Sobre el amor de mi vida

12 de agosto del 2011

“En la vida real me puedo enamorar del doctor o de la enfermera. En la vida real ya no sueño con casarme, y por temerle a la soledad dejé de creer en el amor”.

Mi vieja siempre me ha dicho: “Dios tiene un plan para ti, y tiene a alguien para ti que Él creó específicamente para ti.” Mi vieja cree que Dios tiene un plan para todo, que nada es casualidad, que ya todo ha sido diseñado. Y yo me imagino una maqueta con casitas, arbolitos, carritos y personitas. Hombres y mujeres. El hombrecito de blazer verde con la mujercita de falda roja, en la casita de techo marrón, y así. Mi mamá cree que hay caminos trazados para todo, y así es que hay alguien para mí. En este momento de nuestras vidas mis viejos han aceptado mi bisexualidad y entienden que bien podría ser un hombre, o una mujer. Lo importante es que hay alguien que ha nacido para estar conmigo, y por eso yo debo prepararme. Debo concentrarme en pulir la mejor versión de mi misma para esta persona que Dios tiene para mí.

Debo pulir mi inglés y practicar mucho mi italiano. Debo comer sanamente, debo alimentarme bien. Muchos vegetales y frutas. Mucho pescado. Debo tomar mucha agua y hacer ejercicio. Debo seguir leyendo muchos libros para tener que contarle a este gran amor. Debo seguir viajando para contarle qué he visto. Debo ser selectiva con la gente, debo tener amigos sanos, que me impulsen a seguir creciendo, para estar bien rodeada cuando llegue mi gran amor. Debo amarme a mi misma, debo aceptarme como soy y cuidarme, porque soy un tesoro para esta persona que Dios tiene para mí.

Mientras tanto yo he comido y he bebido, he fumado y he dormido. No me gusta el pescado ni la gran mayoría de vegetales y me dan pereza las frutas. He probado muchas drogas y me he quedado durmiendo en el hotel de alguna gran ciudad mientras afuera brillaba el sol. He levantado libros que decidí no terminar, tengo amigos promiscuos y amigos a quienes les pagan por ser fuente de placer para extraños. Tengo amigos que se cortan a si mismos para verse sangrar, y tengo amigos que han matado. Me obsesiona el sadismo y me emociona que me cacheteen. He pagado doce meses en el gimnasio y he ido tres veces en el año. Mi palabra favorita del español es gonorrea, y en inglés es mother-fucker. Me saco los mocos cuando no me miran y algunos domingos cuando no hace calor no me baño. No lavo mis calzones, los mando a la lavandería. Nunca quise a una de mis abuelas y no quiero a todos mis primos. Una vez prendí fuego a una rata viva y he robado. Dios omnipresente y todopoderoso que todo lo sabe debe estar bien enterado de mis andanzas. El panorama, entonces, no será tan positivo…

He oído que a este gran amor no hay que andar buscándolo porque así es, precisamente, que jamás aparecerá. Hay que andar por ahí haciéndose el loco, sin pensar en el tema, y ahí si aparecerá este gran amor. Durante dos décadas soñé despierta. Soñé que el Gordo Reyes y yo nos enamorábamos en un río en Villavicencio, soñé que me hacía el amor sobre una piedra cuando yo era virgen. Soñé que me enamoraba de Mazuera cuando todavía no era tarde y nos íbamos a vivir a un apartamento en La Macarena. Soñé que me casaba con Charlie Martin-Leyes, en contra de la voluntad de su abuela, quien jamás me aprobaría por tener deudas en lugar de ahorros. También soñé que me casaba con Santiago Martínez, que él haría millones y jugaría golf, mientras yo fumaba marihuana y escribía poemas pornográficos y cochinos. Soñé que me iba a vivir a Mónaco con Mariana Mesa, soñé que me moría por ella. Me imaginé viviendo con Pérez en un apartamento lleno de bibliotecas hinchadas de libros gordos y que follábamos con AC/DC de fondo.

Mientras tanto mi vieja decía que Dios le había revelado en sueños que mi gran amor era un hombre blanco, muy alto, un hombre rubio o pelirrojo, un doctor. Soñó que lo veía entrar por la puerta de la casa, envuelto por un triángulo de luz divina.

“Dios tiene un hombre muy hermoso para ti, me lo ha dejado ver.”

Al mismo tiempo mi tía Marcela me decía que no sonarían trompetas el día que llegara el hombre de mi vida, y que no iba a llegar cabalgando un caballo blanco a golpear a la puerta de mi casa. …afuera ya no llueve y ha salido el arco iris sobre las montañas. Está brillando el sol y cantan pajaritos parados sobre los cables de electricidad. Tocan el timbre, mi papá abre la puerta. Afuera está mi doctor con el estetoscopio al cuello.

“Sí, ¿buenas? Soy el príncipe azul, vengo por Virginia.”

