite profesional bien entrenada y con experiencia, que puede competir con los mejores clínicos y cirujanos del mundo. Una publicación internacional desarrolla un ranking comparando hospitales en América Latina en el cual, entre los primeros 40, la mitad son colombianos; además, un buen número de los principales centros hospitalarios tiene acreditación de excelencia, y algunos están certificados por la Joint Commission de los Estados Unidos. Probablemente nuestras aseguradoras en salud, las EPS, puedan ser las mejores de la región, pero no existen estudios comparativos, solo las mediciones nacionales. Entonces nos quedan las evaluaciones sobre los resultados globales del sistema, que constituyen la medición más rigurosa y útil.

Los tres objetivos de los sistemas de salud fueron definidos por la Organización Mundial de la Salud en los pasados 20 años: cobertura poblacional total, prestaciones de servicios amplias y protección financiera. Colombia ha cumplido satisfactoriamente en las tres dimensiones: el 97 % de la población está asegurada y accede a servicios, el paquete de beneficios es casi ilimitado y el gasto de las familias es bajísimo (14 %), garantizando además un alto  nivel de equidad.

Para las próximas décadas en Instituto para el Mejoramiento de la Atención en Salud (IHI, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos ha propuesto una “meta triple”: mejoras en la experiencia de los pacientes sobre la atención recibida, mejoras en la salud de la población y disminución de los costos per cápita. El año pasado se llevó a cabo una comparación de 25 países en la cual solo la mitad calificó como intermedio o alto en la capacidad para tener un sistema basado en una real contribución de valor, centrada en la experiencia de los pacientes, y Colombia fue el único país de América Latina que calificó para lo que sería un modelo de salud avanzado en la línea de la meta triple.

Veamos los resultados de los estudios y las estadísticas, que generalmente no mienten. La tasa de mortalidad infantil es un indicador clásico de la situación de salud de un país: en las zonas urbanas del país, es de 13 muertes por cada 1000 niños nacidos vivos, y en la rural, de 22; en las familias sin educación, llega a 51 por 1000, en contraste con los mejor educados, con 11 muertes por 1000; los más pobres muestran una tasa de 22 por 1000, que se compara con 5 por 1000 entre los más ricos. La tasa ha descendido de 27 por 1000 en el quinquenio 1990-1995 a 14 por 1000 en el quinquenio 2010-2015. Este indicador muestra avances significativos, pero a la vez revela enormes inequidades entre ricos y pobres, área urbana y rural y niveles de educación, los cuales sitúan a Colombia en posición intermedia en relación con sus vecinos de región. Si se corrigieran estos defectos —por ejemplo, bajando las tasas de muertes infantiles en Chocó, La Guajira, Cauca y Magdalena—, en poco tiempo estaríamos entre los mejores.

La reciente Encuesta Nacional de Demografía y Salud muestra unas cifras interesantes. El 9 % de las personas manifestó haber tenido un problema de salud en el último mes; de estas, las dos terceras partes acudieron a los servicios, el 14 % se automedicó y el 10 % tomó remedios caseros. Sobresale la prevención, especialmente de las mujeres y niños: cuatro de cada cinco  mujeres en el rango de 15 a 49 años recibieron atención prenatal en 1990, y ahora la reciben el 97 %, prácticamente todas. Casi la mitad de las mujeres entre 40 y 69 años se han hecho mamografía para detectar cáncer de mama, el 95 % se han hecho citología para detectar cáncer del cuello uterino, y más de la mitad en el rango de 15 a 49 años se han praticado la prueba para detectar el VHI-SIDA. Casi la totalidad de los niños ha asistido anualmente a los programas de crecimiento y nutrición, también preventivos, y están vacunados contra las principales enfermedades contagiosas. La tercera parte de los hombres adultos (34 %) se ha practicado el tacto rectal para detectar cáncer del colon, y el 44,7 % se han hecho el antígeno prostático para diagnosticar el cáncer de próstata.

Las cifras hablan más que los discursos: en salud, Colombia es uno de los líderes en la región, lo cual no significa que no tengamos un largo camino por recorrer en las próximas décadas. Debemos avanzar del antiguo concepto de actividades preventivas fragmentadas a la gestión integral de riesgos para toda la población, aun la que se encuentra sana, y sobre todo para las cohortes de pacientes que acusan enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, enfermedad crónica renal, enfermedades pulmonares y algunas de índole mental (cerca de 6 millones de personas).  Nos queda, pues, una tarea abrumadora, pero ya hemos recorrido con éxito parte del camino.

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