Son estrategias de marketing

Dom, 28/10/2012 - 09:00
No sabemos si es una obra de investigación como se anuncia en la contraportada, o una novela.  Quizás sea un thriller fabricado con datos de archivo y retazos deshilvanados de textos históricos, u
No sabemos si es una obra de investigación como se anuncia en la contraportada, o una novela.  Quizás sea un thriller fabricado con datos de archivo y retazos deshilvanados de textos históricos, una tomadura de pelo a la manera surrealista, o una escapada a la ficción sobre los interrogantes que sustentan el mito de Federico García Lorca.  Ignoran el lector o la lectora si se ríen de ellos al conducirlos tras pistas desconocidas para develarles poco o nada, por perverso o ingenioso placer. Leyenda de Lorca, bastante conocido como genial e inimitable poeta y dramaturgo antes de su muerte; historia agigantada tras su fusilamiento a manos del franquismo en 1936. Los despojos del autor andaluz continúan desaparecidos.  Se pensó que estaban en Alfacar, como sostenía Ian Gibson, su biógrafo, pero la excavación en ese lugar culminó en 2009 sin que se hallara algún resto humano; parece que nunca hubo enterramientos allí.  Para Miguel Caballero Pérez, Lorca fue ejecutado en la finca Peñón Colorado, frente al cortijo Los Llanos de Corvera.  Sugieren otros que la tumba de Lorca está en El Salto, Uruguay.  Perdura el misterio de la fosa. El director de Alcalá Grupo Editorial llamó a Santiago Roncagliolo para proponerle: “hemos encontrado un escritor uruguayo que parece que enterró el cadáver de Lorca, ¿quieres hacer el libro? Yo pensé – afirma Roncagliolo – que iba a ser una locura pero empecé a investigar y vi que había esos indicios. Luego seguí investigando y comencé a ver los indicios falsos que ha dejado”.  El amante uruguayo. Una historia real que sucede en Argentina, Uruguay y Madrid resulta de esas pesquisas.  Algunos, como César Rodríguez Musmanno, amigo de Enrique Amorim, están heridos e indignados con esta publicación. Llena de mentiras, según ellos. Enrique Amorim amaba a Federico.  Lo había conocido en 1933 en Buenos Aires en la gira promocional de Bodas de sangre.  Le angustiaba no poder gritárselo a todo el mundo. Para pasar a la eternidad por él o con él, le mandó a hacer un monumento.  Junto a éste colocó una caja del tamaño de un osario. El día de la inauguración de la obra, en 1952, declaró con solemnidad: “Aquí, en un modesto pliegue del suelo que me tendrá preso para siempre, está Federico”. Amorim era un personaje fascinante y mentiroso que se movía entre la ficción y la realidad. “Si los restos de Lorca están donde dice él que los dejó, es un hecho histórico; pero, si no, es su última burla del mundo intelectual que nunca le tomó en serio” asegura Roncagliolo.  El de Amorim fue un acto de amor. Y de auto marketing.  Sabía que alguien seguiría esa pista y algún día haría un libro.  Dejó todo para ese – este – libro: sus memorias inéditas, sus cartas… Se aseguró de que su correspondencia y su archivo de prensa fuesen a una biblioteca pública para que nadie pudiera modificarlas. Amorim: millonario, comunista, con fama de mujeriego.  Novelista, cuentista, guionista, dramaturgo de poca destreza literaria. Buscaba otra identidad, grandiosa; no se reconocía en la propia.  Creó con despliegue de artilugios su historia enamorada con Federico, con el artista polifacético que, al parecer, lo olvidó pronto, obnubilado por ser “la primera estrella mediática del mundo en español”.  Procuraba Amorim la compañía de famosos: Neruda, Chaplin, Nicolás Guillén, Rafael Alberti, Jacinto Benavente, Jorge Luis Borges ( su pariente), Oliverio Girondo, Norah Lange, Horacio Quiroga.  Visitas a su hacienda “Las Nubes”.  Excéntricas fiestas.  Amorim se acercó al Star System, creado por el Partido Comunista Soviético para dar golpes de imagen en París; frecuentó a Picasso, Neruda, Louis Aragon, Paul Éluard.  Fue un peculiar creador. “Las invenciones de Amorim eran como bolas de nieve. Rodaban sin parar y crecían a cada paso. Primero se convencía de ellas él mismo, y luego convencía a las personas de su entorno hasta que se convertían en realidades concretas.  Era un gran novelista, pero no sobre el papel de los libros. El escenario de sus ficciones era el mundo real. Y el héroe era él”. “Amorim reciclaba todos los trucos ajenos”.  Algo similar hace Roncagliolo con su relato. En algún momento, cuenta el autor de El amante uruguayo, se filtró la noticia de que había una reunión de líderes comunistas importantísimos en casa de Amorim. La situación política era explosiva y se perseguía a gente como Neruda.  Tal reunión no existió. La información, que se difundió de manera incontrolable, sólo pudo haber partido del propio Amorim quien, poco después, publicó un artículo metafórico titulado “Pablo Neruda está en mi casa”.   En un mes, la prensa de toda América Latina lo convirtió en uno de los líderes comunistas más importantes.  Pasó por encima del Partido Comunista cuando en realidad éste no hacía más que fastidiarlo.  Era un genio de la manipulación. ¿No fue esta estrategia de marketing, este recurso de invención basado en la analogía, la misma utilizada por Amorim al depositar la urna funeraria en el monumento de El Salto Uruguay mientras decía: “Aquí…está Federico”?  Lo demás es novela.
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