“Virginia! Virginia!” grita mi mamá desde la cocina, “Llegó tu príncipe azul!”

Entonces bajo las escaleras en caracol caminando en cámara lenta, casi flotando. Llevo puesto un vestido claro, largo, que llega hasta mis tobillos, y una coronita de margaritas rodeándome la cabeza como a Cristo. El viento se cuela por la puerta abierta y me pone a volar el pelo suelto como con secador en las telenovelas y el vestido me forra las piernas. De fondo suena la banda sonora de Amélie y mi doctor sonríe con la boca abierta, mostrándome todas las caries que nunca tuvo en las muelas. Ha llegado por mí el amor de mi vida, ya no tengo que esperarlo, ya no tengo que prepararme para su llegada… Ya no me tengo que depilar las piernas, las axilas y las cejas. Ya no tengo que podarme los pelos de la cuca. Ya no tengo que seguir leyendo, ya no tengo que volver al gimnasio y puedo comer solo chocolates, galletas y Nutella. Ha llegado mi príncipe azul, se acabo la espera.

En la vida real ya he tenido un par de citas con gente que conocí en internet. Patética tecnología… He tenido novios y novias a quienes dejé de querer y les fui infiel. Ya me desenamoré. Dejé de soñar despierta cuando en algún momento del camino decidí que por andar soñando no se iba a volver realidad. El Gordo Reyes se casó con alguna mechuda de piernas flacas. Mazuera se volvió un hermano. A Charlie Martín-Reyes se lo comió el chupacabras por el ojete y después lo vomitó. Santiago Martínez se desapareció. Mariana Mesa se dejó preñar y se casó. Pérez se casó con Little Louise, tuvieron a Matías y comieron perdices. He conocido sapos y me los he comido, pero ninguno parece ser el amor de mi vida, ninguno que se haya querido quedar, ninguno a quien me hubiera gustado ver quedarse.

En la vida real me puedo enamorar del doctor o de la enfermera. En la vida real ya no sueño con casarme, y por temerle a la soledad dejé de creer en el amor. No creo en la iglesia y por lo tanto no creo en el matrimonio por la iglesia. No creo en el ‘para siempre’. No creo en los vestidos de novia ni en los diamantes de compromiso. No creo que haya alguien que haya nacido específicamente para mí, no creo que sea verdad. Creo que quienes encuentran a alguien tienen mucha suerte. Es cierto que este es un mar lleno de peces, es cierto que lo que hay es opciones, pero no me ha quedado fácil encontrar a alguien, y es que no estoy buscando. Me niego a estar buscando como las palomas hediondas mendigando migas. No estoy esperando a nadie, en ningún lugar esta escrito que haya alguien para mí.

Si pudiera diseñar a mi gran amor, quiero alguien que me haga reír. Alguien más fuerte que yo, a quien no pueda darle tres vueltas. Alguien que haya leído, alguien que quiera viajar, alguien que haya soñado. Quiero un amante con pasaporte. Alguien que sepa lo que quiere, que sepa si me quiere o no me quiere, y que sepa para qué me quiere.  Quiero alguien que me quiera como yo quiero que me quieran. “Quiero alguien que me quiera siempre a mi manera.” Alguien que entienda la diferencia entre mi abuela Estelita y mi abuela Matilde. Una persona de quien sentirme orgullosa, alguien a quien presentarle a la Reina. Quiero alguien de quien aprender, alguien que pise fuerte. Alguien que haya oído lo que yo todavía no oigo. Quiero alguien que no se ponga bravo si me lo como mientras duerme. Alguien que este dispuesto a tener su propia cama, o una cama king size. Quiero alguien que cocine, para que yo solo tenga que lavar los platos. Alguien que cargue el mercado y la bolsa de ropa sucia, alguien que lo pague todo si es millonario, o que no le cause inseguridad que yo pague la mitad.

Pero, también quiero publicar mi novela, hacer una película con ella y comprarme un apartamento en la Barceloneta para llenar de plantas que riegue un sirviente a quien le pague sólo por eso. Quiero que mi cartera Chanel sea la original, y quiero otra más, pero roja. Quiero publicar mi segunda novela y que me entreviste Oprah. Quiero los Frida Kahlo que tiene Madonna en su sala. Quiero emborracharme con Bret Easton Ellis y sus dos novios. Quiero que Julito llame a entrevistarme para así poder negarle la entrevista y que entonces él vuelva a echar a algún pobre diablo-productor. Tambien quiero que me inviten a bacanales con Almódovar, Penélope y Javier. Quiero que se congele el verano. “Quiero alas para volar”. Quiero un cuerpo biónico, quiero ser la Mujer Maravilla. Quiero tantas cosas… quiero, quiero, quiero. Quiero más.

Entonces seguiré soñando, porque como el Ratón Pérez, como los Reyes Magos y Papá Noel, el amor de la vida son los papás.

Twitter:  @Vagina_Mayer

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