Una sociedad indolente

7 de febrero del 2019

Opinión de Manuel Murillo

Una sociedad indolente

Hay que ser muy desgraciado en la vida para transmitir en vivo un suicidio, una muerte o un asesinato peor aún hay que ser muy morboso para compartir imágenes y vídeos del mismo por redes sociales.

Las redes sociales nos han llevado a los comunicadores a practicar un concepto del periodismo digital la “inmediatez” en lo cotidiano de nuestras vidas, sin embargo y desde mi óptica lo estamos haciendo mal. Si bien es cierto que transmitir eventos en vivo y en directo genera un rating positivo en la audiencia, algunos casos como la transmisión de asesinatos en vivo en Estados Unidos y la transmisión de la tragedia ocurrida en Ibagué han causado estupor y levantado voces en contra de quienes así lo hicieron.

Pero no solamente somos los comunicadores los que damos mal uso a tan importante herramienta, la gente del común también se encarga de ver y compartir este tipo de contenidos que en nada benefician a nuestra sociedad y por el contrario nos marcan como una sociedad amarillista y morbosa.

¿Qué nos pasa? ¿Ya no hay respeto ¿El afán de tener un momento “viral” nos ha hecho perder nuestro sentido Humano? ¿No nos duele el corazón al presenciar una situación de este tipo? Esta y más preguntas corren por mi mente ante la tragedia ocurrida en Ibagué, en donde una madre se suicidó llevándose consigo a su hijo.

Esta tragedia ha llegado a lo profundo de nuestros corazones a muchísimas personas, ha tenido más impacto que cualquier otro caso de suicidio o asesinato de los últimos años. La llamo tragedia dado que me imagino la lucha de esa madre para llegar a esa circunstancia, algunos se han atrevido a llamarla, asesina, pero ¿Quiénes somos para juzgar?

Las últimas informaciones indican que ella era una mujer trabajadora, vendía cosas por catálogo pero estaba pasando por inmensas dificultades económicas, la habían desalojado de la casa donde vivía con su hijo y estaba bajo el acoso de los cobradores del gota a gota, quienes seguramente la tenían amenazada a ella y su hijo.

Me imagino todas las veces que pidió ayuda, todas las puertas que le cerraron, supongo que se sintió infinitamente sola y sin alternativas para tomar esa decisión porque estoy seguro que una madre que sacó adelante a su hijo durante diez años no sería capaz de cometer un asesinato, me lo dice mi intuición y lo ratifica mi corazón paterno.

Aún en el momento que estaba en el puente pudo pensar en arrepentirse pero ¿qué le esperaba si así lo hubiese hecho? Seguramente una condena por tentativa de homicidio, alejándola de su hijo y dejándolo en el limbo de una institución caracterizada por los malos manejos con los niños, tal vez contempló todas las alternativas posibles pero intuyó que esta sociedad indolente en la que vivimos no le brindaría un buen futuro a su hijo, en medio de su amor de madre pudo haber pensado que esa era la única salida que les quedaba.

Qué Dios perdone a esa madre que cometió tan trágica acción.

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